La concejala del PC que es una opción a la alcaldía de Santiago. Su salto del movimiento estudiantil al territorio y su mirada sobre estigmas hacia las y los comunistas.

Hugo Guzmán. Periodista. 13/11/2020. “Dejar los pies en la calle”. Fue la fórmula que le permitió dar una sorpresa al ser electa concejala de la comuna de Santiago, viniendo del mundo universitario, con militancia comunista y recién aterrizando en el trabajo territorial. Ahora es una opción para la alcaldía de la gravitante comuna. Dependerá de lo que diga la gente en las “primarias ciudadanas” del 6 de diciembre.

Irací Hassler, economista, no proviene como muchas de sus compañeras de partido o de la “Jota” de una familia comunista. Por el contrario, no participan mucho en política, su padre es de derecha. Ella misma ingresó a las Juventudes Comunistas motivada por el movimiento estudiantil del 2011 y de ahí no paró en sus compromisos militantes. Ahora de concejala, se resiste a ser parte de una institucionalidad “muy alejada de la gente, un supuesto republicanismo muy mal entendido” y cuestiona el autoritarismo del alcalde Felipe Alessandri.

A mucha gente le llama la atención tu nombre y tu apellido: Irací Hassler.

Me lo preguntan harto Hugo. Es que el nombre y el apellido son extraños, toda la vida tengo que deletrearlo, me los cambian harto. Es que no son fáciles. Irací es un nombre indígena brasilero, mi mamá es brasilera. Todos mis hermanos tenemos nombres brasileros. El mío significa “reino de las abejas”, en tupí-guaraní. Hassler es un apellido suizo, mi papá es chileno, pero su familia viene de Suiza. Mi nombre es una mezcla bien extraña.

¿Tu familia viene de la política, son comunistas?

Mi familia más cercana, directa, no está relacionada con la actividad política. Pero mi familia brasilera sí, varios son comunistas, mi tía que falleció hace unos años fue un gran referente para mí, mi primo que milita en un Partido Comunista, pero mi familia aquí en Chile no está muy relacionada con la política. De hecho fue bien sorprendente para ellas y ellos cuando entré al Partido Comunista y a algunos no les gustó mucho. A mi mamá le daba un poco de miedo, una se puede ver expuesta a distintas situaciones. Al inicio me llamaba en medio de todas las marchas, y bueno, hay que ver la represión y la agresión que hay en contra de los jóvenes, de los que nos manifestamos, así que algo de razón tenía. Bueno, mi papá es de derecha, pero aun así he recibido apoyo de su parte, a pesar de que tenemos diferencias ideológicas bien profundas.

¿Dónde hiciste tus estudios secundarios y universitarios?

En la comuna de Ñuñoa, en el Colegio Suizo. Después entré a la Universidad de Chile a Ingeniería Comercial con mención en Economía, que es la manera de estudiar economía en nuestro país. Ahora estoy terminando un magister de estudios culturales y de género, también en la Universidad de Chile, pero en la Facultad de Filosofía.

¿Cuándo entraste a las Juventudes Comunistas?

El 2011, cuando estaba en la Universidad, en medio del movimiento estudiantil donde participamos con harta fuerza. Ahí me dieron ganas de participar más ampliamente. Estaba enfocada en mi propia Facultad, en una crítica a la formación en economía, que es una visión muy sesgada, solo fijada en el modelo neoclásico que sustenta el modelo neoliberal, y empezamos a dar discusiones de que la economía es una ciencia social, humana, lo veíamos en una perspectiva crítica, fui consejera de escuela y ahí dimos varias peleas. También nos involucramos en el movimiento estudiantil con objetivos más generales, nos dábamos cuenta que había problemas de fondo, de desigualdad, de una mala educación, el tema del endeudamiento. Me dieron ganas de ser parte de un espacio colectivo que dispute el poder realmente y se pueda articular en distintos espacios, porque la lucha contra el modelo neoliberal debe darse en todos los frentes.

El 2011 había varias organizaciones política juveniles activas. ¿Por qué decidiste ingresar a las JJCC?

