El tema que es eje en la agenda nacional, fue abordado en entrevista por el abogado constitucionalista Carlos Arrúe.

Macarena Benítez. Periodista. Valparaíso. 24/10/2020. A un día del plebiscito, conversamos con el abogado constitucionalista Carlos Arrúe, encargado de la Comisión Constituyente del Partido Comunista, sobre este episodio histórico, y temas que vendrán después como parte del proceso constituyente hacia una nueva Constitución: la importancia de los quórum, la paridad y el rol de la mujer en este proceso, la manipulación de la derecha y de los medios de comunicación sistémicos y cuáles son, a su juicio, los cinco puntos que no pueden quedar fuera en la redacción del nuevo texto constitucional que reivindica el pueblo y que este domingo puede tener un paso decisivo.

¿Qué te parece la manipulación de medios como El Mercurio para confundir a la población sobre este proceso, sobre todo con aquello del quórum de 2/3 para aprobar contenidos, incluso citándote en sus editoriales porque afirmaste que ese quórum se puede cambiar en la Convención Constitucional?

Lo que pasa es que históricamente la elite chilena está representada por El Mercurio y esta elite tiene un enorme desprecio por el pueblo. Esta actitud despectiva que tienen con el pueblo, este ninguneo, este sentir que pueden hacer lo que quieren sin tener que rendirle cuentas al pueblo, creo que subyace en ese rechazo a lo que nosotros afirmamos y que es reconocer algo que es total y absolutamente lógico en virtud de la autodeterminación de los pueblos -que es un derecho consagrado en los tratados internacionales-, y que señala que los pueblos pueden darse los ordenamientos políticos e institucionales que ellos estimen y en ese contexto, si el pueblo decide que debe darse una Constitución con determinadas características se tiene que respetar esa definición.

Con los dos tercios pasa que limita ese pronunciamiento. ¿Por qué lo limita? Porque se genera la posibilidad de un veto por parte de un tercio y cuando uno dice que eso se puede modificar, lo que está diciéndole a la elite es que su poder está sustentado en una falsa creencia, pues su poder  no está por encima del pueblo. Así ha sido por siglos, pero eso está cambiando notoriamente desde las últimas décadas y justamente ese poder que están perdiendo es lo que les duele a El Mercurio y la elite que representa.

El problema del quórum tiene que ver fundamentalmente con la idea de cómo se generan acuerdos y la verdad es que el acuerdo importante y significativo no se genera por efecto de un quórum de dos tercios, porque lo que va a suceder con ese quórum es que basta un tercio para vetar lo que los otros dos tercios están proponiendo y entonces el juego siempre va a ser para todas las fuerzas políticas tener un tercio, ya sea de derecha o de izquierda. Tener un tercio te permite inhibir lo que tus adversarios buscan y ahí la Democracia Cristiana va a cometer un error si empieza a ser bisagra porque finalmente no va a ser así.

El ex presidente de Colombia, Ernesto Samper, planteó que el quórum ideal que es el que tuvieron en ese país cuando estaban en guerra interna en 1990. Era el de mayoría absoluta de 51%, entonces no se explica por qué para la Constitución chilena se propone un quórum de dos tercios.

Un órgano constituyente puede eventualmente decidir otra regla y yo esperaría que se reconozca ese derecho del pueblo de establecer una regla distinta de quórum que le permite llegar a grandes acuerdos porque, repito, los grandes acuerdos no son de dos tercios, los grandes acuerdos son los democráticos que se toman con un 51% o a lo más, un 60%.

Parte de la campaña del terror de la opción del Rechazo es que la Convención Constitucional tendrían un costo en dinero mucho mayor para el país que una Constitución Mixta.

La democracia no debiera poder cuantificarse. Uno podría decir que la multa que se le rebajó a Ponce Lerou, una rebaja de un 95%, de 62 millones de dólares a sólo 3 millones de dólares, es un costo para el país, para los ingresos del Fisco. Solo con esos millones de dólares de esa rebaja, se podría haber financiado cualquier tipo de actividad política si uno piensa en lo que cuesta mantener, por ejemplo, el Congreso al año, y que es un número muy inferior a esa cifra.

El punto del debate no debe ser cuánto cuesta un proceso constituyente, lo importante es cautelar la democracia, la eficiencia de ésta y la capacidad que el sistema tiene de pronunciarse en torno a temas fundamentales. Tengo la impresión que recurrir a los argumentos sobre el costo no corresponde y no corresponde porque en primer lugar los costos no son altos y en segundo lugar, como dije, hay que fortalecer y cautelar la democracia y eso implica gastos. Cuando el tema del costo opera en dirección hacia la elite, entonces ahí los costos no importan. Como dato, al hablar del costo que le ha significado al país mantener a la banca y a la gran empresa en condiciones de solvencia durante la pandemia, estamos hablando de miles de millones de dólares, ahí no se dice nada por parte de los mismos que ahora cuestionan los millones de pesos más que podría costar una Convención Constitucional.

El diputado Hugo Gutiérrez presentó una indicación que garantiza la participación de independientes, pero ésta no fructificó en la Cámara de Diputadas y Diputados, mientras la derecha habla de efecto de dispersión electoral por posible existencia de muchas listas de independientes.

