El arbitrario quórum para el proceso constitucional acordado por algunos sectores constituirá un nuevo “candado” como legado nefasto de Jaime Guzmán.

José Luis Córdova. Periodista. 19/11/2020. La iniciativa de la diputada Camila Vallejo de poner en discusión el método de la necesidad de obtener 2/3 de la futura Convención Constitucional para aprobar los contenidos de la nueva Carta Magna para el país ha concitado un revuelo tan esperado como ilógico.

En ningún acápite del publicitado acuerdo entre los partidos de la ex Concertación y Chile Vamos del 15 de noviembre, con el que se pretendió acallar la masiva protesta ciudadana contra los abusos, la corrupción, la inequidad y falta de protección de derechos sociales y otras demandas, se habla de temas tan trascendentes como el de los 2/3, como por ejemplo, la paridad de género, los escaños reservados para las etnias originarias y facilidades para la participación de independientes.

La voluntad de la gente expresada en el 80% de votación por el Apruebo en el plebiscito del 25 de octubre pasado demostró la decisión de iniciar un proceso constituyente, con una mayoría más sustancial aún por marginar al Congreso de estas importantes tareas y formar una “convención constitucional”.

Todas las encuestas señalan que la idea de una Asamblea Constituyente, integrada por organizaciones sociales, representantes de colectivos y comunidades a lo largo y ancho del país para un debate franco y abierto desde una “hoja en blanco” era la aspiración de millones de chilenos expresada en las calles desde el 18 de octubre del año pasado.

Los sectores progresistas y realmente democráticos denunciaron en su momento una nueva “cocina” montada para tratar de impedir las crecientes movilizaciones con un “acuerdo” que no fue conocido por la ciudadanía y que excluía la participación paritaria de mujeres, la presencia de representantes de pueblos originarios, dificultaba la integración de ciudadanos independientes e imponía los 2/3 para aprobar los contenidos de la futura carta magna.

Tras debates en el Parlamento -que aún continúan- se aprobó la paridad, se discute el detalle de la integración de las etnias originarias y las condiciones para la participación de los independientes. ¿Cuál sería la razón de excluir de esta discusión el método de votaciones en la Convención Constitucional? Al parecer, la idea es evitar una profunda transformación de nuestra institucionalidad en manos de la inmensa mayoría de la población suficientemente informada, organizada y que logre acuerdos sustanciales sin presiones del gobierno ni los intereses mezquinos de la derecha.

“Respetar la palabra empeñada”, afirman los detractores de la iniciativa de la diputada Vallejo. Como si estos mismos sectores no hayan atropellado nuestra democracia, instaurado una dictadura cívico-militar y la implantación a sangre y fuego un modelo socio-económico, político y cultural que hasta hoy impide un desarrollo económico autónomo, independiente y soberano.

La Convención Constitucional -en que ha devenido la idea de una Asamblea Constituyente- está convocada para convertir a nuestro país en un democracia de verdad, participativa y de derechos sociales protegidos para todos, con recuperación de nuestras riquezas básicas, un modelo solidario de sistema previsional, para una educación, salud, vivienda, medio ambiente y derechos humanos garantizados por una nueva institucionalidad.

El desprestigiado cuerpo de Carabineros de Chile ha sido responsable de una balacera en un hogar de niños del Sename en Talcahuano que culminó con dos menores heridos. Ello es la flagrante demostración del deterioro de un gobierno y su aparato de seguridad, suficientemente cuestionados por la inmensa mayoría de la población. El desplazamiento del general Rozas de la dirección de la policía uniformada es apenas una muestra del poder de esta ciudadanía dispuesta a superar la ineficiencia, la lenidad y la incapacidad de quienes nos gobiernan.

El arbitrario quórum de los 2/3 para el proceso constitucional acordado por algunos sectores constituirá un nuevo “candado” -como llamara Volodia Teitelboim- al antiguo régimen, como legado nefasto de Jaime Guzmán. Las movilizaciones ciudadanas que se mantienen y mantendrán mientras no se avance sustancialmente en el proceso constitucional para transformaciones profundas en nuestra sociedad forman parte de los métodos de un pueblo que perdió el miedo, no tiene confianza en las instituciones y desea firmemente desplazar a las actuales autoridades y sus métodos -del tipo Isapres, Sename, Carabineros y AFP- para conformar un Chile nuevo, democrático y participativo. Los 2/3 impedirán este anhelo ciudadano.