Una razón tiene que ver con lo ideológico. En los cursos alternativos en la Universidad, trabajamos harto con Manuel Riesco, con Hugo Fazio, con CENDA (Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo), empecé a leer El Capital, de Karl Marx, vi aquello de cómo se obtenía la plusvalía de trabajadoras y trabajadores, y varios otros elementos. Para mí fue una revelación determinante que me instó a asumir una responsabilidad respecto de la lucha ante la apropiación del trabajo ajeno que hacen los capitalistas y que no permite el desarrollo de las y los trabajadores. Eso fue una parte ideológica que asumí, compartir las ideas comunistas y de transformación. Al mismo tiempo, otra parte, que tiene que ver con algo más práctico. La “Jota” ha jugado un rol muy importante en el movimiento estudiantil, estaba la presidencia de Camila Vallejo en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), y había en mi Facultad un grupo importante de compañeros y compañeras de la “Jota” con quienes trabajamos. Comparando con otras organizaciones, vi en la “Jota” una mayor posibilidad de transformación estructural de toda la sociedad, no solamente en el espacio educativo o universitario.

¿En la Universidad fuiste dirigente, ocupaste cargos en las Juventudes Comunistas?

Sí, me tocó asumir varias responsabilidades. En la Facultad fui delegada de mi generación y participé en el Consejo de la Facultad, fui consejera de escuela y luego asumí como senadora universitaria, que fue una experiencia muy especial, distinta a lo que había vivido como dirigenta estudiantil, porque es un espacio de pensar la Universidad desde los distintos espacios que la conforman, los estudiantes, los funcionarios, profesores. También de jugar un rol de fiscalización, de aprobación de presupuestos, de proyectos. El 2014 fui dirigenta de la FECH, fui secretaria general. Internamente en las Juventudes Comunistas asumí como encargada de masas de mi base, después fui miembro de la dirección de estudiantes comunistas, y luego asumí como miembro del Comité Central de la “Jota” y miembro de su dirección ejecutiva. Fue una de las mayores responsabilidades que asumí. En esos años fui aprendiendo de nuestra organización y cumpliendo distintos roles, fui encargada de género, de finanzas, municipal.

¿Eres militante de las Juventudes Comunistas todavía?

No. El 2018 pasé a integrar el Partido Comunista.

“Me golpeó conocer la precariedad, la pobreza”

Estabas inserta en la lucha estudiantil. ¿En qué momento das el salto de insertarte en las batallas territoriales, comunales? Porque pudiste seguir en el área académica, universitaria.

Valoro mucho la lucha universitaria, toda esa experiencia del 2011, pero creo que para una se agotan o cambian ciertos espacios. Quería conocer otros espacios y quería trabajar en territorios. Mira, yo había postulado, en esos años, a un magister en políticas públicas, había quedado, pero le di una vuelta y me dije que no, que era momento de salir de ese espacio, abrir la mente, ir a otro espacio, y partí al espacio comunal. Yo ya vivía en la comuna de Santiago, así que ya tenía un espacio. Fui conociendo los espacios comunitarios, los barrios, el patrimonio, las comunidades educativas -tenemos 44 establecimientos educacionales municipales-, el comercio, el turismo, que componen esta comuna de más de 500 mil habitantes y miles que vienen y pasan por la comuna. Ahora, desde la concejalía, sigo con ganas de estudiar, de seguir aprendiendo, y el magister cultural y de género que desarrollé fue bien interesante para el trabajo territorial y social.

Llevas varios años trabajando en la comuna de Santiago. Conoces a la gente, a los migrantes, a los adultos mayores, a los jóvenes, los cité, la convivencia en plazas, la pobreza, la realidad en colegios. ¿Qué ha significado afectivamente?

Algo muy fuerte. Me golpeó conocer la precariedad, la pobreza que existe en la comuna de Santiago. Ver el abandono, la discriminación, la falta de condiciones básicas para poder vivir, el hacinamiento, el miedo permanente a los incendios por sobre carga eléctrica, los arriendo abusivos, la realidad de los adultos mayores. Esta es una comuna maravillosa, con tremendo potencial, pero también con mucha pobreza, que muchas veces está escondida. Recordemos que el ex ministro Jaime Mañalich, cuando estaba en Salud, vino al barrio Yungay y dijo que no conocía ese nivel de hacinamiento, lo que nos pareció muy grave porque estaba tomando decisiones en términos sanitarios. Es doloroso ver las carencias y las necesidades de tantas familias. Porque la concejalía tiene atribuciones acotadas. Me gustaría hacer mucho más, pero estamos acotados. Pero hemos conseguido objetivos y trabajamos con las comunidades en defender y apoyar sus demandas, movilizarnos, y trabajar para cambiar esta realidad.

