Se expresa en diversos planos y que proviene desde sujetos diversos, pero convergentes, y de los que dan cuenta los principales medios de comunicación del país.

Eduardo Contreras. Abogado. Santiago. 17/12/2020. Recién concluido el Congreso del Partido Comunista (PC), en el país está en curso una nueva y abierta ofensiva anticomunista que se expresa en diversos planos y que proviene desde sujetos diversos, pero convergentes, y de los que dan cuenta los principales medios de comunicación del país.

Como siempre, es “El Mercurio” -de lamentable trayectoria antidemocrática- el que lleva la batuta y en su edición del pasado 13 de diciembre, atacó por dos lados. En el cuerpo A, página 3, en la sección de “Semana Política” un artículo titulado “Lo que busca el PC” y en el cuerpo D, página 4, sección “Reportajes” una nota signada como “El PC en su momento estelar”.

No se andan con chicas. Ese mismo día este periódico y su aliado, “La Tercera”, traían
otras entrevistas, columnas, y notas con referencias al PC, incluida una entrevista a Juan Sutil. Bien sabemos que cuando estos hechos suceden no es por casualidad, algo buscan.  Sobre todo cuando ya se avizora en las proximidades el inicio del primer proceso constituyente democrático en la historia de nuestro país con todo lo que significa.

Citaremos algunos de esos “comentarios”: “No debieran sorprender gestos como las felicitaciones a Nicolás Maduro por parte del Partido Comunista chileno. Más allá de la incomodidad provocada en potenciales aliados, el saludo al dictador venezolano es coherente con la trayectoria de la colectividad y lo que proclama. Precisamente, en estos días se han conocido documentos clave del XXVI Congreso Nacional efectuado por el partido. Y si ya había llamado la atención el informe en que se proponía ‘rodear con la movilización de masas el desarrollo de la Convención Constitucional’ -es decir, presionar por la vía de los hechos el trabajo de los representantes que elija la ciudadanía-, las resoluciones finales de ese congreso resumen la visión comunista y lo que pretende hacia adelante. Esto, cuando parece encaminada la conformación de un polo de izquierda dura, con un candidato presidencial -el alcalde Daniel Jadue- posicionado en las encuestas”.

“Para el partido, Chile vive ‘un cambio de época’, con la perspectiva de ‘superar el neoliberalismo’ y lograr una ‘victoria definitiva’. Fiel a la ortodoxia marxista, advierte como ‘fundamental’ la contradicción ‘capital/trabajo’ y señala ‘la construcción de una sociedad socialista’ como meta”. Ello no obsta para que llame a involucrarse en ‘un amplio espectro de luchas’, incluido el feminismo, las reivindicaciones de pueblos originarios o las disidencias sexuales”.

“Por eso quizá la variedad de demandas que plantea, desde el aborto libre hasta una nueva reforma agraria, un Estado plurinacional o el voto a partir de los 14 años. En lo político, si en el pasado la izquierda radical deslegitimó las instituciones republicanas, hablando con desprecio de la democracia ‘formal’, ahora el PC se lanza contra lo que denomina ‘democracia procedimental’, esa que ‘emerge y se abre camino con el consenso y la democracia de los acuerdos.”…“Para lograr sus objetivos, anuncia una política de alianzas que debe ajustarse ‘a la línea de los partidos y movimientos con vocación antineoliberales y antipatriarcales’, mirando con autocrítica la experiencia de la Nueva Mayoría, pues a poco andar, ‘al interior de ese gobierno se impusieron las posiciones neoliberales más retardatarias’. Respecto del propio partido, reclama a sus militantes la más férrea disciplina y ‘fortalecer la formación marxista-leninista’, echando por tierra cualquier posibilidad de renovación. Los documentos hacen evidente la incompatibilidad entre el proyecto del PC y cualquier opción de centroizquierda comprometida con la democracia representativa”…“ Por cierto, la narrativa comunista de los episodios vividos desde el 18 de octubre de 2019 omite cualquier referencia a hechos como los ataques al metro o la quema de iglesias, y pretende legitimar todo acto de violencia como una respuesta a violaciones a los derechos humanos ‘sistemáticas y masivas’, de las que responsabiliza al Presidente de la República, contra quien anuncia persecución judicial implacable”.

