Decir que lo que está en discusión es un proyecto país puede ser un lugar común si no lo anclamos en la realidad de lo que estamos viviendo.

Juan Gajardo. Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista. 25/10/2020. El pueblo de Chile celebra una gran victoria. Por primera vez en la historia de esta República fue un levantamiento popular, del cual se hizo parte una mayoría de la población, lo que  generó las condiciones para superar definitivamente la herencia institucional más significativa de la dictadura: su Constitución. La masiva concurrencia para sufragar en la jornada plebiscitaria de este domingo ratificó la voluntad generalizada de hacerse partícipe de este proceso. De acuerdo a los recuentos oficiales votaron cerca de 8 millones de chilen@s  y de ell@s,  un  78% marcó la opción Apruebo cambiar la Constitución y un   porcentaje similar señaló que ese cambio deberá ser a través de una Convención Constitucional.

Es una primera meta lograda en este nuevo ciclo histórico abierto el 18 de octubre del pasado año. Significativo, por cierto, pero que necesita ser acompañado por otro conjunto de logros para poder producir los cambios substanciales que nuestra sociedad necesita en beneficio de las mayorías.

Decir que lo que está en discusión es un proyecto país puede ser un lugar común si no lo anclamos en la realidad de lo que estamos viviendo. Y en esa realidad pervive un proyecto neoliberal, que buscará reinventarse y reencantar para seguir predominando. No se debe obviar que, con levantamiento social y pandemia, un poderoso sector minoritario de nuestro país ha seguido acumulando riquezas y obteniendo ganancias, en concordancia con el comportamiento de las economías de las naciones capitalistas desarrolladas. Para ellos, una acentuación del neoliberalismo requiere de un sistema político elitizado, que puede adquirir diversas formas, pero que en definitiva reafirme el control pleno del capital de todo el proceso productivo.  También hoy en el espacio político se expresa el “gatopardismo”, es decir, aquellos que llaman a cambiar para que todo siga igual. Expresan diferencias con el modelo dominante pero comparten alguno de sus supuestos básicos. Finalmente estamos quienes nos declaramos anti neoliberales, porque estamos convencidos y la realidad nos respalda, que el sistema impuesto a partir de la dictadura, además de ser injusto para una mayoría de la población, inhibe un desarrollo integral y sustentable de nuestro país.

El pueblo necesita seguir movilizado haciendo de la calle su espacio natural de expresión. Pero ese esfuerzo se pierde si no logra direccionarse tras objetivos concretos. Y ese es el rol de lo político. Y no estamos hablando necesariamente de este sistema político con sus partidos, donde sin duda todos buscan/buscamos/ jugar un rol. Va más allá. Es lograr representar una visión integral de la sociedad y frente al Estado. Y eso no es función de un movimiento social, por politizado que esté. El movimiento social, por definición,   representa intereses limitados a su ámbito de acción. Algunos teóricos post marxistas afirman que radicalizar estos movimientos, para que en su área específica logren el mayor avance posible, es la única forma de tender a una democratización de la sociedad. Ellos renuncian así a la posibilidad de una transformación plena de la sociedad. Al declararnos anti neoliberales estamos afirmando la aspiración a otro sistema, del cual no tenemos recetas pero sí los objetivos que el pueblo corea como sus demandas.

Las alianzas políticas buscan generar las correlaciones de fuerzas suficientes para la realización de objetivos políticos. Luego de los resultados de hoy, y teniendo presente la seguidilla de procesos electorales establecidos para el próximo año, muchos tenderán a  llamar a la unidad  más amplia de quienes estuvimos por la opción Apruebo-Convención Constitucional. Y nadie podría negarse a tan loable propósito, siempre que no sea sólo en lo formal y desvirtúe los objetivos más de fondo.

No exigimos a nadie declararse anti neoliberal, pero tampoco se nos puede exigir adhesión a criterios y políticas que no compartimos. No está en este predicamento ni sectarismos, ni principismos, sino la responsabilidad de pactar acuerdos en base a mínimos comunes, que podamos explicitar a la mayoría de quienes no militan y sí tienen una aprendida animadversión hacia la política. La buscada derrota estratégica de la derecha se dará marcando con claridad nuestras diferencias con ella. Hoy nos hacemos parte de una victoria significativa y necesaria, en la cual hemos aportado trabajo, esfuerzo y convicción, al igual que otros sectores políticos y muchas y muchos, que sin reconocer tienda política, se sumaron a esta jornada. Con tod@s ell@s debemos seguir trabajando, no obviando las diferencias pero haciendo prevalecer el esfuerzo común por construir un Chile Digno y Democrático.