Se le desgranó el gabinete porque en su sector no es prioridad estar en su equipo. En tiempos de elecciones, nadie quiere una foto a su lado. Nadie se apega a él y la instalación de liderazgos van por otro lado.

Gonzalo Magueda. Periodista. 26/01/2021. El principal signo del abandono de Ignacio Briones del ministerio de Hacienda en el último y vital año para el gobierno de Sebastián Piñera, para aspirar a ser candidato presidencial de Evolución Política (Evópoli), es que la prioridad de las colectividades de derecha no es fortalecer a la administración piñerista, sino la carrera que viene, dejando de alguna manera a La Moneda a su suerte.

Tan así, que desde la ultraderechista Unión Demócrata Independiente (UDI) hasta el Partido Comunista (PC) criticaron duramente que Briones haya dejado Hacienda cuando es una cartera fundamental en el período de crisis que vive el país, con serios problemas económicos, una pandemia en desarrollo, necesidad de gasto social público y afectaciones a la población.

Como sea, desde que Piñera se enteró en su casa en Las Condes mientras estaba en cuarentena preventiva, de que Evópoli quería a Briones de candidato, supo que lo había perdido.

Antes había perdido a Mario Desbordes, quien ni siquiera respetó el acuerdo de plazo que tenía con Piñera y se fue unos dos meses antes del Ministerio de Defensa para entrar en la carrera presidencial representando a Renovación Nacional (RN). Otro par de miembros del gabinete se retiraron para ser postulantes a la Convención Constitucional. Sumado a eso, por desgastes y cuestionamientos y una acusación constitucional de por medio, el gobierno se quedó en dos ocasiones sin Ministro del Interior.

Por lo demás, desde hace por lo menos hace un año se habla de que la derecha se quedó sin cuadros preparados para asumir cargos ministeriales y eso le generó problemas al mandatario. En realidad, cuadros hay, pero la primera y segunda línea de la derecha no estuvo ni está dispuesta a asumir responsabilidades en un gobierno que está terminado, deslegitimado; Piñera sabe, a fuerza, que en su sector no es prioridad estar en su equipo.

Lo que está ocurriendo asimismo es que el liderazgo de Piñera se fue desgastando y diluyendo, reiterados personeros del oficialismo y de la oposición insisten en que el mandatario no lidera no conduce en lo sustancial, al tiempo que se instalan nuevos liderazgos que van por otro lado, incluso haciendo planteamientos programáticos distanciados del ideario piñerista, empezando por la declaración de socialdemócrata del ultraconservador Joaquín Lavín.

Hoy las vocerías de la derecha están instaladas claramente en las candidaturas presidenciales (Joaquín Lavín, Mario Desbordes, Evelyn Matthei, Sebastián Sichel, fundamentalmente) porque quienes, además, superan en alrededor de 15 puntos la aprobación respecto al mandatario.

Por cierto, viene un período electoral donde prácticamente ningún candidato desea sacarse la foto junto a Sebastián Piñera o aparece vinculado al Presidente. Mientras más distanciado, mejor. Parece claro que las campañas electorales del oficialismo se centrarán en lo que viene y propuestas “hacia adelante”, alejándose de la gestión de esta administración la cual, por lo demás, no tendría nada propio que reivindicar.

El síndrome de “pato cojo” es lo más elocuente en esta administración con una muy baja aprobación de la ciudadanía, y una agenda propia que se le quebró en 2019 con la revuelta social y la movilización ciudadana y que modificó el cuadro nacional. Hoy, el país está en un escenario que no responde a lo que quería desarrollar el Presidente Piñera con su programa. A estas alturas el mandatario se ve más bien administrando que conduciendo, incluso a nivel de su sector.

Como sea, a estas alturas nadie aparece con deseos e intenciones de ponerse a la cabeza de la reivindicación de Sebastián Piñera que va quedando solo hacia el término de su mandato y que podrías ser un mal recuerdo o un presidente para olvidar por todos, incluso su sector.

 

 

 

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