El asesinato de su padre, el suicidio de su hermano, la militancia en el PT y La Surda, los bemoles en el Frente Amplio, los posicionamientos del Partido Igualdad y la candidatura de Jadue.

Hugo Guzmán. Periodista. 20/11/2020. Iván Carrasco Mora desde joven se metió en batallas estudiantiles y poblaciones, en tiempos de dictadura y posdictadura. Vivió la tragedia de presenciar el secuestro de su padre, el periodista José Carrasco Tapia (“Pepone”) y enterarse por la radio de que lo habían asesinado. Años más tarde se sumaría el tremendo golpe del suicidio de su hermano Luciano. En todo momento militante de organizaciones de izquierda, habla de La Surda y desmitifica la influencia en el Frente Amplio, del cual narra episodios como cuando un “sector hegemónico” negoció en noviembre del año pasado con la derecha y la ex Concertación a espaldas incluso de colectividades de ese conglomerado.

Es probable que Iván Carrasco sea uno de los dirigentes jóvenes que emergieron en la izquierda en los últimos años, pero sin la tribuna mediática que acompaña a otros. Fundador y actual dirigente del Partido Igualdad, apuesta a que la Convención Constitucional que redactará la nueva Constitución “será un espacio de confrontación de clase enorme, la polarización de la sociedad se va a expresar” en esa instancia donde se debatirán proyectos de país. En ese camino apunta a que es determinante constituir una gran bloque antineoliberal que se diferencie de la ex Concertación. En temas de contingencia, adelanta como opinión personal que “en un alto porcentaje nuestros compañeros están por apoyar a Daniel Jadue” como candidato presidencial.

Secuestro y asesinato de su padre

Creo que fue a mediados de los años ochenta en que te vi, o conocí, junto a tu hermano Luciano, cuando tu padre, José Carrasco, el Pepone, trabaja en la revista Análisis. Era tiempo de dictadura. Tú estabas en el colegio, ¿qué recuerdos tienes, en general, de ese tiempo?

Tengo un recuerdo de muchas cosas y de muchos matices. Fue una época feliz de mi vida, porque vivía con mi padre, con mi hermano, me sentía parte de la juventud que peleaba, estaban activas las protestas contra la dictadura, las luchas de estudiantes secundarios, la solidaridad entre la gente. Ese tiempo me ayudó a formarme y tener visiones políticas propias, personales. Pero también una época triste por lo que estaba pasando, la brutalidad de la represión, la muerte de compañeros y el asesinato de mi padre. Tengo recuerdos encontrados, estar con las y los compañeros en las luchas, en la organización, lo que te da un grado importante de felicidad, y la tristeza por cuestiones terribles que pasaron. En todo caso, tengo un buen recuerdo de esa época.

¿Estabas en alguna orgánica de los secundarios, de la enseñanza media?

Estaba en la Juventud Rebelde Miguel Enríquez y participaba en la organización en el Liceo Lastarria, ahí teníamos un comité de enseñanza media, que era parte de los secundarios del sector oriente, y me tocaba representar en reuniones y actividades a la Juventud Rebelde. Éramos como siete u ocho compañeros, participábamos de los rayados, las tomas de los liceos, protestas, la organización, las barricadas en las calles. También tenía amigos y compañeros que trabajaban en lo poblacional, y eso me interesaba y me vinculé un poco a esa actividad. Tenía quince años en ese tiempo.

Con los años te dedicaste mucho a la actividad poblacional.

Así es.

Imagino que fue un golpe tremendo, en lo personal y en lo emocional, y una ruptura o interrupción de todo eso, el asesinato de tu papá.

Sí, fue así. Un golpe y un cambio grande en la vida. Tuvimos que irnos de Chile, partimos a México con mi hermano Luciano, y volvimos después, un poco antes del plebiscito de 1988. La muerte de mi padre significó un vuelco total en la vida, mi madre vivía en México, y tuvimos que irnos para allá. Después que asesinaron a mi papá, el 8 de septiembre de 1986, estuvimos viviendo un tiempo con Silvia, que era la compañera de él, pero obviamente mi madre decidió que nos fuéramos a México con ella y eso hicimos. Estuvimos allá como dos años.

