Roles represivos, criminales y corruptos de una policía militarizada.

Iván Ljubetic Vargas. Historiador. CEILER. 20/10/2020. No vivimos en una burbuja. Actuamos en una sociedad capitalista, en un capitalismo salvaje, que se ha dado en llamar neoliberalismo.

Esta formación económico-social se basa en la propiedad privada sobre los bienes de producción y las finanzas. Dos clases antagónicas principales existen en unidad y lucha constante: patrones y trabajadores, entendiendo a estos últimos como aquel o aquella  que para subsistir debe vender su fuerza de trabajo.

El poder lo sustentan los grandes patrones, que son la minoría. Para mantener ese dominio necesitan de un organismo que los defienda. Es el Estado. Éste debe contar con  fuerzas represivas. Una de ellas es el Cuerpo de Carabineros.

Éste fue creado por Carlos Ibáñez del Campo, cuando ejercía la Vicepresidencia de la República, el 27 de abril de 1927.

Una policía militarizada

Desde su fundación es una policía militarizada. Ello está consagrado en la Ley Orgánica de Carabineros de fecha 23 de diciembre 1927.Pero ello ha ido variando con el correr del tiempo.

Entre la fecha de su nacimiento y el 9 de julio de 1970, Carabineros perpetraron 30 masacres contra trabajadores pobladores y estudiantes. Actuó como un  ejército combatiendo en un conflicto bélico.

Pero en la medida que los trabajadores crecían en cantidad, conciencia de clase, organización, acciones reivindicativas y, especialmente, en la lucha política, el Cuerpo de Carabineros debió utilizar armamentos más modernos, mejores métodos y tácticas. Ahora no sólo para aplastar los movimientos reivindicativos, sino también las manifestaciones callejeras.

Votaciones de Allende, un barómetro político

Resulta de enorme interés comparar el crecimiento de las votaciones de Salvador Allende (por quien votó siempre el sector más consciente de los trabajadores) en las elecciones presidenciales.

En los comicios del 4 de septiembre de 1952 obtuvo 51.978 preferencias, el 5,45% del total de votos válidamente emitidos.

En seis años, en las elecciones del 4 de septiembre de 1958 saltó a 356.493 sufragios, el 28,85%, quedando a sólo 30 mil votos del que obtuvo la primera mayoría, el derechista Jorge Alessandri Rodríguez. Ello inquietó a la derecha criolla, pero muchísimo más al imperialismo que, a partir de ese momento, adoptó una férrea actitud contra  el líder popular chileno,  correspondiente  al consecuente antiimperialismo de Salvador Allende.

Por lo anterior, en el gobierno de Jorge Alessandri, Estados Unidos aportó una masiva ayuda a Carabineros. Policías de ese país entregaron métodos de la lucha antisubversiva y de antiguerrilla urbana.

A partir de 1962 los policías realizaron los operativos contra las manifestaciones callejeras utilizando cascos. El 9 de febrero de 1963 se creó el Grupo Móvil.

Nuevo y gran avance electoral de Allende

El 4 de septiembre de 1964 Allende, candidato del FRAP, obtuvo 997.902 sufragios, alcanzando el 38,64% de los votos válidamente emitidos. La primera mayoría la alcanzó el abanderado democratacristiano Eduardo Frei Montalva, que contó con el apoyo de los partidos Conservador y Liberal más parte del Radical.

En el gobierno de Frei Montalva asesores policiales estadounidenses estuvieron en Chile instruyendo a Carabineros. Cerca de un centenar de jefes policiales chilenos participaron en escuelas de Estados Unidos y del Canal de Panamá,  recibiendo cursos especialmente  sobre la Doctrina de la Defensa Interna y  la lucha antisubversiva.

En marzo de 1966 Carabineros comenzó a usar carros blindados livianos para disolver las manifestaciones de masas. En 1969 utilizaron armas de guerra en sus operativos.