Pero vemos tope en la institucionalidad, en la Constitución y particularmente en la administración municipal que no escucha o no recoge propuestas por cuestiones políticas, lo que tiene consecuencias en los vecinos y las vecinas. A veces hay frustración de querer hacer mucho más, de poder cambiar más las cosas con las comunidades organizadas, con las y los vecinos, con sus organizaciones, y para eso trabajamos, a pesar de lo acotado institucionalmente que estamos y de una mala política de la actual administración municipal.

 

“Dejar los pies en la calle”

La primera vez que te presentaste como candidata a concejala ganaste.

Sí, claro.

¿Cómo lo lograste? Es difícil salir electa la primera vez. Yo escuché que era difícil que fueras electa. ¿Dónde estuvo la fórmula para haber salido?, en una comuna como Santiago.

En dejar los pies en la calle. Eso es lo más importante.

¿Y más de la fórmula?

Yo venía del movimiento estudiantil, sin arraigo territorial ni en Santiago. No tenía conocimiento territorial como para enfrentar una campaña. Entonces lo fundamental fue hablar con las personas, conocerlas, andar en la calles, ir a los barrios, conocer directamente las realidades, estar en las calles, en los lugares. Y el rol de las Juventudes Comunista fue clave. Porque la campaña la impulsamos esencialmente con la “Jota” y había una juventud motivada, con ganas, comprometida, que estaba en la calle todos los días. Creo que eso fue determinante.

¿Cómo te recibían?

Muy bien, con mucha conversación. Había una valoración hacia los jóvenes, había un reconocimiento al movimiento estudiantil del que venía, si bien no me conocían directamente sí conocían al movimiento y por eso recibimos un respaldo. Todavía existe esa valoración de la juventud.

¿Fue sorpresivo cuando supiste que habías ganado una concejalía en Santiago?

Me sentí muy contenta y muy feliz. Una siempre tiene la duda hasta el último momento, pero no sé si fue tan sorpresivo. Hay dudas, expectativas, una piensa si la gente fue o no a votar, así que en el momento de ganar fue una mezcla de sorpresa, de satisfacción y de alegría.

Después de estar en la calle, en los barrios, llegaste a un gran salón, al espacio institucional del Concejo Municipal. ¿Te costó adaptarte?

Me cuesta hasta el día de hoy. En parte porque de manera natural me cuesta, y en parte porque no estoy dispuesta a adaptarme a esa institucionalidad. Porque es una institucionalidad muy alejada de la gente, un supuesto republicanismo muy mal entendido, una separación de ese espacio institucional de la política en la calle, de lo que pasa en la comuna. He sido bien contraria a asumir esas adaptaciones que se supone hay que hacer. Claro, hay cosas formales que se deben hacer, pero eso no me cuesta tanto. Una habla fuerte en una asamblea y también habla fuerte en el Concejo. Es como una resistencia a esta institucionalidad y a este alejamiento de la gente.

¿Cómo te llevas con el alcalde Felipe Alessandri? ¿Bien, mal, más o menos?

Entre más o menos y mal.

¿Hay problemas en el relacionamiento dentro de la actividad municipal?

No ha sido fácil la relación con el alcalde Alessandri. Obviamente nos saludamos cordialmente, pero creo que él tiene unos ribetes autoritarios, se le salen elementos de su autoritarismo, de su anticomunismo, hay ocasiones en que ni siquiera contesta preguntas o emplazamientos. También tiene que ver con su mirada contraria al movimiento ciudadano y a la movilización social. En eso hemos tenido encuentros muy fuertes con el alcalde y creo que han costado una relación que pudiera haber sido de más colaboración. Hemos hecho hartas propuestos al Concejo Municipal y la mayoría de las veces prefiere no acogerlas, solo decir “lo vamos a discutir concejala”, así que no hemos podido generar una relación de mayor contribución que hemos buscado. Pero él no ha tenido esa intención.