Tú estabas con tu padre en el departamento, la noche que lo secuestraron y supiste la noticia de su asesinato. ¿Cómo evocas, vives, esa noche, después de tantos años?

Efectivamente yo estaba en el departamento donde vivíamos, y donde lo secuestran, me tocó ver a los asesinos cuando entran a la casa, rompieron la puerta. Mi intento fue poner una silla para tapar o trancar la puerta y que no entraran, y eso retrasó un poco el ingreso de los asesinos. Fue la noche del 7 de septiembre, el día que habían atacado la caravana de (Augusto) Pinochet. Bueno, logran entrar, secuestran a mi padre, se lo llevan, y después empezó la búsqueda y saber qué le habría pasado, porque no hubo ningún procedimiento legal de detención. Esa noche estábamos con Alfredo, el hijo de Silvia, con Luciano y Silvia. Pensar en ese momento es una angustia y un dolor enorme. Los asesinados fueron brutales. Yo me enteré de la muerte de mi papá por la radio. Como había que hacer gestiones, estaba todo tenso, a los tres -Luciano, Alfredo y yo-, nos mandaron a Valparaíso, a la casa de unos parientes de Silvia, y estaba escuchando radio y me enteré, a los días después, que el cadáver que se había encontrado era el de mi padre y que Silvia lo había reconocido en la morgue. Así que fue quizá el momento más angustiante de mi vida…

Recuerdo que un tiempo después nos vimos en México…

Sí, anduvimos juntos por ese tiempo.

Cuando volviste a Chile, ¿qué te planteaste? ¿Dejar todo de lado? ¿Volver a militar?

Volví a militar. Bueno, me dieron unos “puntos” de encuentro a donde no llegó nunca alguien. Así que un tiempo después me vinculé en el nivel universitario, Luciano se conectó por el lado de los derechos humanos en la universidad, y trabajo en el territorio y yo en la universidad. En ese tiempo el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) se había dividido, así que había una situación especial.

¿Tú qué estudiaste?

Sociología, en la Universidad de Chile. Ahí me conecté con lo que se llamada MIR-Pascal (por Andrés Pascal Allende) o MIR-Histórico, porque estaba dividido, ya ni me acuerdo de los nombres que se le ponía, y teníamos dos núcleos en la facultad. Trabajé en la militancia estudiantil, no se hacía política pública, se levantaban organismos de fachada, no se actuaba públicamente como MIR. Después el MIR se volvió a dividir y todo era menos viable, y al menos unos compañeros y yo nos desligamos, como el año ’91. Estaba la debacle en la izquierda revolucionaria y la izquierda más radical, que había tomado las armas contra la dictadura. El MIR fraccionado, el Frente Patriótico se había dividido, había muchas facciones, muchas divisiones en esa izquierda. Ahí empecé otra fase, una militancia más abierta, más social, más pública, me ligué al trabajo poblacional en esos años. Recuerdo que llegaron unos compañeros a la facultad y dijeron que se haría una toma de terrenos en Peñalolén y pidieron apoyo para la toma, y me ofrecí, y así empecé a ir a las poblaciones y hacer trabajo ahí. Había un vehículo familiar que lo ocupaba porque era el único que sabía manejar, así que partía en el auto a las poblaciones, a hacer rayados, y andaba por Lo Hermida, La Faena, Peñalolén. Me vinculé más a lo poblacional que a lo estudiantil, a pesar de que fui candidato a Vocal de Derechos Humanos de la FECH (Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile) y fui Vocal como dos años.

La pasada por el PT, el surgimiento de La Surda y la influencia en el Frente Amplio

¿Luego vendría la creación de La Surda, donde estuviste, o hubo algo antes?