Es muy importante dar cuenta que en las sociedades donde se plantean procesos constitucionales es porque la Constitución entró en crisis, existe una confianza quebrada en la institucionalidad y, por ende, las personas no confían en general en los partidos políticos y ven que son los responsables de la situación en que estamos. La gente se interroga respecto a cómo van a ser ellos los que te saquen del problema que ellos mismos crearon. La gente hace esa deducción que es lógica y piensa que tal vez es bueno replantearse la forma de hacer política. Por eso es frecuente en la historia que se planteen posiciones políticas que se dicen no ser de derecha ni de izquierda y hemos visto en otros países que la demanda es “que se vayan todos”. Eso pasa porque la gente básicamente está cabreada.

La indicación del diputado Gutiérrez iba en función de recoger eso, es decir, recoger que hay mucha gente que sintiéndose comprometida con el país, con las aspiraciones sociales de las personas, sienten que no tienen espacio ni en la derecha ni en la izquierda y uno tiene que asumir que efectivamente hay una visión política de país que se tiene que atender.

Por eso se justifica plenamente el llevar candidaturas independientes fuera de los pactos, porque efectivamente si Revolución Democrática, si el Partido Comunista, si la Unión Demócrata Independiente, llevan a independientes, sin ninguna duda que un independiente dentro de la lista de la UDI no va a ser cercano a las posiciones del PC, lo mismo a la inversa. Hay independientes que no se identifican así y sí están a favor de otro tipo de democracia y sienten la necesidad de expresarlo con mayor soltura.

Tampoco comparto que los requisitos sean tan elevados para que se puedan inscribir, creo que basta con una cantidad de firmas, que no creo que deban establecerse en 20 mil o 30 mil. Esto implica hacernos cargo de la realidad.

Mucho se ha destacado de la oportunidad histórica de una construcción paritaria en esta nueva Constitución, lo que marcaría un precedente para el mundo.

El Partido Comunista fue el primero en plantear esto y caracterizó su posición tras el acuerdo del 15 de noviembre en que no participó. Se sostuvo que la nueva Constitución debiese definirse por una Asamblea Constituyente, democrática, participativa, paritaria, con escaños reservados para pueblos indígenas.  Ahora tenemos una Convención Constitucional de forma paritaria que es el primer órgano en la historia del mundo que va a ser paritario y eso es algo que hay que celebrar junto con destacar que esto es fruto y resultado concreto de la lucha de las mujeres por la igualdad de derecho y me parece importantísimo.

Considerando que se cumplió un año del estallido social y también, tomando en cuenta las masivas manifestaciones en las calles por el cierre de la campaña, ¿cuál es tu pronóstico para mañana?

Tengo la sensación que van a votar a lo menos 9 millones de personas y con un padrón electoral de casi 15 millones, eso representa un 60% de la población. En ese sentido, cualquier cifra que represente el 45% o más, creo que va ser un éxito en consideración a la participación histórica de la población chilena que ha sido de un 40% o 45% y también teniendo en cuenta que los procesos de entrada a los procesos constituyentes, como ha sido en otros países, cuesta mucho llevar a la gente a la primera votación, porque no confían. Llegar al 60% o superarlo, es un éxito desde todo punto de vista y si fuera así, el proceso queda absolutamente legitimado. Dificulto que la opción del Rechazo saque más que 2.4 o 2.5 millones de votos y eso, en el mejor de los casos.

Son muchos los temas que la ciudadanía desea que sean incluidos en la nueva Constitución, que dejará atrás el texto pinochetista, pero cuales serían para ti los cinco puntos esenciales que no pueden quedar fuera.

Lo primero es radicar la soberanía en el pueblo porque así se reconoce al pueblo como una categoría jurídica, como un mandante de los poderes del Estado y no como sucede ahora que es la nación, que es una cuestión absolutamente interpretable e incomprensible.

La voluntad del pueblo expresada como acto político se llama soberanía y eso debe quedar claramente consignado en la Constitución.

En un segundo punto está la democracia participativa con miras a que la participación debe ser importante y significativa en todo nivel y con eso me refiero a los barrios, a los municipios, en los procesos electorales y también en los procesos revocatorios de los mandatos si el pueblo estima que sus representantes no cumplen con la finalidad para la que fueron electos. Y el hecho de que sea participativa tiene que tener como característica principal el hecho que sea paritaria.

Lo tercero que se vuelve un aspecto relevante es que el Estado subsidiario debe ser reemplazado por un Estado social y democrático de derecho, lo que implica básicamente hacer que el Estado juegue un rol importante desde el punto de vista económico para corregir la desigualdad en la distribución del poder y  de la riqueza  y puede a través de su acción concreta, propender a la realización de derechos sociales reemplazando el mercado como asignador de recursos y dejando que la democracia sea la que asigne los recursos, es decir, cómo se distribuye, dónde se generan y cómo se asignan.

En cuarto lugar, es vital que se reconozca el carácter plurinacional del Estado y que se reconozca efectivamente el despojo que hubo por parte del Estado chileno y que ese reconocimiento sea histórico.

Por último, desde el punto de vista de la construcción de estas ideas fundamentales para la nueva constitución tiene que ver con la configuración del modelo de desarrollo que propenda a una diversificación de la matriz productiva, a la posibilidad de agregar valor en Chile, a la creación de un nuevo sistema de propiedad y a hacia la autonomía legal y no constitucional del Banco Central como es en la actualidad. Con estas medidas vamos a tener las bases para crear recursos para poder financiar los derechos sociales, porque éstos no se financian sobre la base de voluntad, se financian sobre la base de un Estado económicamente activo.

 

 

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