Los resultados de este verdadero drama comunicacional y cultural están trágicamente a la vista.

José Luis Córdova. Periodista. 01/12/2020. Hasta 1973 Chile tenía una prensa pluralista, variada, informativa. Más de 5 diarios, decenas de revistas, un centenar de radios y 5 canales de televisión -tres de ellos a cargo de las universidades públicas- y numerosos periódicos regionales, corporativos e institucionales a lo largo y ancho del país.

El golpe de estado del 11 de septiembre terminó con la prensa libre y soberana y se impuso, junto al modelo socio-económico, político y cultural neoliberal, la hegemonía de un duopolio en la prensa escrita, la venta de emisoras a transnacionales y la entrega de la televisión a manos privadas.

Los resultados de este verdadero drama comunicacional y cultural están trágicamente a la vista. Sobre todo cuando se producen acontecimientos importantes, como en el último tiempo, la pauta diaria de todos los medios se rige por la voluntad de la empresa El Mercurio del clan económico de la familia Edwards.

Los noticieros y matinales reproducen descaradamente todos los días los principales titulares de los dos únicos diarios de cobertura nacional. Si se trata del trascendente proceso constitucional, de la pandemia del Covid-19 y de los esfuerzos por autorizar el retiro del 10% de las cotizaciones en las AFP, surge una sola voz.

En un principio, la Constitución fascista del 80 era sacrosanta e inconmovible; después, los datos que entregaba el Ministerio de Salud eran incontestables y el retiro de los fondos de parte de los contribuyentes era inconstitucional.

El gobierno gastó sus mejores esfuerzos para impedir el plebiscito de entrada pero no pudo impedir la paliza 20-80% que le propinó la ciudadanía -primero en las calles y después en las urnas- las falsedades y engaños de las autoridades sanitarias le costaron un ministro de Salud y procesos judiciales aún en curso, pese al ocultamiento deliberado de información.

El Ejecutivo entró en una abierta reyerta con el Poder Legislativo a propósito de reformas constitucionales, vetos e iniciativa de leyes de carácter económico durante la tramitación del primer retiro exigido por todos los sectores para enfrentar la grave crisis económica y hasta alimentaria en el país.

Aprobado el primer retiro -pese a las amenazas, los augurios de catástrofe nacional- por el contrario se activó un tanto la economía y el comercio mientras el gobierno seguía en total inacción. De manera que se hizo indispensable un segundo retiro que también fue rechazado por las autoridades hasta que la fuerza de los hechos lo obligó a homologar la iniciativa de la Cámara de Diputados con otra de La Moneda que está siendo aprobada en estos días.

Los siete canales de televisión abierta se fueron alineando sospechosamente con las ideas del ejecutivo a tal forma que conductores, panelistas, “opinólogos” y animadores comenzaron a coincidir vergonzosamente con la línea editorial de El Mercurio y el pensamiento del Presidente Piñera y de su ministro de Hacienda, Ignacio Briones.

La uniformidad de las desinformaciones en torno a estos temas fue tan evidente que, al final, la convención constitucional parece un triunfo del gobierno, que la lucha contra la pandemia la vamos superando gracias a las “medidas oficiales” y hasta el retiro de nuestros propios fondos previsionales para enfrentar la grave emergencia es resultado de la “voluntad” de las autoridades.

Falsedades, mentiras y ambigüedades institucionalizadas por una autoridad central que no escucha, no ve y se dedica más bien a desinformar uniformadamente.

La jornada de recientes primarias parciales para gobernadores regionales y algunas alcaldías por parte de la ex Concertación y Chile Vamos fue otra muestra de la indolencia gubernamental que provocó una alarmante bajísima participación por falta de información oficial sobre el proceso electoral. La televisión abierta, en democracia, le hace un flaco favor a nuestro país y a su desarrollo independiente y soberano.

 

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