Es poco o nada lo que se puede esperar para América Latina de parte de Joe Biden.

El Siglo. El Editorial. 16/11/2020. Es un hecho que Joe Biden asumirá la presidencia de Estados Unidos (EU) en enero próximo. Eso, a pesar de la continua actitud desafiante y hostil de Donald Trump.

Las entidades electorales de ese país, junto a las fuerzas hegemónicas, están asumiendo la resolución del proceso electoral y garantizar que el nuevo mandatario asuma en condiciones de normalidad, en el esquema institucional de Estados Unidos, por cierto, cruzado por imperfecciones y cuestionamientos.

Superado aquello y sin disminuir las consecuencias en política interna -combate al Covid-19, sistema sanitario, empleo, economía, episodios racistas y violentos, acciones de la ultraderecha y los “supremacistas blancos”- desde el punto de vista latinoamericano hay varias situaciones respecto a lo que serán posturas y decisiones de Biden.

No está muy claro el papel que vaya a jugar Susan Rice, quien asumiría como Secretaria de Estado (jefa de la diplomacia estadounidense) y que fue consejera de Seguridad Nacional en la administración de Barack Obama.

Es factible pensar que el nuevo gobierno de EU va a continuar la política agresiva e injerencista en Venezuela y en esa línea Joe Biden repita las acciones desestabilizadoras y agresivas de Obama y de Trump.

Respecto a Cuba, habría la posibilidad de que el nuevo mandatario eche atrás medidas arbitrarias y funestas implementadas por Trump y retome el camino abierto por Obama frente a la isla. Lo que no quiere decir que deje de persistir el ilegal e inhumano bloqueo económico y comercial a la isla desde la potencia del Norte.

Es una incógnita el relacionamiento con México, aunque la política migratoria de Biden, sin alcanzar el estándar que se exige internacionalmente en esta materia, sería menos discriminatoria y criminal que la del magnate republicano.

Tampoco está claro qué ocurrirá con la alianza de hoy entre la Casa Blanca mandatada por Trump  y el ultraderechista brasilero Jair Bolsonaro.

No habría motivos para optimismo respecto a lo que pudiera hacer Joe Biden en relación a gobiernos como los de Bolivia o Nicaragua, asediados hace años por las administraciones estadounidenses. Es muy seguro, por lo demás, que acentuará los nexos con gobiernos de derecha.

Es previsible que en materia comercial y financiera la Casa Blanca continúe velando por sus intereses e insista en alianza con las naciones latinoamericanas, torpedeando acuerdos con China, Rusia, India y la Unión Europea. También en lo político, nada indicaría que ante situaciones específicas, como las próximas elecciones en Venezuela, la Casa Blanca bajo el comando de Biden continúe en planes de intervención e incluso de apoyo a “golpes blancos”.

En definitiva, por mucha expectativa por la situación interna en Estados Unidos y por el significado de la derrota del ultraderechista Donald Trump, es poco o nada lo que se puede esperar para América Latina de parte de Joe Biden.