No, con un grupo de compañeros creamos o entramos al PT (Partido de los Trabajadores), que fue una experiencia en 1991 o 1992, a partir de una corriente sindical que se llamaba Movimiento Autonomía Sindical (MAS), donde había centenares de dirigentes sindicales que se habían descolgado de los partidos de izquierda. Estaba muy fresca la experiencia del PT de Brasil, las huelgas fabriles, los sindicatos, y con ese símil varios convocaron a la conformación del PT acá. Me interesó ese proceso, conocí excelentes compañeros, a dirigentes sindicales, fue un buen espacio de educación de izquierda, anticapitalista, y tenía eso de la nueva izquierda que se estaba formando en América Latina, sin renegar de las formas tradicionales de la izquierda, pero generaba una izquierda más movimiental, más social, no tan rígida. Llegamos varios activistas sociales, poblacionales, estudiantiles y se formó el PT, incluso se intentó legalizarlo. Pero duró poco, tuvo deficiencias, en esos años de los noventa venía el derrumbe de sectores de izquierda, se estaba desarticulando toda la fuerza popular que peleó contra la dictadura, se estaba fortaleciendo la Concertación como una forma de gobernanza ligada al neoliberalismo, había caído el Muro de Berlín, se había hecho mierda la Unión Soviética, los cubanos estaban en una situación muy difícil, las guerrillas centroamericanas habían perdido la guerra y estaban negociando, la ofensiva de la guerrilla salvadoreña de 1989 no había logrado su objetivo, entonces era un momento en Chile y Latinoamérica de debates, de ciertos repliegues, y un avance de corrientes socialdemócratas neoliberales.

¿Y qué pasó con el PT? ¿Cómo nace La Surda?

El PT se dividió, hubo sectores que se empezaron a acercar a la Concertación, particularmente al Partido Socialista y muchos entraron el PS. Creo que los dirigentes sindicales, que venían del MAS, no tuvieron la capacidad para liderar el proceso. Se empezó a desgranar el choclo. En ese tiempo, unos compañeros que venían de Cuba, otros que estaban en Chile, habían estado levantando lo que se llamaba Surda, aunque nunca el movimiento se llamó realmente La Surda. Se sacaba una revista que se llamaba La SurDa, pero la orgánica como tal no tenía un nombre. De hecho se trabajó en espacios sociales, ahí estaban los compañeros y dirigentes, no es que se tuviera una fachada, pero no había una orgánica, y se estaba en el movimiento estudiantil, poblacional y otros espacios.

¿Pero La Surda era una organización política o solo un espacio político?

No, era una orgánica política, con dirección, con estructura, no era una asamblea, era una orgánica dura.

Ahí aparecen Carlos Ruiz, Rodrigo Ruiz y otros dirigentes y militantes. Que después llegarían al Frente Amplio.

Bueno, en esos años La Surda no tenía vocerías públicas, ese debate se da después, para que tuviera expresión política pública. Se planteó que no podíamos salir solo a través de referentes sociales, estudiantiles, y de la revista, sino dar un salto para tener una expresión política pública como Surda. Recuerdo que empezamos a disputar elecciones en varias universidades, no solo como Surda, sino como parte de movimientos estudiantiles y se empezaron a ganar federaciones universitarias. También estábamos en territorios, en el tema poblacional y sindical, y desarrollamos varias actividades, estuvimos en varias tomas. En ese momento La Surda era una orgánica política, con militancia clara, no era o aspiraba a ser lo que después fue el Frente Amplio, para nada. Era una opción a la izquierda tradicional, pero desde lo que definíamos como izquierda revolucionaria, desde el campo anticapitalista, socialista, donde la crítica era que la izquierda tradicional no tenía una estrategia de construcción de poder que la denominábamos una política autónoma de constitución de poder y de fuerza del pueblo, que podríamos decirlo en término más tradicional, de poder popular. Era una crítica al Partido Comunista, al Partido Socialista. La otra crítica era la forma en que la izquierda se organizaba, de manera burocrática, verticalista, tradicional, sin expresiones de autonomía del pueblo. Diría que esos dos elementos hacían la diferenciación con la izquierda tradicional. Te diría que nunca fue un espacio anticomunista, no lo fue, pero sí una crítica o una diferencia.

