En entrevista, diputada del PC dijo que proyecto de dar atribuciones a la Convención para generar quórum no es “un atentado al acuerdo” político y llamó a no distorsionar la realidad.

Hugo Guzmán. Periodista. 20/11/2020. “Es muy mañoso y un argumento que trata de distorsionar la realidad el señalar que hay ‘reglas del juego’ que fueron aprobadas y ratificadas por el plebiscito del 25 de octubre”, sostuvo la diputada Camila Vallejo, frente a quienes se oponen al proyecto que ella impulsa, junto a otras y otros congresistas, para eliminar el quórum de los 2/3 de la Convención Constitucional y que esa instancia se dé sus propios quórum.

En entrevista con ElSiglo.cl, la legisladora del Partido Comunista dijo que “no se corresponde con un espíritu democrático” la postura del diputado democristiano, Matías Walker, presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputadas y Diputados, de no colocar en tabla el proyecto para su discusión.

Camila Vallejo apuntó que “la idea es que el proceso de redacción de la nueva Constitución sea más participativo, más democrático y más soberano” y llamó a dejar de lado caricaturas e insultos y entrar al debate sobre cómo gestar un mejor funcionamiento del órgano que redactará la nueva Carta Magna.

A inicios de esta semana presentaste el proyecto de reforma para que la Convención Constitucional decida los quórum para aprobar materias del nuevo texto constitucional -que sacaría el quórum de los 2/3-, garantizar la participación ciudadana y otras medidas. ¿Al terminar la semana en qué está la iniciativa?

El proyecto, como dices, esta presentado, firmado por un grupo de parlamentarios, principalmente mujeres, y está ingresado en la Comisión de Constitución (de la Cámara de Diputadas y Diputados) y estamos empujando para que pueda debatirse, porque hasta el momento hay resistencia de parte del presidente de la comisión (Matías Walker, Democracia Cristiana) quien dijo que no lo pondrá en tabla. Para nosotros sería muy lamentable, porque creemos que después del plebiscito del 25 de octubre y a más de un año del estallido social, es importante este debate, que lo demos de cara a la ciudadanía, que podamos expresar en profundidad nuestro análisis de que en realidad los 2/3 va a funcionar más como un boicot constitucional, más que como la posibilidad de tener grandes acuerdos para una propuesta transformadora de nueva Constitución. Esperamos que, al menos, se pueda iniciar el debate.

¿Cómo calificarías que Walker ni siquiera desea poner en tabla el proyecto?

No se corresponde con un espíritu democrático, por decir lo menos. Nosotros, más allá de las opiniones distintas que puedan tener respecto a la propuesta, que consideren que es mala, que hay que rechazarla, no implica que se evite el debate y la discusión. Mira, el mismo informe sobre la reforma que se generó a partir del acuerdo político de noviembre del año pasado, hace una síntesis que es bastante crítica sobre el tema de los 2/3, dice que es un estándar demasiado alto, que puede convertirse en un arma de doble filo, que la minoría expresada en el tercio pueda tener el control y el poder de decisión (en la Convención Constitucional), que es conocido en la doctrina como la dictadura de la minoría. Eso quedó en el informe entregado a la Sala (de la Cámara) después de la aprobación de la reforma derivada del acuerdo. Además, ya había críticas de las organizaciones sociales y desde la sociedad civil a ese quórum y nosotros consideramos legítimo reabrir ese debate, precisamente para fortalecer el proceso constituyente, su carácter participativo y soberano. Además, fortalecer el carácter de la “hoja en blanco” de la Convención.

Sin embargo, se plantea que este proyecto atenta contra el acuerdo de noviembre, contra lo que se expresó por parte de la ciudadanía en el plebiscito de octubre pasado.