Durante los mil días del Gobierno de Salvador Allende, cambió el carácter de la policía uniformada. Ello, por la orientación democrática y el respeto irrestricto a los derechos humanos del Poder Ejecutivo.

Entre otras medidas, se disolvió el Grupo Móvil. Una postal puede servir de un símbolo del nuevo rol de Carabineros: un carro lanza agua (“Guanaco”) entregando agua potable a una población que carecía de ese vital suministro. Niños corriendo y jugando entre los uniformados.

En la dictadura fascista

Tanto fue así que una de las medidas de la tiranía fue promulgar en 1975  una nueva Ley Orgánica de Carabineros que, en su artículo primero,  restituyó el carácter militar de la policía uniformada.

Durante los 17 años de terrorismo de Estado, Carabineros participó en el genocidio perpetrado contra el pueblo. Llevaron a cabo matanzas masivas, aplicaron crueles torturas, mostraron una salvaje crueldad.  Recordemos lo ocurrido en la noche del 29 al 30 de marzo de 1985 en el camino de Quilicura al aeropuerto de Pudahuel:

El profesor Manuel Guerrero fue el primero en ser bajado. De rodillas, esposado y vendado en una especia de hondonada junto al camino, el sargento Fuentes le tomó la cabeza por atrás y le cortó el cuello con un corvo. El vehículo se movió unos 30 metros al norte. Bajaron al publicista Santiago Nattino, también esposado y con la vista vendada. Usando la misma arma, el cabo Sáez repitió la ejecución. El auto volvió a avanzar algunos metros, donde fue bajado el sociólogo José Manuel  Parada. Tendido de espaldas, esposado y vendado, el cabo Salazar tomó el corvo y le dio un profundo corte en el abdomen. La víctima se resistió y gritó de dolor, lo que aterró a su verdugo. Un tercer agente bajó del coche y lo degolló.

A los tres cuerpos les retiraron las vendas y esposas. Consumados los crímenes, el grupo se trasladó hasta su cuartel, en la calle 18.

El 11 de marzo de 1990 terminó la dictadura. Comenzó la democracia con candados heredados de la tiranía. No llegó la alegría y los carabineros continuaron reprimiendo, torturando, asesinando.

Asesinatos y montajes

La policía verde asesinó en esos años a lo menos a las siguientes víctimas: Daniel Menco (19 de mayo de 1999); Alex Lemur Saavedra (12 de noviembre de 2002);        Rodrigo Alexis Cisterna (3 de mayo 2007); Matías Catrileo Quezada (3 de enero de 22006); Jaime Mendoza Collío (12 de agosto de 2009); Manuel Gutiérrez (25 de agosto de 2011); Camilo Catrillanca Marín (14 de noviembre de 2018)

En este período se descubrieron la falsificación de datos en sus investigaciones y operativos, lo que no quiere decir que no los hubo antes.

Una de éstas fue la Operación Huracán, un operativo investigativo policial iniciado por Carabineros bajo el amparo de la Ley de Inteligencia, que en septiembre de 2017 condujo a la detención de ocho comuneros mapuches supuestamente involucrados en una asociación ilícita con fines terroristas en el sur de Chile, asociados con la cúpula de la  Coordinadora Arauco-Malleco (CAM) y Weichan Auka Mapu.

Ocurrió que,  en  enero de 2018, la investigación de los hechos  quedó  cargo del Ministerio Público y éste informó que había descubierto, mediante pericias técnicas,  que la Unidad de Inteligencia Operativa Especial de Carabineros había manipulado las pruebas que incriminaban a los detenidos, mediante la intervención fraudulenta de mensajes en teléfonos celulares. Y por esta  razón abrió una investigación contra la propia policía uniformada para determinar la existencia de los delitos de falsificación de instrumento público, obstrucción a la investigación y asociación ilícita. ​

A raíz de estos hechos, el general director de Carabineros, Bruno Villalobos fue exonerado de su cargo con fecha 12 de marzo de 2018. El presidente Piñera nombró en su reemplazo a Hermes Soto el 29 del mismo mes.

