de la democracia en peligro a la disputa democrática…

Marcos Barraza Gómez. Miembro de la Comisión Política Partido Comunista. El 18 de octubre como expresión de descontento popular y ruptura con la constitucionalidad e institucionalidad vigente sorprendió a todos y todas, tanto por la masividad nunca antes vista en Chile como por la trasversalidad de la exigencia social, que ha puesto en evidencia y sin ambigüedad el fracaso del neoliberalismo y el fin de una era en nuestro país.

Las razones que explican dicho levantamiento social dan cuenta de una tendencia histórica, fundada en décadas de luchas antineoliberales, que se desarrollan desde el inicio de la transición pactada, por la decepción que provoca un modelo político y social en esencia profundamente injusto y desigual. Hoy, esas luchas sociales, las históricas y las emergentes, han adquirido la madurez y expresión popular para confrontar un orden social que debe ser erradicado para que exista una democracia plena que interprete a todas y todos.

Y el fundamento de este levantamiento social es la emergencia en Chile de una nueva subjetividad que progresivamente supera las limitantes del enfoque postmodernista que fragmenta las identidades en lucha. El que las exigencias y expectativas de Dignidad, un concepto amplio, subjetivo y polivalente devenga en el desafío de una mayoría nacional que se propone dotar a Chile de una nueva Constitución así lo demuestra. Las demandas de redistribución para corregir las desigualdades, de reconocimiento de identidades para la inclusión y término de asimetrías, y de derechos políticos y civiles de los distintos pueblos originarios se articulan y mixturan para enfrentar la gobernabilidad neoliberal y transformar la normatividad impuesta desde la dictadura cívico-militar.

Pero, el movimiento popular en su avance no solo se ha enfrentado a un gobierno de derecha con vocación autoritaria y contrario a la democracia, sino también a la elite y la institucionalidad neoliberal-tecnocrática que no actúan con motivación al cambio, sino más para atenuar los cambios y preservar el orden vigente. Por ello, mantener la movilización social como componente activo y permanente es precondición y fundamento para mantener y profundizar el itinerario de transformaciones.

La transformación cultural, social y política que experimenta Chile cuenta con la fuerza de un pueblo que crece en conciencia, que, no obstante vivir el agobio y amenaza del gobierno de derecha y la oligarquía, se levanta, superando el terrorismo comunicacional de los grandes medios y la violencia policial ejercida por mandato de los sectores hegemónicos. Así como el pueblo desde la pandemia ha reafirmado y profundizado sus convicciones y aspiración de justicia social, este mismo pueblo ha aprendido de sus vacíos y derrotas y se desprende del miedo que impuso la dictadura cívico-militar.

Bajo estas premisas, es importante poner atención a las siguientes características, contradicciones y tensiones del proceso refundacional que inicia Chile para dotarse de una Democracia Plena:

  1. Lo que caracteriza el periodo y tras el levantamiento social del 18 de octubre es una profunda brecha entre el movimiento popular y las elites; estos últimos insisten en limitar los alcances del proceso constituyente. El acuerdo del 15 de noviembre, si bien cristaliza un plebiscito que en el presente convoca a todo el pueblo de Chile, también puso limitantes a la soberanía popular, y en buena medida desde quienes actúan con nostalgia de la democracia de los acuerdos buscan reeditar una transición política de baja intensidad, que conserve lo esencial del modelo neoliberal y solo posibilite cambios no sustantivos y en ningún caso emancipatorios.

Al respecto, la profundidad democrática de la futura Convención Constituyente no está escrita en piedra sagrada, y el pueblo mediante unidad y movilización social puede caracterizar la futura convención constituyente con mayor profundidad democrática, teniendo como norte la deliberación popular sin restricciones.

  1. En un breve periodo de lucha madura un proceso de largo aliento y muchas veces silencioso, de desmantelamiento y/o desconstrucción del paradigma neoliberal. Lo popular se revaloriza, la solidaridad y el concepto de solidaridad y comunidad en lucha retoma vigencia y legitimidad social. El contrapunto de esto es un esfuerzo permanente de los sectores de derecha y neoliberales dominantes, que permanentemente buscan reeditar una subjetividad desafectada de lo colectivo y anclada en la segregación y estratificación social. La condición de trabajador se antepone a la de emprendedor y eso ilustra sobre el espesor de las conciencias para las transformaciones en curso.   

De lo anterior, se abre como elemento central de la transformación política, económica y cultural la dimensión social en constante dinámica de lucha, como un componente decisivo de la transformación, cuyo eje transversal es una demanda de nueva ética política que se aleje de las lógicas transaccionales y posibilistas.

  1. Chile vive una Crisis Sistémica en que las múltiples sub-crisis en trabajo y dignidad, salud, vivienda, educación, seguridad social, pueblos indígenas, derechos plenos de las mujeres, inseguridad por la violencia policial, entre otras, expresan las incapacidad estructural y funcional del neoliberalismo para responder a las necesidades y urgencias sociales, cuyo fracaso, en el contexto de la pandemia, hace prever que se pauperizaran aún más las condiciones de vida del pueblo de Chile. Estas crisis que se entrecruzan y se retroalimentan mutuamente, reflejan una filosofía de época y cambio cultural que rompe con todos los parámetros neoliberales y patriarcales. Las dimensiones de clase, etnia, género, no constituyen barreras, sino identidades en lucha con puntos de encuentro para desterrar un tiempo lesivo para el pueblo.
  2. La derecha y los/as neoliberales están ad-portas de experimentar una derrota estratégica, pero aún cuentan con recursos para atenuar, sofocar y apagar las legítimas y justas demandas de igualdad y justicia social. El uso con interés de clase que se le da a Carabineros por parte de la derecha, representa una amenaza permanente para la deliberación popular. En su propósito de preservar el orden neoliberal que se extingue las violaciones de derechos humanos sistemáticas y masivas hacia quienes ejercen la legitima desobediencia civil se mezcla con un paramilitarismo de ultraderecha amparado en la institucionalidad de gobierno. Bajo esta premisa el pueblo de Chile y los pueblos originarios no pueden actuar con ingenuidad y la necesidad de prácticas de autoprotección en las comunidades son muy necesario.
  3. El plebiscito del 25 de octubre, un año después de la marcha más grande de la historia de Chile, constituye una ruptura constituyente, fruto de un pueblo y de pueblos que en base a la conciencia social se han organizado para romper con las cadenas neoliberales. Este plebiscito puede abrir las puertas a una segunda Independencia de Chile. La independencia del neoliberalismo, de las transnacionales y los clanes económicos. Una independencia a la desigualdad, al sometimiento a las injusticias y al no reconocimiento de la dignidad. Una independencia que abra el camino a los sueños y aspiraciones de un mundo social postergado y violentado. Que nos independicemos depende de nuestra voluntad y acción colectiva.

Los que no tienen nada que perder, tienen mucho que ganar…

No era depresión, era capitalismo…hoy es lucha social.