Las nada suaves complicaciones en las primarias de la ex Concertación

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En definitiva, la polémica sobre cómo hacerla tiene que ver con que los partidos quieren instalar la mejor fórmula para que gane su candidata o candidato. Desde el PS-PPD se insiste en llevar candidata o candidato único, que lo más probable sería Paula Narvaéz, pero en la DC no están con ese mecanismo y prefieren la competencia en los postulantes de todos los partidos, algo que compartiría el PRO. Hay factores como que, dado todo lo ocurrido en el país, al final del día podría resultarle muy complicado a la base electoral del PS tener que votar por un presidenciable de la DC.

Gonzalo Magueda. Periodista. Santiago. 02/02/2021. No hay nada nuevo, realmente, bajo el sol. O bajo la lluvia. La manera de materializar la primaria presidencial (el 4 de julio próximo) tiene complicada a la ex Concertación. En definitiva, la polémica sobre cómo hacerla tiene que ver con que los partidos quieren instalar la mejor fórmula para que gane su candidata o candidato.

Un elemento que grafica lo anterior, es que la Democracia Cristiana (DC), con su timonel Fuad Chahín a la cabeza, no quiere que su candidata, la senadora Ximena Rincón, compita contra una candidatura común del Partido Socialista (PS) y el Partido por la Democracia (PPD), por la sencilla razón de que ese acuerdo entre las colectividades socialdemócratas disminuiría las posibilidades ganadoras de la DC. Más, si todo apunta que la representante del PS-PPD sería Paula Narváez.

De tal manera que los democratacristianos quieren que la primaria sea a cuatro bandas, es decir, con las candidaturas de los cuatro partidos de la ex Concertación, que hasta ahora son Ximena Rincón (DC), Paula Narváez (PS), Heraldo Muñoz (PPD) y Carlos Maldonado (PR). Habrá que ver si levantan candidaturas el Partido Progresista, Ciudadanos y los liberales y socialdemócratas que abandonaron hace unas semanas el Frente Amplio para ligarse a los ex concertacionistas.

En ese cuadro de todos contra todos sin acuerdos intrapartidos, las posibilidades de que la DC gane aumentan considerablemente, sobre todo después de que en la elección interna de su postulante a La Moneda lograron que participaran 27 mil militantes, cifra que aumentaría en una primaria presidencial abierta.

El tema es que socialistas y pepedistas tienen un acuerdo (en realidad nadie sabe dónde está escrito) de llevar una o un candidato común. Tan es así, que está planteando una especie de pre primaria entre Narváez y Muñoz. Claro, influye el hecho de que en las directivas del PS y el PPD saben que con candidatura común tienen más probabilidades de ganar la primaria de ex concertacionistas.

El Partido Radical, que colocó en la carrera a su timonel, Carlos Maldonado, coincide con la postura de la DC y es posible que si aparecen otros a competir (podría ser el caso de Marco Enríquez-Ominami) prefieran, en efecto, la competencia abierta sin tener unidos al PS y al PPD. Es decir, “los chicos” del grupo podrían incidir, aunque se sabe que los que decidirán serán los presidentes de la DC, el PS y el PPD.

Preferencias de perfiles

El asunto puede parecer formal o relativamente fácil de resolver, sobre todo a partir de que se trata de barajar fórmulas que le garanticen a unos y otros la posibilidad de salir victoriosos de la contienda. Pero va más allá.

Dada las condiciones sociales y políticas del país, sobre todo con el suceso de la revuelta social y las demandas y movilizaciones posteriores, se generó un escenario en Chile que le resulta difícil a la ex Concertación frente a un electorado más exigente y demandante, donde el conglomerado aparece como uno de los grandes responsables de la situación que generó la revuelta (“no son 30 pesos, son 30 años”) y de representantes de sectores políticos tradicionales. De ahí que algunos ya hablen abiertamente de que no se trata de “reconstruir”, repetir o seguir lo que fueron los gobiernos de la Concertación y deseen presentarse como algo nuevo o renovado.

Por ejemplo, dentro del PS se ve complicado aparecer, al final del día, apoyando una candidatura presidencial de la DC y se tiene la convicción de que la mejor opción renovadora es la de Paula Narváez; algo que estaría muy instalado en la base electoral y militante de los socialistas. O sea, la carta Narvaéz no pasa por el hecho simple de querer tener candidata socialista, sino una opción que levante un perfil progresista, novedoso, renovador y alejado de las posturas y perfiles de la DC.

En la DC, aparte de no querer darle una ventaja en las primarias al acuerdo PS-PPD, existe un convencimiento de que ellos pueden convocar “al centro” y a segmentos de la derecha liberal, junto a una base concertacionista, además de que ya es hora de que la DC asuma la conducción del país, sobre todo en este período de crisis política, social y económica. El último mandatario de la colectividad fue el conservador Eduardo Frei Ruíz-Tagle, quien por lo demás perdió luego una presidencial contra Sebastián Piñera.

