A nivel global se registró en el año una de las recesiones más fuertes desde la Gran Depresión, con elevados niveles de desempleo e incrementos en niveles de pobreza. Las proyecciones efectuadas durante el año fueron constantemente modificadas por el virus y las medidas sanitarias, como lo demuestran las efectuadas por el Banco Central chileno, que comenzaron a estimar procesos de reactivación desde el tercer trimestre, para posteriormente modificarlos repetidamente. Un primer dato a tener presente es que el virus, protagonista negativo central y origen de la crisis, sigue presente.

                                                                          Hugo Fazio. Economista. CENDA. 01/2021. Finalizó 2020, el año en que en el mundo fue sacudido por la pandemia y las políticas restrictivas sanitarias decididas para enfrentarla, cifrándose a esa fecha en más de 1.800.000 personas los fallecimientos notificados oficialmente por esta causa. En diciembre, EEUU con casi 300.000 muertos, sufría el inicio de otra fase ascendente, mientras Europa, con cerca de 530.000 muertes, experimentaba desde septiembre una segunda oleada menos intensa, pero más larga, que causó desde el verano 325.000 decesos sobre el total. Y países como Corea del Sur y Japón que enfrentaron con éxito durante buena parte del año la crisis, anotaban el doble de fallecimientos entre los meses de agosto y diciembre. El año finaliza con una pandemia viva en muchos países, desde luego los latinoamericanos, y con las esperanzas generadas por los inicios de los procesos de vacunación.

“La pandemia se ha llevado muchas vidas y ha roto familias, sociedades y economías en todo el mundo -manifestó Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS al cumplirse un año de que se informó a la institución la existencia del virus-, pero también desató la más rápida y extensa respuesta en la historia sanitaria de la humanidad. Las vacunas -añadió- ofrecen una gran esperanza para que haya un giro de 180 grados en la pandemia, pero para proteger el mundo debemos asegurarnos de que toda la población en riesgo esté inmunizada, no solo la de países que pueden permitirse la adquisición de dosis. (…) hay luz al final del túnel -concluyó- y llegaremos allí caminando juntos” (31/12/20).

A nivel global se registró en el año una de las recesiones más fuertes desde la Gran Depresión, con elevados niveles de desempleo e incrementos en los niveles de pobreza. Las proyecciones efectuadas durante el año fueron constantemente modificadas por el virus y las medidas sanitarias, como lo demuestran las efectuadas por el Banco Central chileno, que comenzaron a estimar procesos de reactivación desde el tercer trimestre, para posteriormente modificarlos repetidamente. El año finalizó con una desatada segunda ola de la pandemia en Europa, crecimiento de los contagios y fallecimientos en EEUU y aumentos igualmente en América Latina y en el país. Por tanto, un primer dato a tener presente es que el virus, protagonista negativo central y origen de la crisis, sigue presente.

Los paquetes de ayudas fiscales y los programas de liquidez de los bancos centrales para enfrentar la crisis no resisten ningún precedente por su magnitud. Ya el once de septiembre el Fondo Monetario Internacional (FMI) cifró en US$12 billones los montos utilizados por los Gobiernos y en US$7,5 billones los generados por los bancos centrales, liderados por la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y el de Inglaterra. Posteriormente tuvieron lugar nuevas medidas fiscales y monetarias. Las últimas estimaciones realizadas por el FMI consideran que países en total habían movilizado recursos equivalentes al 12% del PIB mundial, como gasto y reducción o postergación de rentas fiscales temporales y creación de liquidez.

La consultora McKinsey informó que los países que han destinado un mayor porcentaje de su producto considerando todos los instrumentos financieros y no solo los desembolsos directos fueron, en ese orden, Alemania, Japón, Francia, Reino Unido y EE UU. “Estas ayudas -subrayó el Fondo- han salvado vidas y medios de subsistencia. Pero -añadió- son costosos y combinados con la fuerte caída de recaudación tributaria a raíz de la recesión, han empujado la deuda pública mundial a un máximo sin precedentes que ronda el 100% del PIB” (29/12/20).