La candidatura a alcaldesa

¿Por qué decidiste ir de candidata a alcaldesa y no seguir de concejala?

Abrimos un proceso en la comuna de Santiago que es lo de la Alcaldía Constituyente. Me siento muy parte de esa construcción, y no lo veo en lo electoral de ahora, tiene que ver con el rol que hemos podido construir con las comunidades hace tiempo, con los colectivos, con vecinas y vecinos, con comunidades educativas, que quieren empoderarse para hacer cambios a favor de la comuna. Es un proceso que logró una unidad entre lo social y lo político con miras a la transformación de nuestra comuna y creo que es un proceso inédito en términos de la participación. Hemos abierto una puerta desde la comuna de Santiago, como desde el ámbito nacional, con el proceso constituyente, que es una esperanza, una alegría y es una responsabilidad.

Estando yo como concejala hace cuatro años, venir del movimiento estudiantil, de una valoración que hay hacia la juventud, sentí que podía asumir esa responsabilidad. Además, es una valoración y una propuesta que viene desde organizaciones sociales, que de hecho inscribieron nuestra candidatura, y que nos llamaron a la posibilidad de jugar este rol. Hoy la idea es que la gente decida, por eso me parece tan relevante las primarias ciudadanas que haremos. Vamos a presentar nuestras propuestas, nuestras capacidades, nuestra experiencia, nuestro programa, y serán las vecinas y vecinos quienes decidan si nosotros seremos los que le disputemos la alcaldía a Alessandri en abril. Si así lo deciden, iré con muchas ganas, con mucha convicción, en un rol que no es personal. Porque una sola persona no puede hacer los cambios y cumplir los anhelos, se trata de un colectivo, de confiar en el pueblo, en las organizaciones, en las comunidades, y así se podrán hacer grandes cosas y me gustaría jugar un rol importante en ese camino.

¿Cómo serán estas primarias en Santiago?

Se llaman primarias ciudadanas de la Alcaldía Constituyente. La Alcaldía Constituyente agrupa a más de 45 organizaciones de la comuna y lleva más de un año de la construcción abierta programática, que ahora estamos presentando a vecinas y vecinos. Eso va a tener un proceso de profundización después de estas primarias del 6 de diciembre. Entre las organizaciones que participan hay 17 que son políticas, entre partidos, movimientos, redes, que abarcan el espectro de la izquierda, en general, incluye al Partido Comunista, al Partido Progresista, al Frente Amplio, al Partido Igualdad, Red Territorio, Línea Popular, Victoria Popular, entre otros. En términos de representaciones sociales, hay ocho Juntas de Vecinos, organizaciones del patrimonio, de mujeres, de la diversidad sexual, medioambientales.

Una vez que esa primaria elija a la candidata o candidato, ¿están dispuestos a definir el o la candidata común con la ex Concertación o Unidad Constituyente?

Es un tema que tenemos que discutir en la asamblea de la Alcaldía Constituyente.

En lo que viene para la comuna de Santiago, en general, ¿dónde situarías ejes básicos a enfrentar en el futuro?

En términos generales, nuestro proyecto encarna el momento de cambios sociales y políticos que vive el país y por tanto el elemento constituyente que se discuta a nivel nacional es determinante en la propuesta de Alcaldía Constituyente que hemos construido. Busca poner la dignidad en el centro y un buen vivir en los barrios.

Un elemento clave es una propuesta de co-gobierno del municipio con las organizaciones sociales y las vecinas u vecinos. Eso lo queremos a nivel comunal y en cada uno de nuestros barrios, empoderando al territorio en las decisiones. Por tanto, el elemento democratizador es fundamental en este proceso. Hemos hablado de una democracia constituyente, no de esta democracia a medias, simbólica, sino que efectivamente la ciudadanía pueda decidir cómo vivir en su territorio.

