Boicoteó iniciativa de 25 cupos supernumerarios. Monitoreó imposición de proyecto del gobierno acusando falazmente a la oposición. Quiso atribuirle el éxito al gobierno y al acuerdo del 15/11.

Patricia Ryan. Periodista. Valparaiso. 15/12/2020. Una vez más el gobierno y la derecha consiguieron que el Parlamento aprobara un proyecto que no era el original respecto a una demanda social, democrática y, en este caso, de los pueblos indígenas.

Fue un zarpazo diseñado desde La Moneda con aprobación del Presidente Sebastián Piñera, y promovido y materializado desde el Ministerio de Desarrollo Social, en una operación dirigida y monitoreada por la ministra Karla Rubilar.

Rubilar, con respaldo del gobierno, los partidos de derecha y algunos legisladores de la ex Concertación, logró boicotear la iniciativa legislativa inicial de 25 escaños para representaciones indígenas, supernumerarias, es decir, aparte de los 155 puestos de la Convención Constitucional.

Lo aprobado en la Cámara Baja y el Senado, redujo de 25 a 17 los cupos para representaciones indígenas, ocho menos, y todos dentro de los 155 convencionales. Cero supernumerarios. Por lo demás, los afrodescendientes quedaron excluidos.

Todo lo aprobado, a partir de una fórmula creada en oficinas del Ministerio de Desarrollo Social y de parlamentarios de la derecha, fue mucho menos en cantidad y calidad de lo que demandaba la mayoría de organizaciones indígenas y partidos de izquierda y antineoliberales.

Uno de los factores en la operación dirigida y monitoreada por Rubilar, era que quedara establecido que no se llegaría a tener la quórum necesario, bastante alto, si se mantenía la idea de los 25 escaños, imponiendo, como ocurrió en otras ocasiones con otros proyectos de ley, una suerte de chantaje a la oposición.

La maniobra fue pérfida y engañosa: o se aprobaba la acotada fórmula del gobierno y la derecha, o los pueblos originarios se quedaban sin representación alguna.

Karla Rubilar no se quedó en eso y acusó falazmente a sectores de la oposición que defendieron la iniciativa primaria. En un engaño hacia la opinión pública, estableció que si esos sectores opositores no votaban por el proyecto del gobierno, le estaban dando la espalda a los pueblos originarios porque no tendrían representación en la Convención Constitucional. Cuando la verdad es que legisladores de izquierda y antineoliberales planteaban que debía haber mayor cantidad de escaños para los indígenas y añadidos a los 155 convencionales.

Luego vino el otro engaño. Afirmar y agradecer un acuerdo transversal para aprobar la iniciativa gubernamental, cuando lo que hubo fue una imposibilidad de hacer otra cosa y la mayoría de la oposición votó forzada para que, finalmente, hubiera aunque fuese un mínimo de representación de pueblos indígenas.

Rayó en la mentira la ministra Rubilar al sentenciar que la aprobación de la reforma de escaños reservados representó el espíritu del “acuerdo político” del pasado 15 de noviembre (firmado por algunos partidos), porque en realidad ese acuerdo del años pasado no tuvo una sola letra o alusión a los pueblos indígenas, ni consideró que tuvieran representación en la Convención Constitucional.

Hay que decir que el proyecto para que hubiera representación indígena en la Convención, surgió de organizaciones indígenas y de partidos de izquierda y antineoliberales e inicialmente el gobierno lo miró con reticencia, para luego oponerse a la cantidad de representantes y a que fueran supernumerarios.

El gobierno se metió en el asunto para respaldar a los legisladores de derecha que querían evitar la representación de pueblos originarios, sobre todo en el número inicial planteado. Por eso a muchos le sonó a cinismo cuando Rubilar dijo que la votación del proyecto este martes “es una jornada histórica para nuestra democracia, pero sobre todo para los pueblos indígenas y en particular para todas las comunidades, para todos aquellos que alzaron su voz para decir este proceso histórico que vamos a vivir, con la redacción de una nueva Constitución, no podía ser escrito sin los pueblos indígenas”.

El querer atribuirle al gobierno o ella aparecer reivindicando avances en la representación social en la Convención tuvo un corte de lo que se llama hipocresía política al decir que a “una convención paritaria, se sumó la participación de los independientes y hoy está dando un nuevo paso para decir que estamos escribiendo la nueva Constitución, con letra indígena”, cuando lo paritario, la participación de independientes y de indígenas, fue planteado desde la oposición y con rechazos y trabas iniciales de La Moneda y la derecha.

Es así que a estas alturas, en la tesis de “peor es nada”, algunos legisladores valoraron que, al menos, habrá representación de pueblos originarios, sin embargo, desde bancadas parlamentarias del Partido Comunista, Federación Regionalista Verde y Social y de partidos del Frente Amplio se criticó que se actuó en base al desprestigiado sistema binominal, la imposición de quórum alto y no se respondió con dar la representación reclamada por pueblos originarios.