Donald Trump retuvo en EEUU varios días sin firmar el proyecto de ley aprobado por el Congreso, que estableció un nuevo paquete de ayudas por US$900.000 millones. De no hacerlo incrementaría inmediatamente el número de desempleados, no se dispondría de los recursos destinados a la distribución de las vacunas y créditos a empresas. Al mismo tiempo, el proyecto otorgaba financiamiento al Gobierno federal hasta septiembre, sin los cuales no podría cumplir con sus compromisos. Trump criticó que la ayuda directa fuese de US$600, planteando que se aumentase a US$2.000. La exigencia de que firmase fue aumentando, alcanzando incluso en sectores republicanos. “Creo que cuando deje el cargo -manifestó por televisión el senador republicano Pat Toomey- quiere ser recordado por abogar por cheques más altos, pero el peligro es que lo recordarán por el caos, la miseria y el comportamiento errático” (29/12/20). Finalmente, el 27 de diciembre suscribió el paquete fiscal retenido.

Rápidamente, la Cámara de Representantes, con mayoría demócrata y contando con el respaldo de 44 parlamentarios republicanos aprobó otro proyecto incrementado la ayuda directa a los US$2.000 para quienes tuvieron ingresos anuales el año 2019 de hasta US$75.000, pasando al Senado para ser refrendado. El proceso de aprobación quedó bloqueado por su presidente, Mitch McConnell, quien recordó que Trump en su pronunciamiento cuando informó de que firmaría el proyecto de US$900.000 planteó que ambas cámaras tratasen simultáneamente tres temas: la ayuda directa, las protecciones legales especiales que favorecen a las grandes empresas tecnológicas y el fraude electoral, rechazado en todas las instancias donde fue presentado, incluyendo el Tribunal Superior de Justica. McConnell comunicó que el Senado pondría “el foco en estas tres prioridades” (29/12/20)”.

Paralelamente, Trump experimentaba una derrota en el Congreso al ser rechazado abrumadoramente en el Senado por 81 votos contra solo 13 un veto que intentó aprobar en la ley. de Defensa, entre otros argumentos a causa de que terminaba con el uso de símbolos confederados en las instalaciones y limitaba la posibilidad presidencial de trasladar efectivos desde el exterior. Clara demostración de que retrocede su liderazgo al interior del Partido Republicano, aunque mantiene su índice de popularidad en un 39%. En un contexto en que la expectación política se centraba en las elecciones senatoriales de Georgia del 5 de enero que resolverá la mayoría del Senado, último acto del proceso electoral iniciado en noviembre.

En un año de pandemia global y de recesión generalizada, las mayores fortunas a nivel mundial siguieron incrementándose. De acuerdo al listado que lleva Bloomberg, 17 de las veinte mayores la aumentaron. Acumulando el total de ellas al cerrar el año 2020 la suma de US$17,7 billones, un 24% más que el ejercicio anterior. Jeff Bezos, el contralor de Amazon, empresa que aumentó fuertemente su negocio en tiempos de pandemia, encabezó el listado de las mayores fortunas por cuarto año consecutivo con US$193.700 millones, con un incremento de US$78.900 millones en los últimos doce meses. Las diez mayores fortunas son todas de estadounidenses, con la excepción del francés Bernard Arnault, que posee las tiendas de lujo Louis Vuitton Moet Hennesy y una fortuna de US$113.800 millones. El incremento en el año más alto lo registró el chino Zhon Shanshan, poseedor de una empresa de bebidas, que multiplicó su fortuna en once veces llegando a US$74.600 millones. El único latinoamericano entre las veinte mayores es el mexicano Carlos Slim con 56.400 millones, presente en el negocio de las telecomunicaciones también en Chile.

Para el año 2021, las proyecciones de organismos internacionales, como también las del Banco Central estiman crecimientos más o menos similares. El Fondo Monetario Internacional (FMI) en su última estimación, cifró la caída de 2020 en 4,4% y la recuperación en 2021 en 5,2%, lo cual de darse, significaría un crecimiento de 1% con relación al producto de 2019. Es decir, en lo fundamental se daría la recuperación de la caída experimentada en 2020. En las últimas semanas del año, el dólar se devaluó y el peso chileno fue la moneda latinoamericana que más se apreció durante diciembre con relación a la estadounidense, al hacerlo en un 8%[1]. Cerró el año en $710 por dólar, en 2019 había finalizado en $751,5. Por su parte, en el mercado bursátil el IPSA descendió durante 2020 en 10,55%, acumulando en el trienio, durante la administración de Sebastián Piñera, una caída de 25%.

