El pueblo comprendió que el gobierno feneció, pues es inoperante y teratológico en su gobernanza al seguir demostrando tozudez política, propia de una dictadura capitalista.

Gonzalo Moya Cuadra. Licenciado en Filosofía. 25/11/2020. Las valerosas y comprometidas palabras emitidas por la diputada Karol Cariola en el contexto de la renuncia presidencial representan el mayestático clamor popular que avizora un gran proceso de liberación social, una inevitable evolución política que reiniciará y consolidará con certeza la ruta hacia un progresismo más democrático y solidario. Hay una irresponsabilidad ejecutiva que no se puede obviar. El pueblo comprendió que el gobierno feneció, pues es inoperante y teratológico en su gobernanza al seguir demostrando tozudez política, propia de una dictadura capitalista, feral y compulsiva, abusiva del poder y del tener, que sólo quiere sustraerse  de la actual problemática social, en la cual los pobres viven una situación opresiva y alienante. Karol Cariola, como  representante popular y parte vital de la fuerza femenina nacional, erigió con su reflexión una exégesis genuina de una mayoridad que está hastiada de tanta amoralidad, de tanto irrespeto y desprecio por parte de un gobierno limitado y asténico hacia quienes anhelan de manera auténtica una verdadera transformación política. Sin duda alguna, hay temor en las filas de la derecha y en el Ejecutivo, pues saben que tienen un futuro incierto, entenebrecido. Ni siquiera se han dado cuenta que son hasta indiferentes ante el progreso, crasa ignorancia, demostrado taxativamente con la disminución de gastos en el Presupuesto Nacional en sectores tan sustanciales como el científico y cultural, algo inentendible, peripatético y negligente, rayano en la barbarie o en la ignavia mental, vale decir, es una burda maniobra que simboliza las antinomias del capitalismo, mala praxis que coadyuva a alterar, ya con sistematicidad y cronicidad, la sana convivencia humana y agudizar una crisis social casi irreversible. El pueblo percibe un resquebrajamiento axiológico en las reglas democráticas del país. Ergo, comprueba ilegitimidad en el gobierno. Jamás pensaron que la izquierda real cuenta con una candidatura idónea y progresista que aspira buenamente a un desarrollo valedero, a un legítimo futuro político. Nunca  cogitaron que una izquierda tolerante y pacífica no claudicará ante los embates de una derecha intolerante. No se imaginaron que la verdadera izquierda  per se tiene grandes ideas y claras responsabilidades con el pueblo, además de una ideología futurista capaz de formar una neo sociedad, desarrollada y moral, que promueve la formación del hombre nuevo, más humano, digno  y positivo. La ciudadanía chilena ha comprendido que lograr un nuevo gobierno de izquierda jamás será un sueño vedado y que un pensamiento progresista jamás será maniatado por la estéril fuerza del indigno capitalismo. La legítima izquierda es el emblema de un sueño prodigioso, creativo  y perdurable.