Otra manipulación de pruebas ocurrió con el asesinato de Camilo Catrillanca. La versión oficial señaló que los hechos ocurrieron cuando personal policial desplegó un gran procedimiento luego que un grupo de encapuchados sustrajera tres automóviles de profesores de la Escuela Santa Rosa de Ancapi Ñancucheo, alrededor de las 16 horas. Tras una intensa persecución, los efectivos lograron recuperar dos vehículos. Sin embargo, mientras realizaban el operativo, un grupo de desconocidos enfrentó a Carabineros con armas de fuego automáticas, disparando, rodeándolos y dejándolos sin vías de escape.

Tras ello, un tractor pasó por el lugar, el cual no estaría involucrado con los desconocidos. En dicho vehículo iba Catrillanca, quien murió producto de un disparo a la altura de la cabeza en medio de la balacera.

Rápidamente, personal de Carabineros atendió al comunero mapuche y lo trasladó hasta el Cesfam de Ercilla, pero murió por la gravedad de sus heridas.

“Es un hecho de delincuencia común”, dijo Luis Mayol respecto de lo ocurrido. “Los afectados son los profesores”, concluyó. En ese sentido, agregó que Catrillanca tenía antecedentes y que había sido detenido anteriormente por receptación de vehículos.

Pero la mentira tiene patas cortas. Un  adolescente de 15 años de edad acompañaba en su tractor  al comunero mapuche asesinado, posteriormente fue detenido por Carabineros que participaron en el operativo, subido a una tanqueta, esposado y golpeado; llevado a un calabozo,  donde pasó 24 horas. Una vez   liberado por orden de una jueza, que consideró ilegal su detención,  entregó su testimonio ante el Instituto Nacional de Derechos Humanos. Aseguró que un carabinero  cambió su cámara tras el operativo.

Según señaló Consuelo Contreras, directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos: “Él iba con Camilo Catrillanca en el tractor y de repente se encuentran con Carabineros que empiezan a disparar primero balines de goma y después balas. En ese minuto Camilo Catrillanca le dice (al menor) ‘agáchate que están disparando’, se agachan y él ve a Camilo botando un líquido por la nariz y se da cuenta que le dispararon”.

Además, en su testimonio el menor aseguró que podía identificar al carabinero que presuntamente disparó hacia el joven comunero.

Este intento de borrar las pruebas del crimen ocurrió siendo general director de Carabineros Hermes Soto, que a causa de este ilícito debió renunciar el 25 de diciembre de 2018, siendo reemplazado por Mario Rozas, designado para el cargo el 22 de ese mismo mes.

En este período se conocieron dos casos de corrupción. Uno fue el llamado “Pacogate” el más grande desfalco en la historia del país. Ascendió a la cantidad de 28 mil 300 millones de pesos y fue perpetrado entre los años 2006 y 2017. Fueron imputados 135 carabineros, entre ellos once generales. Siendo generales directores: José Bernales (27 noviembre 2005-28 de mayo 2008), Eduardo Gordon (29 de mayo 2008-2 de septiembre 2011), Gustavo González (8 de diciembre 2011-8 septiembre 2015)  y Bruno Villalobos (8 de septiembre de 2015-12 de marzo 2018)

Entre el 2010 y el 2011 se produjo una malversación de caudales públicos en el Departamento de Relaciones Públicas de Carabineros por $ 75 millones 429 mil 839 pesos.  Dicho monto se destinó  “a fines no institucionales como son la compra de especies, regalos y obsequios, así como atenciones realizadas con motivo de cumpleaños, fiestas de navidad, enlaces, donaciones y festividades varias.

Este robo se realizó siendo general director de Carabineros Eduardo Gordon.