Durante 2020, el comercio internacional descendió, de acuerdo a cifras de la Organización Mundial del Comercio, un 9,2%, porcentaje varios puntos superior a la caída que en sus estimaciones tendría el producto global. Chile también experimentó reducciones. Al 15 de diciembre, las exportaciones disminuyeron en un 3,5% en relación al año anterior. Ello no fue mayor por el incremento de las mineras en 2,6%, particularmente las cupríferas que lo hicieron en 1%, como consecuencia del aumento en su cotización en 26,8%. Igualmente aumentaron las del oro en 24,73% durante el año. En agosto el metal dorado alcanzó su nivel máximo en 2020 con US$2.069,50 la onza troy, para posteriormente descender cerrando el ejercicio en US$1893,40. El Consejo Mundial del Oro informó que desde el 6 de noviembre al 18 de diciembre inversionistas retiraron más de US$10.000 millones de fondos transables en el metal. La cotización del hierro igualmente tuvo un importante incremento.

Las importaciones a la misma fecha se contrajeron en lo acumulado del año en 21%. Pero, en la primera quincena de diciembre crecieron en 5,7%, como consecuencia de una fuerte expansión de las internaciones de bienes durables efectuadas para responder a los requerimientos a producirse debido al mayor nivel de los ingresos personales por el segundo retiro del 10% desde el fondo de pensiones. En el país a partir de agosto se registró el incremento de los ingresos personales. Al 25 de diciembre del primer retiro se habían entregado US$19.617 millones y del segundo US$10.306 millones, sumando cerca de US$30.000 millones, constituyéndose en un poderoso estímulo a una economía en recesión. Transitoriamente tuvo también un impacto significativo en la distribución funcional del ingreso, al trasladarse una masa inmensa de recursos puestos a disposición del capital a los cotizantes del sistema previsional.

Al finalizar el año, el número de personas sin empleo era siempre extraordinariamente elevado, descendiendo desde su nivel más alto alcanzado en el trimestre móvil mayo-julio cuando afectó a 1.800.000 personas. En el trimestre septiembre-noviembre la tasa de desempleo del INE, que mide la fuerza de trabajo a ese momento sin empleo, combinada con la potencial, constituida por quienes están en condiciones de incorporarse a ella, se encontraba todavía en un 22,8%, habiendo disminuido de su nivel máximo en 848.000 personas La recuperación tuvo lugar mayoritariamente en el sector informal, alcanzando a un 63,4% del total. 180.000 son asalariados privados informales, que no cuentan con cotizaciones previsionales. El INE divulgó también los efectos en el empleo desde que estalló la pandemia, señalando que desde ese momento 1.525.000 trabajadores lo perdieron, de los cuales un 54,9% lo indica como su causal directa. Al mismo tiempo un 22,1% señaló que condujo a la reducción de sus ingresos.

El índice Adimark de Percepción de la Economía del mes de diciembre constató el mayor nivel de pesimismo en sus 19 años de historia, incluso por debajo en diez puntos de la manifestada en 2008 durante la anterior recesión. Su promedio anual fue de 26,4 puntos, muy lejos de los cincuenta necesarios para salir de este estado de cosas. “Si no fuese por el retiro del 10% -observó su gerente general, Max Purcell- habría sido un desastre en términos de las expectativas de los consumidores” (02/01/21). El indicador permanece así treinta meses en zona de pesimismo, desde mediados de 2018, prácticamente casi toda la segunda administración de Sebastián Piñera. El único indicador que mejoró fue el de adquirir bienes de consumo para el hogar por las expectativas posibilitadas por el retiro. El estado de pesimismo se manifiesta en todos los sectores de la población, siendo aún más agudo en las capas de la población de menores ingresos.

En cambio, durante 2020, las cinco mayores fortunas chilenas, según Forbes, siguieron incrementándose en un escenario nacional de caída económica generalizada. La del grupo Luksic, que las encabeza, subió de US$10.800 millones en marzo a US$19.800 millones al 28 de diciembre; la familia Piñera-Morel lo hizo de US$2.600 millones a US$2.900 millones aproximadamente; Julio Ponce Lerou, quien anotó el mayor aumento, de US$1.700 millones a cerca de US$ 3.500 millones; Roberto Angelini de US$ 1.300 millones a US$ 1.700 millones; y finalmente Alvaro Saieh, que se encuentra en default, de US$1.300 millones a US$ 1.500 millones. Aunque el IPSA volvió a descender en el año un 10,1%, hubo un conjunto de siete sociedades que lo aumentaron, encabezadas por SQM (controlada por Julio Ponce y la china Tianqi), con un 72,05%, seguida por CAP (la mayor exportadora de hierro) 67,54%, Cencosud (grupo Paulmann) 27,78%, Vapores (grupo Luksic) 11,21%, Copec (grupo Angelini) 6,81%, Colbun 4,58% y CMPC 1,63% (ambas del grupo Matte).

