Debemos tener claro que durante todo el proceso constituyente que iniciamos este 25 de octubre, cada día irá siendo más complejo.

Marisela Santibáñez Novoa. Diputada. PC. 23/10/2020.  Durante el último año, hemos vivido uno de los momentos más épicos de nuestra historia reciente y que de alguna forma se materializará éste 25 de octubre, cuando por primera vez todos y todas daremos el primer paso para una nueva Constitución en democracia. A sólo dos días de vivir esta votación, que puede cambiar el curso de nuestro país, debemos re-afirmar nuestras convicciones porque inicia una nueva cruzada de grandes y complejos desafíos para nuestro pueblo, que con mucha alegría, fuerza y rebeldía ha sabido presionar y poner sobre la mesa su única y gran ambición: conseguir DIGNIDAD PLENA.

Este 25 de octubre confiamos en que la opción ganadora será la del triunfo del APRUEBO y de la CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL, siendo el primer gran paso que daremos para construir juntos ese Nuevo Chile que soñamos, sin embargo, debemos tener claro que ese camino comienza este domingo y al avanzar nadie nos asegura que estaremos exentos de complejidades.

El APRUEBO por sí solo, no nos garantiza un triunfo que logre materializar la ruta que ha iniciado la ciudadanía a través de las movilizaciones durante los últimos años, sino que debe ir acompañado necesariamente por el triunfo de la Convención Constitucional, órgano que será constituido cien por ciento por la ciudadanía, con paridad de género y representantes que deberán ser capaces de materializar las demandas sociales. La lucha por un Chile Digno, amerita entre otras cosas, lograr un triunfo lo más holgado posible en dicha instancia constituyente, donde el pueblo logre elegir la mayor cantidad de delegados y delegadas que representen sus intereses y de las grandes mayorías que históricamente han sido relegadas de la política. Esa gran batalla, de la Conversión Constitucional comienza el mismo 26 de octubre.

La Convención Constitucional debe ser un espacio constituyente que represente a las y los sin voz, a las mujeres, a los pueblos originarios, a las personas mayores, a las comunidades LGTBI entre otros/a, pero en especial a aquella juventud que ha dejado el alma en la calle, enseñándonos que otro Chile es posible en Unidad y con Alegre Rebeldía. Debemos tener claro que durante todo el proceso constituyente que iniciamos este 25 de octubre, cada día irá siendo más complejo, porque sabemos que aquellos que durante 40 años han usufructuado, vivido y enriquecido a costa del sudor del pueblo trabajador, no se desprenderán de sus privilegios sin antes pelear y usar todas sus artimañas que hasta hoy la ley les permite y ampara. Por eso debemos estar preparados, UNIDOS y con la convicción que nos necesitamos el uno/a al otro/a.

La nueva Constitución debe ser nuestra principal herramienta, que garantice derechos sociales fundamentales, que iguale y nivele la cancha de oportunidades, que proteja y nos permita vivir en armonía con la naturaleza, que nos devuelva aquellos derechos que hoy solo se garantizan para algunos pocos privilegiados, que nos devuelva aquellos bienes que pertenecen a todas y todos los chilenos y que fueron usurpados, como por ejemplo: el agua.

La nueva Constitución, debe asegurar un Estado fuerte al servicio de todos y todas, que proteja a nuestros niños, niñas y adolescentes, que asegure dignidad para nuestras personas mayores, que asegure igualdad plena para las mujeres, que rompa con aquellas inequidades y barreras de género impuestas por el sistema Patriarcal que impera. Necesitamos una Constitución que garantice una democracia plena y participativa, que materialice los anhelos de todas y todos los chilenos y habitantes de nuestro país, que respete y acoja a personas migrantes, sus culturas y pueblos originarios, en fin; Necesitamos una Constitución, que nos represente a todos y todas.

Borrar el legado de Pinochet no es un eufemismo, es un deber histórico que tenemos y que vamos a cumplir.