En el año de la rebelión contra el neoliberalismo

La respuesta del gobierno de Piñera a las manifestaciones masivas y pacíficas ha sido la represión.  Según informe del Instituto Nacional de Derechos Humanos en este período  ha habido  9 mil denuncias por violación a  los derechos humanos y se han presentado 2.500 querellas. De ellas, 2.340, el 93%, corresponden a Carabineros; 97 a FF AA y 34 a Investigaciones. Pero sólo 72 funcionarios de Carabineros fueron formalizados. Y las víctimas suman 3.023

Principio del formularioFinal del formularioEn junio de este año un hombre comenzó a colaborar con organizaciones territoriales de Peñalolén: ayudó en las ollas comunes y repartió mercadería. Constantemente incitaba a otros integrantes de la organización a enfrentarse “con los pacos” y les decía que había integrado la “primera línea” en Antofagasta. Incluso, les propuso realizar un ataque sorpresa a la subcomisaría del sector. Todos se sorprendieron cuando ese combativo nuevo vecino apareció en un programa de Canal 13 revelando su verdadera identidad: un cabo de Carabineros.

Giovany Arévalo Álvarez no ocultaba sus deseos de atacar a Carabineros. Planificaba fórmulas para sorprenderlos desprevenidos. Y, a través de mensajes en Whatsapp, trataba de convencer a los integrantes de una organización social de la población Lo Hermida (Peñalolén) para que participaran. Su cantera de ideas era su supuesta experiencia previa en la “primera línea” de Antofagasta. Uno de sus planes más atrevidos fue realizar un ataque sorpresa a la subcomisaría de la Población Lo Hermida, en Peñalolén, y lo compartió en el siguiente mensaje de audio que envió a uno de los pobladores a mediados de este año:

Aunque hay un RUT y una cédula de identidad asociada a Giovany Arévalo Álvarez, se trata de un nombre ficticio. Una chapa utilizada por un cabo segundo de Carabineros. CIPER confirmó la verdadera identidad del policía y consultó formalmente a Carabineros por las actividades que desplegó, al menos hasta septiembre pasado, en Lo Hermida. La respuesta institucional no aportó detalles, limitándose a señalar que “el carabinero está bajo el amparo de la Ley de Inteligencia, no podemos revelar antecedentes”.

Lo que terminó de derrumbar las coartadas de “Giovany” fue una urgencia médica. Una de las jóvenes que participaba en las ollas comunes asistió a un centro médico en septiembre. En el televisor de la sala de espera vio al joven que supuestamente había llegado de Antofagasta. Aunque en la pantalla aparecía con otro nombre, con el uniforme de Carabineros, con pelo corto y no con las trenzas que ella le conocía, lo reconoció de inmediato.

El carabinero infiltrado, además de recabar pruebas de eventuales delitos o recoger información para análisis de inteligencia, promovía -y esto es muy grave- acciones violentas, como instigar a un enfrentamiento con las mismas fuerzas policiales.

Es lícito peguntarnos, ¿cuántos carabineros infiltrados han estado, están y estarán dentro de las manifestaciones incitando acciones violentas,  creando las condiciones para asesinar, lesionar y detener a pacíficos ciudadanos? ¿Cuántos jugarán ese infame rol en la Araucanía?

¿Conoce esta condenable conducta el Ministro de Defensa, Mario Desbordes, al que parece le salió el paco y  declaró tajante: “No permitiremos que suceda lo mismo del año pasado”?

Y la guinda de la torta. El ministro de Relaciones Exteriores, el inefable Andrés Allamand, proclamando a todos los vientos del mundo: “A un año del estallido Chile ha recuperado la normalidad”.

¡Definitivamente  no tienen remedio!

 

FUENTES:

Carlos Maldonado Prieto: “Militarización de la policía: una tendencia histórica chilena”

CIPER: Sobre el infiltrado

Prensa

Wikipendia: Operación Huracán