También, como en 2019 y 2020, hay expectativas respecto a los grados de incidencia en la agenda nacional del movimiento social y la sociedad civil.

El Siglo. El Editorial. 31/12/2020. El 2021 promete ser tanto o más intenso que el 2020.

Anticipan aquello la continuidad de la pandemia del nuevo coronavirus con su diversidad de efectos y la crisis social expresada en una situación precaria y difícil para un amplio porcentaje de la población.

Será el año de los trabajos de la Convención Constitucional que redactará la nueva Constitución, en medio de debates y tensiones en que se definirá que tan nueva y eficaz será la nueva Carta Magna. Aunque algunos le temen, la movilización social y la participación ciudadana gravitarán en ese ejercicio constituyente.

2021 será el escenario de elecciones presidenciales, parlamentarias, municipales, de gobernadores y convencionales. Es decir, el año de triunfos y fracasos que vivirán las fuerzas políticas y donde quedará resuelto el mapa político institucional por lo menos para cuatro años más. Se objetivizarán, al menos electoralmente, las correlaciones de fuerzas.

Como en 2020, son previsibles las movilizaciones y protestas de múltiples sectores del pueblo a nivel nacional, expresadas en diversidad de formas. Dado lo que se juega el 2021, es altamente esperable que el movimiento social y la sociedad civil estén activos y marquen pauta nacional.

Hay algunas cifras y pronósticos optimistas, pero todo indica continuidad de la crisis económica con un impacto sobre todo en las condiciones laborales y de vida de la inmensa mayoría del pueblo. No se espera gran crecimiento económico, aumento del empleo formal y mejora en los ingresos. Persisten las críticas hacia el gobierno por priorizar -como es costumbre en este país hace décadas- por los números macroeconómicos y priorizar por la agenda empresarial y financiera, dejando en un espacio secundario las demandas sociales y las necesidades de la población.

Están al debate y en un escenario complejo situaciones como la vuelta a clases presenciales, la vacunación anti Covid de la mayoría de la población, los derechos de las mujeres y medidas para contener la violencia contra ellas, la expansión de diversos tipos de delitos comunes, la reforma previsional, las respuestas ante el déficit habitacional, y los primeros resultados en las modificaciones institucionales en la atención a la niñez.

El 2021 terminará con lo sustancial de los contenidos de la nueva Constitución, con una o un Presidente de la República electa o electo, con una nueva composición del Parlamento, con nuevos porcentajes en los apoyos electorales a los partidos políticos, lo que, sin duda, podría significar el cambio del rostro institucional del país y, posiblemente, un giro en los derroteros programáticos de un nuevo gobierno y un nuevo Congreso.

También, como en 2019 y 2020, hay expectativas respecto a los grados de incidencia en la agenda nacional del movimiento social y la sociedad civil, desde donde vinieron los enormes cambios registrados en el país estos últimos 15 meses. Sin duda que será decisivo lo que haga el pueblo a través de su participación y movilización, sello marcado durante los últimos dos años.