Se dice que muchos de los que gestaron partidos del Frente Amplio o el mismo Frente Amplio, provienen de La Surda, que ahí hay una raíz.

Yo fui parte del Frente Amplio, por el Partido Igualdad, así que conozco algo el Frente Amplio por dentro. Y creo que eso de La Surda es una cosa mediática. Mira, dicen que Carlos Ruiz -que venía de La Surda- es el ideólogo del Frente Amplio, y créeme que con todo el respeto y cariño que le tengo a Carlos, me considero amigo de él, nunca vi que alguien en el Frente Amplio se guiara por lo que Carlos Ruiz escribía o decía. Lo que ocurre sí, es que hay un sector de lo que es hoy el Partido Comunes, que viene de la Izquierda Autónoma, y la Izquierda Autónoma es la derivación orgánica de La Surda, eso es así. La Surda tuvo quiebres, desaparece y se reactiva con una serie de dirigentes estudiantiles que forman Izquierda Autónoma, por el año 2009, 2010. En esas fechas, nosotros estábamos formando el Partido Igualdad. Incluso algunos compañeros que participan en la fundación del PI se van al final a la Izquierda Autónoma. Después hay un quiebre, movimientos, y al final IA es parte del Partido Comunes. Por ahí viene la línea de nexo de La Surda con el Frente Amplio, pero no más, quizá algo en Convergencia Social, pero hay otros partidos como el Liberal, o Revolución Democrática, que no tienen ese vínculo. Entonces eso de La Surda y la influencia en el Frente Amplio lo encuentro bastante irreal, es algo más bien mediático.

El suicidio del hermano

En el ajetreo y militancia de esos años, se cruzó otra tragedia en tu vida. El suicidio de tu hermano, de Luciano. Que lo recuerdo como un muchacho muy sencillo, muy comprometido, muy sensible.

Bueno, el suicidio de Luciano fue una cosa terrible para nosotros, para la familia, para mí, fue un golpe tremendo. Luciano había estado con problemas depresivos, arrastraba una situación fuerte durante mucho tiempo, que pasaba por distintas etapas, más agudas y menos agudas, al final muchos años de depresión.

Le afectó de manera determinante el asesinado de vuestro padre.

Te diría que como familia fuimos bien brutos, bien ignorantes en ese sentido, porque después del asesinato de mi padre debimos haber pensando todo lo que le afectó a Luciano, debimos ver que pasara por algún tratamiento psicológico, para que asumiera eso. No se hizo eso. Pero además en esos tiempos, la familia, la gente de izquierda, los compañeros, teníamos el criterio de que, bueno, mataron a mi padre, pero la lucha sigue, hay que continuar, vamos para adelante, y eso fue así. Y claro, la muerte de mi padre le afectó mucho a Luciano, imagínate que cuando mataron a mi papá, él tenía 14 años, estuvo ahí cuando lo secuestraron, y bueno, con el tiempo agarró una depresión muy fuerte y al final se suicidó.

Él participó en varias de estas organizaciones, experiencias, que tú me contabas. Fue muy comprometido en varias luchas, incluso en contra de la dictadura.

Sí, él estuvo en trabajo de derechos humanos en la universidad, en trabajo en poblaciones, en territorios, estuvo vinculado al MIR, participó en muchísimas actividades, estuvo militando en La Surda, no estuvo en esa experiencia del PT, pero siempre estuvo activo en luchas en la universidad, en el frente poblacional.

El Partido Igualdad, las discusiones y los traspiés en el Frente Amplio

Hablando de la actualidad. Tú eres dirigente hace años del Partido Igualdad, estás entre sus fundadores. ¿En qué está el Partido Igualdad en estos tiempos tan agitados y de incertidumbres?

El Partido Igualdad está tratando de aportar a la rearticulación del pueblo y sus relaciones sociales y políticas, participando en la mayor cantidad de organizaciones posible surgidas después de la revuelta social del 2019, continuando en otras organizaciones en que hemos estado hace años y bueno, hemos estado en espacios de participación, ahora en esto del proceso constituyente.

