La situación que acusan los trabajadores de la salud en realidad es extensiva a otros millones de personas del país que laboran en iguales y aún más desmedradas condiciones.

 Carlos Poblete Ávila. Profesor de Estado. 13/12/2020. La agresiva pandemia que afecta a millones de seres humanos a nivel planetario, y en particular a la sociedad chilena, con sus diversas consecuencias, ha creado niveles de serias patologías en el plano mental, emocional. Ansiedad, angustia, trastornos del sueño, rabias, irritabilidad;  alteraciones conductuales que dañan las relaciones humanas laborales, familiares; estados de incertidumbre.

Pero…en Chile como bien se sabe esos mismos signos señalados venían desde tiempos más pretéritos. La situación social, económica, laboral de la población con severas muestras de insatisfacción y otras consecuencias no es de ahora, cursa décadas. Las manifestaciones de franca rebelión de grandes masas ciudadanas en calles y plazas del territorio, desde Octubre de 2019, son claras señales de una realidad que raya en injusticias sociales crónicas no resueltas.

Un reciente amplio reportaje de prensa ( Diario La Tercera – Sección Revista Paula, del 7 de diciembre de 2020 ), refiere la crítica situación de salud mental que afecta a una gran mayoría de funcionarios que se desempeñan en hospitales del país y centros del área.

Particularmente el medio de prensa publica la situación, el estado de estrés que afecta a las enfermeras. La principal razón es la extenuante jornada laboral, el sistema de prolongados turnos. Ellas no sólo deben atender la parte clínica de los pacientes, sino que también encargarse de otras actividades al interior de los recintos de salud, entre ellas las administrativas, burocráticas.

La sobrecarga laboral termina por fatigar al citado personal que hasta en muchos casos trabaja en precarias condiciones. Declaran en sus testimonios, sufrir de cansancio, de abulia, de alteraciones del sueño. Varios funcionarios están con licencias y con  tratamientos psicológicos y psiquiátricos. El consumo de fármacos en la población ha crecido sideralmente, de ansiolíticos y de otros paliativos.

Se agudiza el mencionado cuadro de estrés en medio del actual estado de pandemia que vive y afecta al conjunto de la sociedad. Se anuncian nuevas restricciones para el desplazamiento de los ciudadanos, es decir, regresar al encierro, al confinamiento. Es obvio que dichas medidas sanitarias preventivas afectan también a multitud de personas que habitan en pequeñas casas o departamentos y con las altas temperaturas estivales  agudizan los estados ya descritos.

Así…el trabajo está lejos de ser el medio, la actividad que hace “feliz”  a los seres humanos o, que por lo menos, brinde la tranquilidad que toda persona en una sociedad medianamente justa, equilibrada o “en vías de desarrollo”… como algunos proclaman, necesita para vivir con dignidad. Lo que se vive hace recordar  al “tripalium”, origen del vocablo “trabajo” (del latín: tres palos, maderos). Era la estructura usada antiguamente para castigar, para torturar.

La situación que acusan los trabajadores de la salud en realidad es extensiva a otros millones de personas del país que laboran en iguales y aún más desmedradas condiciones, propias de un sistema económico-social que se funda en el irrespeto y la explotación de los seres humanos, a quienes considera mercancías, inclusive desechables.

 

 

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