La consigna “¡Mixta NO!” adquiere gran eficacia ante la opción Convención Constitucional y el Apruebo.

José Luis Córdova. Periodista. 19/10/2020. Ni los encuestadores más avezados y serios podrían medir la influencia de las franjas electorales en hechos tan relevantes como el plebiscito de 1988 y mucho menos sobre los resultados del inminente plebiscito constitucional de entrada del próximo 25 de octubre.

En la histórica franja del NO, indiscutiblemente observamos un evidente impacto mediático y publicitario por la novedad, por la ruptura que significó en la vida cotidiana de millones de chilenos y por un mensaje claro y categórico para terminar con la dictadura. Este 25 de octubre el NO será reemplazado por “Apruebo” y la consigna siguiente es “¡Mixta No!” ante la opción “Convención Constitucional”, que debería ser votada en forma mayoritaria.

Durante esta sempiterna transición a la democracia hemos visto decenas de franjas electorales en los diversos períodos de renovación de parlamentarios, cores, alcaldes, concejales y presidentes con distinta suerte. Es poco probable que pueda asegurarse el triunfo o derrota de tal o cual candidato según la eficacia de su franja electoral.

Son recordadas fracciones de segundos televisivos como el de “Rosa de Aric…” o “¡Trabajo!, ¡trabajo!” de otro candidato. Ninguno de los dos alcanzó el objetivo planteado aunque sus brevísimas intervenciones televisivas quedaron incorporadas a la memoria colectiva de los ciudadanos de este país. ¿Ocurrirá algo parecido con las fugaces apariciones de Pepe Auth y René Alinco en la actual franja? ¿Quedará en el imaginario popular la frase: “¡Mixta NO!”?

Todo indica que hoy en día la situación es diferente. En primer lugar, el acuerdo entre cuatro paredes de algunos partidos de oposición con el oficialismo del 15 de noviembre pasado aseguró un aséptico proceso constitucional para impedir el clamor de la calle y en la plaza de la Dignidad de una Asamblea Constituyente verdadera, democrática y participativa. Está claro que esa demanda social sigue pendiente ya que esta “convención” sigue las reglas de la Constitución del 80.

Precisamente en el marco de la Constitución pinochetista que aún nos rige se acordó convocar a un plebiscito de entrada donde los ciudadanos expresaran si aprueban o rechazan redactar una nueva carta magna para nuestro país, en medio de la crisis política más seria que vivimos en materia de desconfianza, indignación por los abusos e irrespeto a los derechos humanos y otros que no están protegidos ni garantizados por la actual Constitución.

Aunque la ciudadanía había participado entusiastamente en el proceso constituyente iniciado durante el último gobierno de Michelle Bachelet, el proyecto enviado al Congreso en las postrimerías de su administración, quedó archivado en el Parlamento y hoy lamentablemente es letra muerta.

Así las cosas, se impulsó el acuerdo cupular del 15 de noviembre y se estableció la franja electoral respectiva a partir del 25 de septiembre, pero ésta tiene varias complejidades. La primera, que hay partidos que no se pronunciaron unívocamente por alguna de las opciones. Así, Renovación Nacional se la juega por el Apruebo y el Rechazo, al igual que Evopoli, introduciendo un importante grado de confusión en el electorado de ese sector de la derecha.

Asimismo, la opción Convención Mixta Constitucional tiende a desdibujarse, primero porque hay quienes la entienden como integrada por hombres y mujeres y, además, otros centran sus “beneficios” (?) en la presencia de un 50% de actuales parlamentarios para integrarla. Obviamente la participación de diputados y senadores designados para esta tarea no solo crea resistencia sino estupor entre los electores. Ante ello, la consigna “¡Mixta NO!” adquiere gran eficacia. En varios mensajes de la franja Rechazo se reiteran descarnadas críticas a la llamada “clase política”, se afirma que “la política es una mierda” y otras posturas que tienden a confundir aún más a los televidentes.

La franja del Apruebo, en gran parte entregada generosamente a las organizaciones sociales, -con mínima presencia de dirigentes políticos y parlamentarios- contribuye decididamente a perspectivar una mayor participación ciudadana en el proceso que se inicia. Pero una debilidad manifiesta es la poca profundidad (en breves minutos o segundos) para abordar los temas de fondo sobre el futuro texto constitucional.

Las reiteraciones y generalidades abundan en los diferentes mensajes pero no contribuyen a la necesaria claridad ante decisiones tan trascendentales para nuestro futuro político. En este caso, la franja electoral resulta marginal y no llega a ser un aporte importante al proceso constitucional. La consigna más rescatable es: “¡Mixta NO!”.