También es fundamental un cambio drástico en educación, porque hay una criminalización y persecución de las comunidad educativas, represión permanente, que generó un daño profundo en las comunidades educativas. Tenemos comunidades educativas con capacidad de organización, de trabajo, crítica, y con ellas tenemos que sanar, construir y llevar adelante un nuevo proyecto de diálogo. Lo otro, es que planteamos un proyecto sustentable, que pone en relevancia el cambio climático y que requiere de una nueva política que, por ejemplo, repare y potencie los parques públicos, porque hay una pérdida grande de nuestro patrimonio ambiental, de pulmones verdes que no son solo para nuestra comuna sino para la Región Metropolitana. Hay que avanzar en seguridad en el ámbito preventivo, que es algo que está afectando a vecinas y vecinos, tenemos que anteponernos a situaciones de delincuencia. Además tenemos un proyecto feminista que recoge el momento de transformación en que estamos, para terminar de una vez por todas con una relación de desigualdad, de discriminación, de aquello que fue definido como lo masculino por sobre lo femenino, tenemos que terminar con la violencia contra las mujeres, con el no reconocimiento del trabajo doméstico, de cuidado y de crianza, eso hay que apoyarlo muchísimo más desde el espacio municipal. Bueno, está el tema migratorio, tenemos miles de personas migrantes en la comuna y hay que trabajar elementos de convivencia, de asegurar derechos, de regularización, de empleo.

“Se nos da un proceso de cercanía natural con el movimiento social”

Tú eres militante comunista. Uno sigue escuchando estigmatizaciones. Que el alcalde Daniel Jadue no podría ser Presidente porque es comunista, que quizá tú no puedes ser alcaldesa de Santiago porque eres comunista. Sin embargo, se ve, objetivamente, el trabajo de los comunistas. ¿Cómo ves en este momento este tema del anticomunismo y de estigmatización de las y los comunistas? ¿Qué te pasa con esa construcción sobre los comunistas? ¿Ayuda la labor de ustedes a cambiar aquello?

Hay una estigmatización que viene desde quienes ganaron, por decirlo de alguna manera, en las últimas décadas en nuestro país e impusieron un modelo determinado. Impusieron también un miedo, una estigmatización permanente, usaron para eso los medios de comunicación y a actores y actoras políticas. Sin embargo, creo que fue cambiando, y no es tan fuerte en la población como lo es en los discursos públicos que tienen mucha visibilización, considerando la conformación que tienen los medios de comunicación masiva en nuestro país.

El actuar cotidiano, el conocernos, el desmitificar algunas cosas, el romper con creencias. El alcalde Daniel Jadue, cuando nos acompañó en la firma de las farmacias populares aquí en Santiago, les dijo a las vecinas y vecinos que les tenía una buena noticia, que no se había comido a ninguna guagua en todos estos años en la comuna de Recoleta, haciendo una humorada de las cosas que quieren instalar de los comunistas. Y es que hay gente que instala ese tipo de discursos y es bien chocante. Pero la gente cuando nos conoce, nos ve, nos ve trabajando, se dan cuenta que somos seres humanos comprometidos, con convicciones, y que queremos cambiar las cosas porque están mal. Hay gente como nosotras y nosotros que quiere cambiar las cosas, quiere hacer lo mismo que nosotros, que quiere participar y que no tiene prejuicios sobre los comunistas. Hay gente que ha ido desmantelando prejuicios en el trabajo práctico, en la experiencia. Mira, personas que no son militantes comunistas, han recibido la misma estigmatización. Porque cuando salen a manifestarse les dicen que son comunistas, cuando alegan por algo les dicen que son comunistas, cuando llaman a organizarse les dicen que son comunistas. Así que la gente que busca sus derechos, que quiere transformaciones, que busca justicia, se siente representada con nuestras luchas.

Ahora, sí creo que tanto al Partido Comunista, como a las Juventudes Comunistas, y a otras organizaciones, nos faltan mayores reflexiones sobre el momento que vivimos para poder relacionarnos más y mejor con el movimiento social y de masas y jugar un rol de articulación más potente con la ciudadanía movilizada. Es cierto que hoy ningún partido político puede arrogarse la representación de lo que sucedió en el último año. En todo caso, a nosotras y nosotros se nos da un proceso de cercanía natural con el movimiento social, porque muchos temas y muchas batallas que están sobre la mesa los planteamos hace varios años. Tenemos cercanía con el movimiento social pero hay mucho que trabajar en este reordenamiento y en lo que debe ser un acercamiento con lo político que no necesariamente o solamente cabe dentro de los partidos.