Un buen ejercicio para sociólogos y sicólogos sería analizar el diferente destino que tuvieron la reposición de otrora exitosas teleseries en las pantallas “encuarentenadas” de nuestro presente.

José Luis Córdova. Periodista. 13/01/2021. Un buen ejercicio para sociólogos y sicólogos sería analizar el diferente destino que tuvieron la reposición de otrora exitosas teleseries en las pantallas “encuarentenadas” de nuestro presente. Han pasado tantas cosas importantes en nuestra sociedad en el último tiempo que muchos de esos relatos del pasado reciente aparecen superados, fuera de época y hasta repudiables sin que la televisión se haya alcanzado a “vacunar” ante la nueva era que vivimos.

El personaje de Paz Bascuñan buscando incansablemente un novio en “Soltera otra vez”, el emprendimiento para buscar mujeres bellas y curvilíneas para el servicio doméstico de “Brujas”, asimismo, series dramáticas cono “Perdona nuestros pecados”, “Pacto de sangre” o “Dónde está Elisa” ya no fueron tan bien recibidas por la teleaudiencia -pese al rotundo éxito anterior- por un público hastiado de tensiones, patriarcado, tragedias cotidianas y violencia innecesaria.

Los tiempos de pandemia no parecen un buen escenario para relatos truculentos y eso explicaría en parte la mejor recepción de historias meramente divertidas como “Pituca sin lucas”, “Papá a la deriva”, “Señores papis” o “Aquelarre” y el anuncio de reposiciones como “Isla Paraíso” y “Tranquilo papá” en el mismo tono intrascendente.

Otro elemento digno a considerar es el relativamente breve tiempo transcurrido entre el estreno de ciertas teleseries y su restauración en una actualidad, que refleja los cambios acaecidos desde que Chile despertó el 18 de octubre de 2019, cuando -por ejemplo- cientos de miles de mujeres salieron a las calles siguiendo a “Lastesis”, gritando “¡Ni una menos!”, “El machismo mata” y otras consignas contra el patriarcado y la inequidad de género.

En tanto, se repone “Machos” con cierta expectación por sus resultados, con el actual discurso de género y antipatriarcal, así como el estreno de “Los Carcamales”, en franco tono de comedia pero utilizando el tema reivindicativo de la tercera edad por las bajas pensiones, el costo de la salud, la soledad y los enfrentamientos intergeneracionales que sufre cotidianamente en nuestro país este segmento de la población.

Las demandas sociales, la necesidad de un nuevo pacto social plasmado en una nueva Constitución parecen temas que no seducen a guionistas ni productores, pese a que la inmensa mayoría de los creadores de nuestra televisión participaron en las grandes manifestaciones del último año contra la actual institucionalidad, los abusos y la corrupción.

La comercialización y el lucro que inundan nuestras pantallas dejan poco espacio para relatos como los contenidos en “Los 80”, “Ecos del desierto”, “Los archivos del cardenal”, “El reemplanzate” y un puñado de otras producciones de sobre nuestro doloroso pasado reciente. La situación en la Araucanía, la solidaridad en las ollas comunes de poblaciones y campamentos, el flagelo del narco tráfico, no parecen ser tema de series que dejen mensajes formativos y orientadores hacia una teleaudiencia demasiado permeable a la banalidad y el mero entretenimiento.

La reaparición de un canal cultural propiedad de la Universidad de Chile, así como las sanciones del CNTV contra el ex canal de la Universidad Católica, por su reducida programación cultural, aparecen como extremos de una situación que necesariamente debería cambiar en un país que ha iniciado un profundo debate sobre su futuro. La televisión -ficción o no ficción- tiene la responsabilidad de asumir un rol al respecto o al menos abrir debate sobre aquello. Hasta ahora jamás ha ocurrido y probablemente no hay “vacuna” que valga en ese caso.