¿Qué les parece este nuevo numerito de aquel país y aquel gobierno que tanto admiran, al que tanto obedecen y al que alaban como una “democracia ejemplar”?

Eduardo Contreras. Abogado. 11/01/2021. Tras el grotesco espectáculo de la reciente toma del Capitolio protagonizado por la mafia controlada por el ex presidente Donald Trump -aunque obviamente no sólo por eso- vuelve la pregunta, ¿es realmente una democracia verdadera el sistema político de los EEUU?

No hablamos de cualesquier Estado del mundo, sino de aquel, económica y militarmente poderoso, que a través de su historia ha cometido los más horrorosos crímenes contra la Humanidad, bombardeando pueblos enteros, agrediendo, invadiendo, manteniendo campos de concentración en territorios de otras naciones como el caso de Guantánamo.

Un Estado invasor con bases militares en suelos ajenos, que se pretende modelo y amo y señor para otras naciones. Un Estado manejado por los grandes grupos económicos que instalan en los  cargos principales a monigotes de su sector; la inmensa mayoría de los cuales no se han caracterizado precisamente por su inteligencia. Un Estado racista y fascistoide que es culpable del asesinato de miles sólo por su color de piel.

Sin que olvidemos otro ejemplo reciente, como fue la acusación que en abril del pasado año formulara el presidente del Comité de Inteligencia del Congreso norteamericano, Adam Schiff, en contra del estrafalario ahora ex presidente Trump, al que tildó de responsable de la muerte de cincuenta mil ciudadanos norteamericanos al haber impuesto por su cuenta la vacunación masiva contra el virus causante de la pandemia que vive hoy el mundo. Lo dicho en concreto por ese parlamentario fue: “Murieron 50.000 en EEUU porque el Senado no destituyó a Trump”. Aludía así al juicio político realizado a comienzos de ese año a objeto de destituir al  errático republicano. Por cierto hoy ya no está Trump y el Covid-19 sigue campeando  por sus fueros.

Bien sabemos los chilenos y los latinoamericanos en general de los espantosos crímenes masivos de los que a lo largo de muchos años los sucesivos gobiernos de Washington han sido autores, cómplices o encubridores. Para muestra nos basta con el botón dolorosamente conocido de la autoría norteamericana del sangriento golpe del 11 de septiembre de 1973 en nuestro país. Y es entonces cuando cabe preguntar a aquellos que acá en Chile adoran a los gobiernos norteamericanos mientras acusan de dictadura al legítimo gobierno bolivariano de Venezuela, ¿qué les parece este nuevo numerito de aquel país y aquel gobierno que tanto admiran, al que tanto obedecen y al que alaban como una “democracia ejemplar”?

La pregunta va dirigida no sólo a la extrema derecha chilena fascistoide por naturaleza e historia, sino también a muchos supuestos demócratas y  “progresistas” que están del lado del imperio y sus aparatos. Los pro norteamericanos son aquellos que alaban los dichos y hechos de personajes tan tristes como Almagro, el encargado de esa ya casi inexistente OEA. El listado es largo y va desde la ultraderecha hasta la llamada “centro izquierda”, incluida por supuesto la ex Concertación.

De veras que hasta caen en el ridículo y el absurdo. Por ejemplo, resulta a estas alturas inexplicable el apoyo de los sectores de la derecha dura y de otros lados, incluidos varios que en su tiempo hasta posaron de “socialistas”, a tristes personajes como Guaidó instalado precisamente por los EEUU como jefe dela oposición al legítimo gobierno del presidente Nicolás Maduro. Siguiendo al pie de la letra el mandato de Washington acá en Chile llaman  ahora a Guaidó como el “líder legítimo”.

Y hasta han rechazado las legítimas elecciones realizadas el 6 de diciembre pasado en Venezuela para renovar los miembros de su Asamblea Nacional y en la que el triunfo de la coalición gobernante fue concluyente y transparente.  En cambio respaldan el hecho que Guaidó anuncie que “instalará su Asamblea “. O sea, a dedo, sin elecciones.

¿Eso es la democracia para estos trasnochados políticos chilenos acólitos de la Casa Blanca? Que son los mismos que callan en cambio ante todos los errores y horrores que se cometen en Chile y que no suceden en Venezuela. Como por ejemplo los nuevos y graves delitos cometidos por nuestros uniformados. Un solo ejemplo de los últimos días, es el del caso FAM en Coyhaique ya con ochocientos procesados por malversación de caudales públicos por muchos miles de millones de pesos. Nada nuevo al fin de cuentas si recordamos los casos de los oficiales Oviedo o FuenteAlba o los escándalos en Carabineros. Son muchísimos los miles y miles de millones los que se han sustraído del erario nacional.

¿Y qué dicen de esto los críticos de Venezuela y adoradores de Washington? Tampoco se le oye decir nada a aquel socialista que se ufanaba en proclamar que prefiere votar por Lavín antes que votar por Jadue. No tienen remedio.  Por eso lo de Trump y los suyos invadiendo el Capitolio no ha merecido su condena y por lo mismo seguirán sosteniendo que Guaidó es quien gobierna en Venezuela.

Francamente, es un tema para  psiquiatras…