En general, las estimaciones de los organismos internacionales valoraron el comienzo de la aplicación de las vacunas. “Ante las positivas noticias sobre la eficacia de las vacunas -comentó Karen Ward, estratega jefe de JP Morgan AM-, ya podemos ver la luz al final del túnel. Llegar a la salida- añadió- podría ser cuestión de meses, según la rapidez con la que se puedan producir y distribuir los tratamientos”. Considerando que en el primer trimestre se produciría un crecimiento débil y probablemente también en el segundo, luego vendría un repunte importante.

En las proyecciones dominan dos planteamientos. El primero, al igual que en el de JP Morgan, la recuperación avanzaría durante el año de menos a más, y el segundo, que la salida sería desigual en función de la capacidad de cada país en utilizar estímulos monetarios y fiscales, es decir, se acentuaría la desigualdad entre países a nivel global Consideran además dos otros grandes temas a dilucidar. Uno es si se producirían cicatrices no previstas en las estructuras productivas, y el segundo es como se dará la situación en la fase posterior al control del virus. Una de las consecuencias previsibles es una presencia superior de los Estados, que han ganado presencia en las medidas para enfrentar el desempleo y la caída de los ingresos personales de segmentos importantes de la población, así como el protagonismo en los aspectos propiamente sanitarios. “El activismo fiscal -destacó Patrice Gautry, economista jefe del banco UBP- será la tónica dominante. Los estímulos gubernamentales están dando forma a la economía global posterior al coronavirus” (28/12/20). Además, destacó en particular el crecimiento del mundo digital.

“El pronóstico de crecimiento mundial -reflexionó a su vez El País- está sujeto a una gran incertidumbre. Las secuelas económicas -añadió- dependen de factores cuyas interacciones son difíciles de precisar, como la evolución de la pandemia, la intensidad y eficacia de las medidas de contención, el grado de las perturbaciones de la oferta, cambios de comportamiento de los consumidores, un endurecimiento drástico de los mercados financieros o efectos en la confianza y volatilidad de los precios de las materias primas” (28/12/20). El FMI es de opinión que después del rebote que prevé se produciría en 2021 se entraría a nivel mundial a una fase de crecimiento moderado, estimado en 3,5%, inferior al previsto antes del estallido de la crisis pandémica, con tasas de interés reducidas e igualmente niveles de inflación bajos.

En el plano geopolítico, China ha ganado terreno durante la crisis. Su recesión fue fuerte, debido a las profundas políticas de confinamiento aplicadas, pero es la única gran economía que finalizó 2020 según el FMI con tasas de crecimiento, 1,9%, y con un proyectado gran impulso en 2021, estimado por el organismo internacional en 8,2%. “Las economías de Asia septentrional (China, Corea, Taiwán) -subrayó JP Morgan- han logrado contener la pandemia con mayor acierto que el resto del mundo. Mientras -comparó- Europa y EEUU siguen enfrentándose a importantes restricciones para frenar la pandemia, China ya ha recuperado los niveles de actividad previo a la crisis. En la actualidad, según cifras del Banco Mundial su producto corresponde al 16% del global, y se ha propuesto duplicar la economía en el plazo de quince años.

El Center for Economics and Business Research informó luego de constatar que “uno de los temas dominantes en la economía global ha sido la lucha económica entre EEUU y China” que “la pandemia del Covid-19 y las consecuencias económicas correspondientes ciertamente han inclinado esta rivalidad a favor de China” (28/12/20). El Centro proyectó que en el curso de la década, en 2028, cinco años antes de lo estimado anteriormente, el producto global de China superará al de EEUU. De acuerdo a su análisis, entre los años 2021 y 2025 la potencia asiática crecerá un promedio anual de 5,7%, para a continuación descender entre el lapso de 2026 a 2030 a un promedio de 4,5%. En cambio, estimó que es probable que EEUU tenga un rebote importante durante 2021, pero se desacelerará entre 2022 y 2024 a 1,9% y luego al 1,6%. Por su parte, Japón permanecería en el tercer lugar a nivel mundial hasta comienzo de la década de los treinta, siendo superada en ese instante por India. Alemania retrocedería al quinto lugar y el Reino Unido ocuparía el sexto desde el año 2024.

[1] Véase, Carta Económica 27/12/20.

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