Primero, no es un atentado al acuerdo, porque nadie puede suponer que durante ese debate se hizo todo absolutamente bien y, por tanto, se podría suponer que no se puede perfeccionar. De hecho, ya hubo propuestas para mejorar el proceso constituyente, tanto en materia de escaños reservados, paridad de género, listas de independientes, que buscan de alguna manera ampliar los estándares de participación y de democracia en este proceso constituyente. Nuestra iniciativa apunta en esa dirección. Además, a diferencia de otros países, en el plebiscito nuestro no se consultó a la ciudadanía sobre los términos de la ley 21.200 o el acuerdo. Lo que se consultó fue simplemente si se aprobada o no cambiar la Constitución y mediante qué mecanismo debía cambiarse. Entonces, es muy mañoso y un argumento que trata de distorsionar la realidad el señalar que hay “reglas del juego” que fueron aprobadas y ratificadas por el plebiscito del 25 de octubre, cuando eso no fue consultado, el quórum de los 2/3 no fue aprobado ni ratificado en el plebiscito. Lo que el pueblo ratificó fue lo que valientemente jóvenes y trabajadores, los estudiantes, demandaron durante el estallido social, eso fue lo que se ratificó el 25 de octubre. Todas las otras materias son parte del legítimo debate, que se pueden ir perfeccionando, mejorando.

La propuesta no es solo en relación a  los 2/3.

Nuestra propuesta tiene que ver con cuatro objetivos principales. Primero, diseñar un proceso más constituyente. Segundo, que sea más participativo. Tercero, que dé mayor reconocimiento al pueblo y a los distintos pueblos del país. Y en cuarto lugar, que dé estabilidad y gobernabilidad democrática al proceso y eso significa no incentivar esta posición de minoría que se sigue dando la tarea de impedir el cambio constitucional, como lo expreso claramente Pablo Longueira. Ese es el objetivo central y esperamos que las fuerzas políticas se abran al debate de esta idea, sin caricaturas, sin ataques, sin insultos. Porque este tiene que ser un debate democrático.

¿Esto tiene que ver con esa demanda de darle un carácter más democrático y soberano a la Convención Constitucional?

Absolutamente. La idea es que el proceso de redacción de la nueva Constitución sea más participativo, más democrático y más soberano. Por eso nuestra propuesta tiene que ver con garantizar elementos de participación ciudadana, de darle la posibilidad a la Convención de fijar sus propios quórum y no imponérselos desde el Congreso, y fortalecer la “hoja en blanco”, que no esté controlando el Tribunal Constitucional, ni la Corte Suprema, ni los Tratados de Libre Comercio, sino que la Convención sea soberana en la redacción de la nueva propuesta constitucional.

Hay un tema del uso del veto por la minoría y que afectaría arribar a una nueva Constitución.

Además que los 2/3 no operan como veto recíproco en igualdad de condiciones, es mucho más fácil para una minoría conservadora, o más conveniente, no llegar a acuerdos, y vetar haciendo uso del tercio. Porque de no llegar a acuerdo, sigue la Constitución de 1980. A diferencia de aquellos sectores que son transformadores, y que al no llegar a acuerdo, significa no tener una nueva Constitución. Entonces, no opera de la misma manera el veto, no se usa con reciprocidad, en el caso de los 2/3. Es mucho más perjudicial, en la lógica del veto, para los sectores transformadores, que para los sectores conservadores y neoliberales que quieren hacer prevalecer la Constitución del ’80. Ahí hay un tema central que lo queremos poner sobre la mesa. Creemos que hay muchas organizaciones sociales, que hay una parte importante de la ciudadanía, que quiere que ese debate se dé. Estamos desde el Congreso con la tarea de siempre, de correr el cerco de lo posible. En esa lucha no vamos a bajar los brazos.

Esto se parece a mantener o trasladar candados en la Convención.

Para la experiencia chilena, los 2/3 nunca han sido un camino para grandes acuerdos. Más bien ha servido para que una minoría se imponga y termine agotando y afectando en el sistema democrático e institucional. Cuántas reformas importantes, con gran apoyo ciudadano, se perdieron por el veto de una minoría. Ahora mismo, es posible que se caigan los escaños reservados para pueblos originarios por no contar con el quórum suficiente, con imposición de una minoría. Cuando se discutió el proyecto del derecho del agua, se cayó porque una minoría se impuso a una sustancial mayoría. Hay que considerar que hay un plebiscito de salida en relación a la nueva Constitución, y si no hay una propuesta de texto constitucional lo que va a regir es la Constitución del ’80. Insisto, la minoría que quiere mantener la Constitución del ’80, no tendrán ningún incentivo a negociar y llegar a acuerdos, porque con el tercio podrá vetar, vetar y vetar, porque al final ante el plebiscito de salida prefiere la Constitución de 1980.