“Un juez sin miedo” tituló su artículo el médico Luis Fornazzari, en un homenaje al jurista fallecido recientemente.

Luis Fornazzari. Universidad deToronto, Canadá. 02/2021. El 28 de noviembre del año 2000 el Juez Juan Guzmán Tapia, el famoso juez “Juan sin Miedo”, me nombraba perito experto en el juicio al general Pinochet, por crímenes de lesa humanidad en Chile. Esto muy a pesar del desprestigiado Servicio Médico Legal (SML) organismo que ocultó durante décadas los atropellos a los DDHH en Chile. EL SML se oponía a la presencia de cualquier experto en el juicio y le proponía al Juez Guzmán que la evaluación del General se hiciera de competencia forénsica, “rapidita”, ya que hacerla como lo quería el juez “enojaría al general, al Ejército y al presidente de turno”.

En enero del 2001, el juez llamó a que se hiciera una evaluación neuropsicológica, basada en los cánones forénsicos internacionales y tal como lo hacíamos y seguimos haciendo en las Clínicas de la Memoria en todo el mundo. En la primera semana de enero del 2001 el juez Guzmán me citó en su oficina en el tristemente famoso Cuartel en Mackenna del Servicio de Investigaciones de Santiago. Después de entregar mi cédula de identidad, temiendo perderla para siempre y muy asustado por ese miedo a los poderes fácticos que permanecen muy activos en Chile hasta hoy, entré a la oficina especialmente habilitada, para el juez Guzmán, por la Policía De Investigaciones. Era un cuarto pequeño, tal vez de unos 3×3 metros, con paredes, techo y piso de concreto, con una mesa y dos sillas.

El juez se levanta a recibirme y quiere ponerse la chaqueta. La temperatura dentro y fuera del cuartel era sobre 30 grados centígrados, por lo que le ruego que no lo haga y le pregunto si me puedo sacar la mía. El accede con una amplia y cordial sonrisa y me agradece que haya aceptado la designación de perito experto por parte de los abogados de DDHH y que él lo había aprobado, basado en mi trabajo y experiencia. Inmediatamente me confidenció sus dudas sobre los profesionales del SML e incluso de los peritos de la Universidad de Chile y del mismo médico neurólogo de Pinochet, ya que había detectado que ninguno era realmente experto para evaluar funciones cognitivas. Allí también me confidenció sus dudas sobre la pobrísima evaluación hecha al general en Londres por supuestos expertos, pero sin experiencia en demencia. El juez se alegró cuando yo le dije que los conocía y le corrobore sus dudas.

En ese momento el juez aprobó mi sugerencia de evaluar al anciano general durante tres días, con toda la batería neuropsicológica moderna, además de un CT fresco, es decir, hecho en esos días y con exámenes de sangre para detectar medicamentos y substancias extrañas durante los tres días que duraba la evaluación. También le sugerí que debido a nuestra responsabilidad debíamos filmar esa evaluación forénsica, con lo que el juez estuvo totalmente de acuerdo y dijo que así se haría. Sin embargo, el aún omnipoderoso general y sus abogados se opusieron.

El juez Guzmán me confidenció la enorme presión que recibió por parte de prácticamente todo el Poder Judicial chileno, del SML y particularmente del Ministerio de Justicia de ese año (2001) para no evaluar al dictador. El juez me relató haber recibido llamadas telefónicas e incluso visitas intempestivas del Ministro de Justicia para detener el proceso. Incluso una noche cuando volvía del cine con su esposa, un auto le hizo una encerrona y de el se bajaron cuatro jóvenes adultos quienes a la luz de una linterna le mostraron fotos de sus dos hijas adolescentes y le gritaron “nosotros sabemos que usted pertenece a la familia militar juez Guzmán y que va a hacer un buen trabajo. No lo olvide”.

Después de lo cual se subieron al auto y huyeron. A pesar de las amenazas el juez siguió adelante con el proceso. La esposa del juez, hija de un partisano francés de la segunda guerra mundial, lo apoyó en su causa durante todo el proceso y decidieron enviar a sus hijas a Francia donde familiares por el periodo de la evaluación. Todo esto culminó el 29 de enero cuando el juez Guzmán fichó y sometió a proceso al dictador Pinochet.

Durante la entrevista que tuve con el juez Guzmán no me quedó duda que estaba frente a un verdadero juez. Jamás en mi vida había conocido a alguien que por su formación en Chile y en Francia, y por su ejercicio profesional en el modesto Poder Judicial chileno desde provincia al gran Santiago, me haya impactado, hasta hoy, por su visión justiciera, independiente y al mismo tiempo humanitaria.

Al finalizar nuestra entrevista, me acompañó hasta la salida del cuartel McKenna, y con un apretón de mano y una sonrisa me despidió diciendo “usted doctor será nuestros ojos y los ojos del mundo durante la evaluación del general“.

Chile perdió la semana pasada a un hombre extraordinario. Un verdadero juez que ha dejado la vara muy alta en el Poder Judicial chileno.

 

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