Ustedes estaban en el Frente Amplio y se fueron en noviembre del año pasado.

Nos fuimos del Frente Amplio cuando el sector hegemónico firmó el llamado “acuerdo de la paz” el 15 de noviembre. Nos retiramos ahí.

¿Ustedes como Partido Igualdad, como parte del Frente Amplio, fueron  convocados a esas conversaciones para ese acuerdo?

No, no fuimos convocados.

O sea, ¿dentro del Frente Amplio hubo partidos que no fueron avisados ni convocados?

Claro, eso fue así. Desde un tiempo atrás a esa fecha, el Frente Amplio venía con tensiones internas. El Congreso del Frente Amplio (FA) el 2019 fue muy potente, muy rico, muy enriquecedor, con gran participación y aporte de las bases. Terminó la primera semana de octubre, es decir, diez días antes del 18 de octubre cuando estalla la revuelta. Estábamos en plena redacción de los acuerdos del Congreso, cuando nos reventó el pueblo movilizado. De hecho las conclusiones de ese Congreso nunca pudieron sacarse, la ola popular nos rebasó a todos y nos mandó a las calles, a hacer asambleas, cabildos, a estar en todas las actividades y luchas que aparecían y que crecían.

Seguramente muchas de las conclusiones quedaban desfasadas.

Sí, quedaban desfasadas. Pero ya en ese Congreso se había dado cuenta de una diferencia estratégica profunda en el Frente Amplio, que era justamente respecto a una táctica que había de, precisamente, construir a la izquierda y hacia abajo, en organizaciones populares, sociales y de lucha, y ser una experiencia total y realmente distinta a la Concertación. Pero no todos compartía esa táctica, estaban pensando en conversar y llegar a acuerdos con la ex Concertación, irse por caminos más cupulares. Mira, cuando el FA nace, el primer documento de las fuerzas que lo conformaban, planteaba tres elementos básicos de unidad: que iba a ser una alternativa al duopolio político (Concertación y derecha), que iba a ser un movimiento antineoliberal y que iba estar al margen de vínculos con el dinero y la corrupción en la política. Eso nos articuló. Ocurre que en el gobierno de (Sebastián) Piñera un sector del FA empieza a plantear que hay que unirse con la ex Concertación para algunas cosas, en algunos momentos. Ese Congreso del Frente Amplio se hace bajo esa tensión. Concurrieron más de 300 delegados de todos el país y las posturas de izquierda ganaron en varias de las votaciones sobre temas como ese, y como independencia latinoamericana, autonomía de los pueblos. Se confirmó que las bases frenteamplistas estaban más a la izquierda que sus direcciones, que sus cúpulas. Vino la revuelta en octubre, nosotros junto a otras organizaciones planteamos que había que sumarse por entero a la movilización y que la coyuntura daba para exigir la renuncia de Piñera  y generar una Asamblea Constituyente. La idea era avanzar en esas dos líneas y hacer un cerco al gobierno, o convocaba a una Asamblea Constituyente soberana, o renunciaba Piñera. Pero un sector del Frente Amplio estaba en la tesis de que había que ganar reformas, lograr algunos avances, y no ir más allá. Nosotros decíamos que era la movilización y exigencia popular más grande en los últimos 50 años o más, incluso que en dictadura, porque hubo territorios y poblaciones movilizadas que ni en dictadura se habían movilizado, y que las condiciones no estaban para algunas cosas o reformas, sino para darle un golpe duro, consistente y terminal al modelo neoliberal, al gobierno de derecha, y así, pedir la renuncia de Piñera y adelantar elecciones, o Asamblea Constituyente. Esas dos tesis se discutieron en octubre y noviembre de 2019. Había una facción hegemónica, donde estaba Revolución Democrática, que tenía más diputados y un senador, y se sumaba el Partido Liberal, un sector de Convergencia Social, Poder Ciudadano o Partido Comunes ya en ese momento. Estaban en la idea de ganar lo que se pudiera y estar de acuerdo en una salida, en el fondo, conversada con la ex Concertación y, bueno, con la derecha a final de cuentas. Y estábamos nosotros, el Partido Ecologista, el Partido Humanista, el Movimiento Democrático Popular, y otros sectores, que planteamos que había que ir por todo, que había que aprovechar la coyuntura para sacar al gobierno de Piñera que marcaba 6%. Viene la Huelga General del 12 de noviembre, una tremenda huelga, masiva, radical, extendida, diversa. Creo que esa huelga hizo temblar a los sectores conservadores, no solo a la derecha, sino también a un sector de la Concertación, veían un reventón popular. Y empiezan las tratativas de llegar a acuerdo y los primeros cables los tira el Partido por la Democracia con algunas propuestas que incluía ya algo así como una constituyente con parlamentarios, cómo darle una salida a la revuelta, empiezan esos tres días de conversaciones hasta el 15 de noviembre.

