La construcción de un clima y percepciones. La resonancia comunicacional del vandalismo. Un tono heredado de la dictadura. El terrorismo mediático y sanitario.

Equipo El Siglo. 20/10/2020. 1.- Lectura adecuada de la realidad

Si no se tiene en cuenta la relevancia del relato de tensión y violencia que se impone desde el gobierno de Sebastián Piñera, los partidos de derecha, los medios de prensa conversadores, el alto mando de Carabineros y articulistas a fines a la derecha, no se podrá hacer una lectura exacta y adecuada de la realidad que vive el país en estos días.

2.- Construcción de un clima de violencia

“Criminales”, “vandalismo”, “terror”, “violentistas”, “violencia”, “extremistas”, “grupos violentistas”, fueron de las palabras más usadas en estos días por el ministro del Interior y Seguridad Pública, Víctor Pérez, ex funcionario de la dictadura. Los principales titulares, fotos, textos imágenes, notas y editoriales de los medios de comunicación monopólicos (sobre todo periódicos e informativos televisivos), estuvieron dedicados estos días de manera prioritaria a episodios vandálicos (parciales, por lo demás), vinculándolos a la revuelta social y ciudadana del 18/0 y a las manifestaciones de protesta popular. “Graves hechos de violencia en Santiago y regiones tras manifestación por conmemoración del 18/O” y “Manifestación en Plaza Italia y quema de iglesias marcan primero aniversario del 18/O”, como principales encabezados de los diarios del duopolio que existe en Chile, marcaron la pauta informativa salida desde el oficialismo y replicada en decenas de medios. Otra vez, el despliegue pacífico de decenas de miles de personas en plazas, parques y espacios públicos en muchas ciudades del país, fue puesto en un plano secundario. Con la paradoja de grandes fotos y repetidas imágenes de dos iglesias ardiendo, junto a largos textos sobre la violencia, y prácticamente ninguna foto o imagen y notas cortas del joven asesinado presumiblemente por carabineros en La Victoria. Que el ministro Pérez calificara de criminales al grupo de pobladores que infiltró un carabinero en Lo Hermida, es otro botón de muestra.

3.- Resonancia comunicacional en el vandalismo

En el relato del oficialismo – incluidos los medios proclives- se eclipsó, no se analizó ni proyectó la masividad de la expresión social y ciudadana ocurrida, de nueva cuenta, este 18/O en la capital y regiones. Es que eso no calza ni está en el eje de la agenda de Piñera, Pérez, Renovación Nacional, Unión Demócrata Independiente, o la prensa conservadora. En su tono y resonancia comunicacional lo central no es la voz ciudadana, sino el ruido de la violencia, del vandalismo. Eso es lo principal que se quiere instalar en estos días desde el gobierno, los partidos de derecha, Carabineros y la prensa conservadora.

4.- Relato heredado

Este relato es heredado. El gobierno, la derecha y los medios conservadores están repitiendo el tono discursivo de los setenta y los ochenta que apuntaba a establecer que el problema de Chile era la violencia, el vandalismo, los extremistas, los criminales y el desorden. Un relato de periodo dictatorial a periodo de democracia formal. Es así que de nueva cuenta sale desde las voces de la derecha que el tema es extirpar la violencia y a los violentistas. Es el mismo esquema político-comunicacional de la dictadura. Asimismo, y como lo demuestran las vocerías del Presidente, de los encargados del Ministerio del Interior, y los contenidos de la prensa cercana políticamente a ellos, se vincula, se busca un nexo hasta en la construcción de las frases, entre manifestación y violencia, entre movilización y vandalismo. Como en época de dictadura, este gobierno pone el acento de todo en el combate a la violencia. Por eso, entre otras cosas, hay una coincidencia tan fluida entre el planteamiento doctrinario del jefe de Carabineros, Mario Rozas, y Piñera, Pérez y la derecha ante la contingencia.

5.- Terrorismo mediático

Comunicacionalmente, esto encaja en los diseños de terrorismo mediático y miedo social que hace al menos una década comenzó a implementar el poder fáctico conservador a nivel regional e internacional, aunque en una versión no muy sofisticada en Chile.

Establecer, con repetición majadera de textos e imágenes, que todo está cruzado por el factor violento y desestabilizador y que ahí radican peligros para la estabilidad personal y familia, para la paz en el país y para la realización de eventos como el plebiscito del próximo 25 de octubre.

A eso en Chile se sumó el “terrorismo sanitario”, queriendo imponer miedos, incertidumbres y temores en el marco de la pandemia del nuevo coronavirus, que van mucho más allá de las necesarias medidas de cuidado y las condiciones ya establecidas por el órgano electoral para la adecuada realización del plebiscito.

En esta conducta la idea es buscar ejemplos elocuentes y también falaces, en la idea de establecer convicciones y percepciones a nivel de la opinión pública.

Como sea, esta fórmula seguirá como prioridad en la agenda del oficialismo, en la idea no sólo de querer instalar un eje de tensión y violencia, sino de justificar el acciones represivo de Carabineros y eventualmente de las Fuerzas Armadas, relativizar las extendidas violaciones a los derechos humanos, criminalizar la movilización social e inhibir la participación política de las y los ciudadanos.

Eso es un relato comunicacional violento. Eso es terrorismo mediático. Eso está ocurriendo en el país.