El daño causado a las amistosas e históricas relaciones chileno-venezolanas en los últimos años, ha sido multifacético y muy profundo, olvidando sólidos vínculos entre nuestros pueblos.

 Jorge Vera Castillo. Analista. Nuevamente asistimos a un continuado extravío de la Política Exterior, ahora ejecutado por el actual (tercero de este gobierno) Ministro de Relaciones Exteriores, Andrés Allamand Zavala. El día miércoles 11 de noviembre de 2020, recibió en audiencia a un abogado venezolano, Carlos Andrés Millán Vielma, residente en Chile desde hace un año y ocho meses, pero no por tratarse de un joven colega.

Como debiera ser  conocido, este aparece, desde el martes 22 de septiembre de 2020, como representante “diplomático” del actual presidente de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, quien, como es de público conocimiento, se autoproclamó como presidente “encargado” de esa república, el 23 de enero de 2019, y dicha Asamblea ya está bien declarada en desacato, en el contexto de la actual institucionalidad venezolana vigente.

En términos de Nicanor Parra, se trataría de un presidente “imaginario” o, simplemente, un  “inventado”, que, además, nombra, hasta ahora, a 32 personas para que lo representen en diversos países. Algo muy anómalo e inédito en las relaciones internacionales diplomáticas.

A la vez, se reitera majaderamente que, unos 50, 54 o 60 países lo han reconocido como un “presidente”, sin nunca precisarse exacta y coincidentemente cuáles son, y variando dicha cifra según quién lo argumente o exprese; pero, a la vez, la inmensa mayoría de esos países mantiene relaciones diplomáticas y consulares con el Gobierno del Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros, lo que, obvia e innegablemente, conlleva su pleno reconocimiento.

¿Podría imaginar el lector qué sucedería si todos los presidentes y las presidentas de asambleas legislativas o parlamentos, de todos los continentes, se dedicaran a nombrar a sus representantes personales, en cada uno de los actuales 193 Estados Miembros de la ONU, coexistiendo y/o colisionando con los auténticos Jefes de Misiones Diplomáticas, Embajadoras y Embajadores acreditados, residentes o concurrentes?

Este abogado Millán Vielma, oriundo de Carabobo, reemplaza a una anterior representante “diplomática” que renunció lastimosamente el domingo 31 de mayo de 2020. Cuando esta inició sus “funciones”, el Presidente Piñera -al menos-, intentó ser habiloso al referirse a ella, vía Twitter del martes 29 de enero de 2019, reconociéndola “como representante de la Asamblea Nacional de Venezuela en Chile”, y no como representante “diplomática” o “embajadora”, como la empezaron a denominar, absurda y erróneamente, algunos medios de comunicación social, ciertos analistas, conocidos dirigentes políticos y determinados parlamentarios.

Pero desde la Cancillería y, sucesivamente, los Ministros Ampuero Espinoza y Ribera Neumann, contravinieron en forma contumaz y sistemáticamente la Convención de Viena de Relaciones Diplomáticas, al darle un trato de ceremonial y protocolo, completamente inaceptable para la integridad, prestigio, rigor y seriedad de la Política Exterior Chilena, y sus mejores tradiciones, debiendo sus abnegados funcionarios someterse a unos anómalos procedimientos que continúan afectando negativamente a nuestro Servicio Exterior.

El daño causado a las amistosas e históricas relaciones bilaterales chileno-venezolanas en los últimos años, ha sido multifacético y muy profundo, olvidando los sólidos vínculos entre nuestros pueblos, con una gran responsabilidad ética y política de los gobernantes de Chile, desde aquel fracasado golpe de estado, del jueves 11 de abril de 2002, en la República Bolivariana de Venezuela, en contra del Presidente Constitucional Hugo Rafael Chávez Frías.

Como es conocido, en esa ocasión, el Ministerio de Relaciones y su Ministra, sacaron dos contradictorios comunicados, uno primero inaceptable, por cierto, en que se sostuvo que “el gobierno de Chile lamenta que la conducción del gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática” (culpando, así, en los hechos, de ese golpe de Estado, al propio gobierno del Presidente Chávez Frías), seguidas de confusas declaraciones y precisiones, incluidas del Presidente Lagos Escobar, pretendidamente aclaratorias, y algo rectificatorias, pero ya dañinas, tardías y torpes políticamente, afectando su credibilidad.

Ahora, todo este actual “irrealismo” mágico, es enteramente ridículo, desde todo punto de vista político y de las buenas costumbres y mejores prácticas, comúnmente aceptadas, de la Diplomacia y las Relaciones Internacionales, bilaterales y multilaterales. El autoengaño y la ficción son dos de los peores componentes en la formulación y puesta en práctica de toda Política Exterior.

Además, al mandante del referido representante, le quedan, menos de 50 días en su cargo de presidente de esa Asamblea Nacional, hasta el martes 5 de enero de 2021. Por todo lo anterior, es completamente criticable y muy cuestionable la conducta del Ministro Allamand Zavala, al persistir con esta condenable obstinación en la actual Política Exterior.