HABLEMOS DE LA TELE. Urgencia para la tuición ética

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Resulta que ningún Código de Ética puede permitir que en una entrevista se soslayen ex profeso algunos temas complejos para el entrevistado.

José Luis Córdova. Periodista. 02/02/2021. Como se sabe, la dictadura de Pinochet despojó a los colegios profesionales de la tuición sobre la ética de sus afiliados, así como los convirtió en meras asociaciones gremiales. Los sucesivos gobiernos de la Concertación y los de Piñera no lograron revertir esta situación que afecta el ejercicio profesional en los medios de comunicación.

El Colegio de Periodistas tiene su Código de Ética -al igual que la mayoría de los integrantes de la Federación de Colegios Profesionales- pero sus postulados, deberes y obligaciones sólo son aplicables a los socios de cada entidad y se sabe que la inmensa mayoría de los periodistas no se encuentra afiliada a su organización.

Ello, porque el individualismo, los contratos personales y la lamentable carencia de solidaridad entre los profesionales hace que cada uno se pregunte: “¿Qué saco con incorporarme al Colegio?” a la espera de favores, privilegios y/o prebendas que no corresponden. La Orden necesita unidad, voluntad colectiva y organización para enfrentar las vicisitudes del poder, las presiones gubernamentales y las instrucciones de los editores en los distintos medios.

Hay países donde rige la “cláusula de conciencia”, mediante la cual un periodista puede desligarse públicamente de alguna información cuyo contenido no comparte y es difundido en el medio donde trabaja. Esta iniciativa de ley no prosperó en su momento en el parlamento.

Así mismo, el Estatuto del Periodista, la Ley de Medios y otros proyectos de ley duermen en el Congreso, mientras durante el actual proceso constituyente se espera que la Convención consiga incorporar el Derecho a la Comunicación dentro de las otras propuestas sociales en la nueva Constitución Política del Estado en el marco de un nuevo pacto social, participativo y democrático.

Así las cosas, en nuestra televisión campea la discriminación, el binominalismo y la parcialidad de informaciones, interlocutores y voceros ante distintas posiciones sociales, política e ideológicas con un énfasis en el status quo y el modelo socio-político, económico y cultural del neoliberalismo.

En el canal privado La Red viene produciéndose cierta apertura al pensamiento crítico, sobre todo bajo la conducción de colegas como Eduardo Fuentes, Eduardo de la Iglesia, Julia Vial y José Antonio Neme. Los espacios “Mentiras Verdaderas”, “Hola Chile” y “Pauta Libre” son tribuna de opiniones divergentes a las versiones oficiales de la derecha y el gobierno, convirtiéndose en un oasis de imparcialidad.

Sin embargo, la destacada colega Mirna Schindler protagonizó un hecho político y ético que puso en primer plano comportamientos naturalizados en nuestra televisión: el mutuo acuerdo o la autocensura para conseguir entrevistas con personeros especialmente sensibles a las críticas de fondo. En este caso, lamentablemente, el ex senador y ex dirigente de Renovación Nacional, Carlos Larraín había conseguido que la colega Schindler se comprometiera de antemano a “tratarlo con guante blanco”, es decir, no consultarle sobre temas espinudos, como el proceso contra su hijo por atropello culposo con resultado de muerte, que fue negociado en tribunales.

Desde Estados Unidos -donde reside- la colega Alejandra Matus aseguró que el equipo de “Pauta Libre” desconocía absolutamente ese acuerdo de la periodista con el personero, que se negó a responder preguntas al respecto, asegurando que sólo respondería “consultas políticas”. El hecho fue condenado también por la colega Alejandra Valle y los periodistas igualmente intentaron que Larraín respondiera sus consultas sin conseguirlo.

Resulta que ningún Código de Ética puede permitir que en una entrevista se soslayen ex profeso algunos temas complejos para el entrevistado. Está claro también que un personaje público debe estar dispuesto a enfrentar cámaras y micrófonos sin tapujos de ninguna especie. Una pésima lección para estudiantes de periodismo y una muestra de la parcialidad y venalidad de algunas conductas periodísticas en nuestra televisión.

Una autoridad puede pedir las preguntas por anticipado o adelantar que no abordará ciertos temas, pero sin censura y menos auto censura. La dictadura y el Ejército simplemente ignoraban cuestionamientos y los políticos más avezados eluden a menudo respuestas comprometedoras con elegancia y simpatía. No fue este el caso.

La situación producida vuelve a poner sobre el tapete la urgente necesidad de la recuperación de la tuición de la ética por parte de los periodistas y los Colegios profesionales de todos los ámbitos del quehacer nacional.

 

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