¿Ahí es donde no les avisan, no los convocan como parte del Frente Amplio?

Solo un sector del Frente Amplio participa en esas conversaciones, nosotros nos enteramos por la televisión, por la prensa, no nos avisan. El Partido Humanista fue convocado pero en un momento los humanistas se retiran porque no estaban de acuerdo con esas negociaciones y condiciones, y otros partidos tampoco estaban de acuerdo. Los que firman del FA, lo hacen a espaldas no solo de la mesa nacional, sino a espaldas de las bases del Frente Amplio y de las bases de sus partidos. Desatan una crisis en el FA y se quiebra. Mucha gente de los partidos que firmaron se van, Convergencia Social se divide, el Partido Igualdad hizo una reflexión y decidimos salirnos, igual que los partidos Ecologista y Humanista. El Frente Amplio quedó reducido a lo que es hoy, con RD y Partido Liberal, a mi juicio con muy poco prestigio en el campo popular, con poco arraigo en los territorios, en la fuerza social organizada.

¿Hubo una afectación en la base social frenteamplista después de los acuerdos con la derecha y la ex Concertación?

Se vio afectada la base frenteamplista, la que estaba en los territorios, en las poblaciones, en las organizaciones sociales, en las bases de los partidos, llegaron a haber comunales frenteamplistas con trabajo territorial. Diría que después del 15 de noviembre de 2019, la gran mayoría de la gente que trabajaba en territorios, que tenía arraigo social, sindical, poblacional, se fue del Frente Amplio.

Lo imperioso de un bloque antineoliberal

El Partido Igualdad después de integró a “Chile Digno” para la campaña del Apruebo, donde estaban los humanistas, el Partido Comunista, la Federación Regionalista Verde Social y otras organizaciones. Algunas de esas colectividades han tenido acuerdos políticos y electorales. ¿Tú compartes que se está generando o debe generarse un polo de izquierda?

Lo que nosotros estamos de acuerdo es en que hay que constituir un bloque antineoliberal. Más que un polo de izquierda. Porque entendemos que en Chile el neoliberalismo es tan brutal, que creó muchos enemigos, incluso en un campo que no es de izquierda, es decir, en sectores que no son o no se definen como de izquierda, pero son enemigos acérrimos del neoliberalismo. Por eso, hay que construir un bloque antineoliberal, diferenciándolo de los partidos que son neoliberales y que fueron sostén del neoliberalismo todos estos años. Para nosotros la Concertación fue y es sostén del neoliberalismo en Chile. Privatizó las mineras, privatizó las sanitarias, aumentó la privatización de la educación, privatizó las carreteras y las autopistas, profundizó el carácter de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) y posibilitó que quedaran en manos de consorcios extranjeros. Los de la Concertación fueron gobiernos entreguistas y de profundización del neoliberalismo.

¿Compartirías que más que administrar el modelo lo potenciaron?

