Frente a este desafío, que sin duda es político, se agita la legítima bandera de asegurar la presencia ciudadana.

Juan Gajardo. Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista. 01/11/2020. Transcurrida una semana luego del histórico triunfo en el plebiscito, son variados los análisis que buscan interpretar lo sucedido. Se destaca, que a pesar de la pandemia vigente, la participación electoral fue mayor que en cualquier proceso anterior. También es nítido el contraste  en los resultados de las tres comunas que concentran a las élites de este país y las comunas pobres que concentran a los pobladores que padecen de este sistema. Se pueden hacer derivaciones sobre la participación de la población que habita zonas urbanas o zonas rurales. Pero, sin duda, lo relevante es la voluntad popular, expresada tajantemente, para superar el marco institucional establecido por la constitución heredada de la dictadura, como condición necesaria para construir un país diferente al que actualmente tenemos.

Frente a este desafío, que sin duda es político, se agita la legítima bandera de asegurar la presencia ciudadana en la futura Convención Constitucional, como una garantía cierta de logro de un nuevo estadio democrático. Eso, sin embargo, no ha inhibido a algunos sectores políticos del espectro opositor, con roles relevantes en este periodo de 30 años, a buscar erigirse en sumos representantes de las aspiraciones populares. Pretensión carente de justificación si no  parte de una autocrítica de cuál ha sido su quehacer durante estos años, incluida la conducta de algunos de ellos con la actual administración, evidenciada por ejemplo en las votaciones de proyectos represivos en el Parlamento. La derecha, golpeada por la contundencia de su derrota, no pierde de vista su objetivo estratégico y buscará los mecanismos para entrabar todo cambio significativo a la constitución que modifique su actual status. Ante esto, los partidos y movimientos políticos que deseen asumir la voluntad popular, deben comprometerse porque en la futura Convención Constitucional tengan representación expresiones del mundo social que posibilitaron con su movilización el plebiscito, lo cual no significa excluirse de participar en esta instancia, pero además a insistir en democratizar plenamente este espacio, en que junto a la paridad de género se incorporen representaciones de los pueblos originarios y también considerar  la presencia de compatriotas que por diversas razones viven fuera de Chile.

La relación entre movimiento social y expresión política tiene desde siempre complejidades. Más de un partido busca escamotear el rol del movimiento social, pensando, aunque no expresándolo “ustedes hicieron su parte, ahora déjennos a nosotros que sabemos, articular políticamente”. De otra parte, expresiones del mundo social, al no asumir la proyección política de la demanda de una nueva Constitución, tienden a encapsular el movimiento, lo que se manifiesta en criterios como “sólo nosotros nos representamos fielmente a nosotros” y, en consecuencia, este movimiento, “mi movimiento”, debe estar representado en la Convención Constitucional. En caso contrario, esta pierde validez. No es el caso de movimientos que  no se pueden dejar de considerar como presencias necesarias en la redacción de la nueva Constitución; nos referimos, por ejemplo, a representantes provenientes del mundo sindical y del movimiento feminista, por consignar dos expresiones del movimiento social que por la solidez de sus planteamientos programáticos y su participación en el levantamiento social debiesen tener representación. Lo fundamental es que más allá de los convencionales que resulten electos, que siempre estarán limitados a una cantidad ínfima, debe ser el movimiento social en su conjunto el que sin desmovilizarse, siga bregando por sus demandas.

En este cuadro, los militantes comunistas continúan desarrollando su Congreso, ya a nivel de comunas. La relación entre la actividad partidaria y el movimiento social en todas sus ricas expresiones se ha convertido en uno de los temas centrales de la discusión. En esta discusión la reiteración de la necesidad de un Partido con mayor presencia pero también incidencia en el movimiento social resalta como necesidad. Hay una legítima valoración que ha sido nuestra inserción en las organizaciones sociales, lo que nos ha posibilitado participar con propiedad y sin cuestionamientos en todo el proceso  que estamos viviendo.  La enseñanza de Recabarren, de avanzar en lo político ligados siempre al movimiento social y sus reivindicaciones, adquiere hoy mayor validez. La resolución en términos positivos para los intereses de las mayorías de los nudos presentes en el actual proceso, dependerá en grado significativo de conjugar adecuadamente estas dos dimensiones de la lucha de clases.

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