Al mismo tiempo, se está fraguando un tono discursivo en que las candidaturas de la socialdemocracia, los democratacristianos y liberales se quieren mostrar partidarios de transformaciones (claro, “con responsabilidad” y “con realismo”…), reformas progresistas, “cambios profundos”, donde, como sea, hay diferencias en puntos sustanciales entre las colectividades de la ex Concertación y donde también deben asumir desconfianzas: mucho de ese tono lo sostuvo Michelle Bachelet en su segundo gobierno y la DC junto a sectores del PS, el PPD y el PR le boicotearon el programa, la torpedearon y tuvo serios problemas con los ministros de esos partidos.

Por lo tanto, ganar las primarias no solo tiene que ver con imponer una carta de un partido y lograr tal o cual mecanismo para favorecer a tal o cual candidatura, sino con ganar en la hegemonía de la mirada que se tiene de cómo encarar la carrera presidencial contra la derecha y, al parecer al menos en primera vuelta, frente a una candidatura de la izquierda y fuerzas antineliberales que, para como están las cosas, sería la del alcalde de Recoleta, Daniel Jadue.

El peso o no, sobre todo, de las candidatas

Frente a la polémica por las primarias, un factor es si decidirán las candidaturas instaladas o los presidentes de las colectividades. Es decir, por ejemplo, si tendrán más peso las opiniones de Rincón o Narváez, o las resoluciones quedarán en manos de los timoneles de las colectividades y de sus directivas. Ese no es menor, porque puede ser un primer momento en que se compruebe que las candidaturas están muy subordinadas a las cúpulas de sus partidos y que el “buenismo” de las candidatas queden relegado. Por ejemplo, ya se vio que Paula Narváez está dispuesta a primarias muy abiertas y no tendría problema en competir con las cuatro opciones que hay en la ex Concertación.

Hubo este día un encuentro entre Ximena Rincón y Heraldo Muñoz en esa continua mediática de dar “señales” y generar “gestos de unidad” a partir de puestas en escena, pero que no terminan de establecer nada realmente. Tan así, que este episodio no pasó de reforzar la idea de que hay un conflicto en cuanto a las primarias y que las y los candidatos pareciera que no quieren meterse.

 

Rincón, que apoya internamente la postura de Chahín, declaró que lo de cómo hacer las primarias “es un tema que tienen que resolver los partidos y no es un ámbito en el que me corresponda opinar”. Muñoz se mostró tácitamente de acuerdo con una pre primaria del PPD con el PS, al establecer que habrán “caminos intermedios” antes de las primarias de julio.

De acuerdo a eso, la postulante de la DC se subordinará totalmente a lo que decida el presidente y la directiva de la colectividad, y la postura de Narvaéz no aparece precisada, aunque dijo estar dispuesta a una competencia abierta…¿como candidata sólo del PS o del PS y el PPD?

El elemento abril

Ahora, hay otro elemento que todavía no está sobre la mesa e innegablemente incidirá (puede ser de manera determinante) y es el resultado de las elecciones del 11 de abril próximo.

De partida, si le va bien, más o menos, o mal a la lista de la ex Concertación; luego, si tiene un buen resultado. Si los números son buenos, se pueden reforzar las posiciones más tradicionales y conservadoras; un deficitario resultado puede llevar a que, por ejemplo, el PS se vea más inclinado a posturas más transformadoras y progresistas y no se ha descartado que busque reencausar su alianza hacia Chile Digno y el Frente Amplio. Luego, viene el resultado que cada partido de la ex Concertación tenga en gobernadores, alcaldes y concejales, sobre todo en esta última que es donde se mide la fuerza electoral partidaria. Si la DC repite su ventaja sobre el PS y el PPD, quedará en buenas condiciones para presionar e imponer no solo la candidatura de Ximena Rincón, sino la fórmula de las primarias.

Claro que pueden existir decisiones políticas que no quieran dar cuenta de los resultados de las elecciones de abril y persistan en sus posturas planteando que la presidencial es otro tema y que esas primarias no deben estar vinculadas a lo ocurrido en los comicios.

Cualquier escenario se aparece complicado. Nada es fluido en la ex Concertación respecto a sus primarias presidenciales y están en disputa duras e influyentes fuerzas políticas. Esto supera los buenos gestos y las buenas palabras sobre todo de sus candidatas -Muñoz y Maldonado han sido más crudos- y tiene que ver con resoluciones estratégicas donde hay mucho en juego, tanto en lo formal como en los contenidos. Al final de cuentas, están chocando posiciones discrepantes entre socialdemócratas, democratacristianos y liberales donde, además, se instala la disputa por la hegemonía y control de la situación.

 

 

 

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