Lo potenciaron, lo profundizaron. La gente en la revuelta habló de que no son 30 pesos sino 30 años, y la mayoría de esos 30 años fueron gobernados por la Concertación, en esos 30 años la fisonomía orgánica de los partidos de la Concertación, su fisonomía de clase, cambió. Nosotros pensamos que los partidos de la ex Concertación no están por cambiar el modelo neoliberal. Por eso hoy hay necesidad de construir un gran bloque antineoliberal, y en ese bloque deben haber partidos, colectivos sociales, agrupaciones, gente que está en los territorios. Diferenciados de la Concertación.

¿En ese camino va lo de tener dos listas para convencionales, porque hay diferencias sustanciales?

Claro, la Concertación tendría su lista, pero tiene que haber otra lista muy contundente, con un programa transformador cierto, con un contenido antineoliberal real.

¿Y esa lista podría ser competitiva para contar con un buen porcentaje de convencionales?

Sí, totalmente. Con lo que ocurrió en octubre del año pasado, lo que dio cuenta, es un cambio profundo en la correlación de fuerzas, en la forma de hacer política en Chile. El pueblo de Chile está esperando de verdad a fuerzas que concurran a la transformación. Vemos la revuelta social del año pasado, pero se miras diez años para atrás, movilizaciones, encuestas, y fíjate, por ejemplo, que en 2009, en las elecciones presidenciales, ya un 80% de la gente decía que no quería a las AFP, y 76% quería que se terminaran las Isapres, cifras muy altas de la ciudadanía pidiendo cambios. Antes, las manifestaciones estudiantiles por gratuidad y calidad, el movimiento feminista reclamando derechos. Y muchas fuerzas políticas no proponían esos cambios, menos la Concertación. Ahora que sabemos que la inmensa mayoría quiere transformaciones profundas, es necesario levantar este referente, este espacio de unidad antineoliberal.

El duro debate en la Convención Constitucional

Eso anuncia un debate de fondo en la Convención, claramente habrá propuestas diferenciadas y no solo con la derecha.

Claro que sí, la Convención será un choque de fuerzas, será un espacio de confrontación de clase enorme, la polarización de la sociedad se va a expresar en la Convención. Habrá un sector conservador que querrá que ganen las posturas de la derecha, un sector de la Concertación que estará por mantener el modelo con algunas cositas por aquí y por allá, y un sector de convencionales que va a tomar las banderas del pueblo chileno, de transformaciones sociales profundas. La Convención no será miel sobre hojuelas, una cosa republicana, donde todo el mundo va y conversa y acuerda. No, será una confrontación fuerte de ideas, de propuestas y de proyectos. No sabemos lo que saldrá de ahí, las limitantes que tiene son brutales, los 2/3 es tremendo, que no haya plebiscitos intermedios para resolver algunos temas. Puede que salga un mamotreto sin sentido, una cosa chabacana, un texto que no sea de transformaciones, o que al final sigamos con la Constitución de 1980.  Creo que ahí se van a conformar los bloques políticos que se van a disputar la conducción del país en adelante, eso va a pasar en la Convención. Por eso es tan importante llegar unidos, llegar con propuestas, con programa transformador, con la voluntad de ser expresión política de las aspiraciones populares.

Ya en un plano de contingencia y en este proceso de acercamientos y de vincularse a propuestas de transformación, ¿el candidato presidencial del Partido Igualdad es Daniel Jadue?

Creo que en un alto porcentaje nuestros compañeros están por apoyar a Daniel Jadue. No te puedo dar una respuesta oficial o formal, pero te diría que es el que representa mejor dos cosas. Una propuesta transformadora, profunda y de izquierda, y al mismo tiempo una disposición a construcción de un espacio colectivo y colaborativo. Te diría que la mayoría del Partido Igualdad cree que Daniel Jadue debiera ser el candidato que represente a todas las fuerzas transformadoras. Sin quitarle ningún merito a Beatriz Sánchez o a Pamela Jiles, que representan bien al Frente Amplio y al Partido Humanista, pero mi opinión personal, no oficial, es que la mayoría del Partido Igualdad ve a Daniel Jadue como la figura más relevante en torno de la cual habría que lograr que, por ejemplo, gane una primaria de toda la oposición.

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