El diario pinochetista niega la importancia histórica y política de las grandes movilizaciones de masas y acusa al PC de una explícita “justificación de la violencia al proclamar ‘el legítimo derecho a la defensa y solidaridad de masas’ al tiempo que sentencia que “se hace evidente la incompatibilidad entre el proyecto del PC y cualquier opción de centroizquierda moderna y comprometida con la democracia representativa”. Sin embargo, al mismo tiempo la nota mercurial confiesa que “con todo, inquieta la debilidad que han tendido a mostrar hasta ahora esas fuerzas moderadas frente a la presión de la izquierda dura. Incluso esta misma semana ha dado cuenta de ello la suscripción por senadoras del PS, el PPD y la DC del proyecto que pretende indultar a los detenidos o condenados por delitos tan graves como el incendio o incluso el homicidio frustrado, una iniciativa que no solo supone dejar en la impunidad esos hechos cuando la violencia dista de detenerse, sino que en su fundamentación hace suya la particular narrativa que el PC quiere imponer respecto de lo ocurrido en Chile durante el último año”.

Otra de las notas mercuriales reitera las acusaciones y las críticas en contra de las resoluciones del reciente Congreso del PC y señala que el Frente Amplio “ha sufrido un quiebre luego que decidiera acercarse al comunismo, en detrimento de la izquierda moderada que se expresa en la Unidad Constituyente”.

Pero suma y sigue. En un programa matinal de Radio Cooperativa, esta semana los panelistas competían en golpear al PC y su Congreso. No dejó de llamarnos la atención la intervención de un abogado democratacristiano con el que hemos tenido muy buenas relaciones. Es más, hace algunos años participó con nosotros y junto a otros colegas de otros partidos en un interesante foro sobre el tema constitucional en la mesa principal de una de nuestras “Fiestas de los Abrazos” y entonces no pensaba igual.

Ahora, partiendo como todos los reaccionaros desde el tema de Venezuela, nos acusaba de antidemocráticos y de apoyar regímenes que no respetan los derechos humanos.

Este tema en estricto rigor es un riesgo para todo democratacristiano que no recuerde, o no quiera recordar, la complicidad o co-autoría de su partido en el sangriento golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Más cuando hay tanta documentación y hechos concluyentes al respecto, como la posición de la DC en el acuerdo de la Cámara de diputados del 22 de agosto de 1973 que declaró ilegítimo al gobierno de Allende que era la exigencia del mando golpista de las FFAA para desencadenar masacre. O la carta de Frei Montalva a Mariano Rumor, o las reuniones conspirativas y la relación con el gobierno de los EEUU o, al final, ese repudiable abrazo en el Senado de Pinochet con Andrés Zaldívar.

Con lo que no olvidamos, en contraste, tanto la declaración en contra del golpe  de aquel pequeño pero valiente “Grupo de los 13”, o la actitud valiente y democrática de varios de sus dirigentes importantes como Bernardo Leighton, Renán Fuentealba, Andrés Aylwin, Fernando Castillo Velasco. Tampoco olvidamos el destacado papel antifascista desempeñado años más tarde por el propio Eduardo Frei Montalva, que le costó la vida.

Para los “desmemoriados” es recomendable que lean los Informes Church e Hirschey del Senado norteamericano, o los textos de investigadores del nivel de Peter Kornbuh o John Dinges, o los libros del historiador español Mario Amorós.

Lo objetivo es que la directiva de la DC impulsó y apoyó el régimen más brutal y antidemocrático de la historia de Chile y sus militantes han de andarse con cuidado al hablar del tema. Más bien debieran recordar la valentía y dignidad con la que el Partido Comunista de Chile y cada uno de sus militantes enfrentaron y combatieron a la dictadura al alto precio de un elevado número de nuestros dirigentes y militantes que fueron detenidos y desaparecidos o asesinados de modo brutal. Esa y no otra es la verdad histórica.

 

 

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