Para no olvidar. Un millón 300 mil marcharon en Santiago. Unos 250 mil se movilizaron en regiones. El pueblo exigió que el país cambie.

Hugo Guzmán. Periodista. 25/10/2019. Un millón 300 mil personas marcharon en Santiago. Una concentración calificada de histórica. Emocionó y motivó a gran parte del país que vio a jóvenes, mujeres, adultos mayores, niñas y niños, trabajadores, artistas, profesionales, caminando, cantando, gritando consignas, riendo, compartiendo, demandando. La felicidad de la protesta justa, pacífica, precisa, elocuente, inteligente. Un hito histórico, una lección histórica. La llamaron “La Marcha más Grande de Chile”.

En otras ciudades del país -una nación que cumplió una semana ininterrumpida de revuelta popular-, sumando marchas, caceroleos, manifestaciones, actividades diversas, con unas 250 mil personas movilizadas, incluida la cifra de personas manifestándose en varias comunas de la Región Metropolitana, como la ya emblemática Plaza Ñuñoa. La gente salió a las calles en Valparaíso, Concepción, Antofagasta, Curicó, Talca, Chillán, Temuco, Valdivia, Puerto Montt, Viña del Mar, Punta Arenas, Rancagua, Coquimbo.

Es decir, casi dos millones de chilenas y chilenos activos en toda la franja delgada de la nación. Como el 10% de la población total.

Una masa humana transversal. Alegre. Consciente. Reclamando por condiciones de vida deplorables que no dan para más. Una marcha que tuvo la respuesta de más de un millón de personas, de ciudadanas y ciudadanos que concurrieron de manera organizada, coordinada, pacífica, entusiasta, que desde el mediodía fueron saliendo de sus casas, de sus centros de trabajo, de poblaciones y barrios, para ir como ríos humanos formando un gran mar multitudinario que clamaba “Nos cansamos. Nos unimos”, “Chile despertó”, “Basta de abusos”.

La gente confluyó desde arterias como Vicuña Mackenna, Providencia, Portugal, el área de Mapocho, Santa Rosa, General Velásquez y Estación Central, avenidas como Brasil y Cumming. Se abarrotó la Alameda, las calles adyacentes, el Parque Forestal, la Plaza Italia. Se escucharon entonaciones como “El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara. El recuerdo de Salvador Allende fue extendido. Fue, por muchos momentos, una concentración social convertida en fiesta popular.

Los carteles, las consignas, los testimonios, los argumentos de los casi dos millones de chilenas y chilenos activados en el 80% del territorio nacional, insistiendo en que no se trata sólo de 30 pesos más en el boleto del Metro, sino de 30 años de alzas, de abusos, de desigualdad (se ha repetido que Chile es de las naciones más desiguales del planeta, igualable a Ruanda), de impunidad, de burlas.

Los datos fluyeron en la mente de cientos de miles de personas. Más del 50% de los asalariados chilenos gana 400 mil pesos al mes; las pensiones de los jubilados son de alrededor de 200 mil pesos mensuales; el 30% de chilenas y chilenos están endeudados y la deuda de la población creció 12%; la pobreza multidimensional es del 20% y la real se acercaría al 35%; este es un país caracterizado por tener el transporte, las medicinas, la salud, la educación, más cara a nivel regional.

También la consigna “No más corrupción” asomó en el enojo social. Los directivos de Penta y de Soquimich que continúan a cargo de consorcios y haciendo negocios multimillonarios incluso con el Estado, después de concertarse para cometer delitos financieros, fraudes al Fisco y coimear a parlamentarios (todos siguen libres, impunes); dos ex comandantes en jefe del Ejército y ex generales directores de Carabineros, más altos oficiales de ambas entidades, metidos en el Milicogate y el Pacogate, en enriquecimiento ilícito; montajes de Carabineros para acusar a indígenas y el asesinato de Camilo Catrillanca que puso fin al glamoroso Comando Jungla que alentó el Presidente con el Ministro del Interior; grandes empresas de pollos, farmacias, papel que se coludieron para engañar a la gente y sus directivos siguen trabajando; las enormes ganancias de AFP, Isapres y Banca Privada, el negociado de las inmobiliarias y constructoras. Sigue y suma.

Todo eso detrás de la molestia, la frustración, la rabia, en ocasiones impotencia vivida por años por millones de personas.

Siete días de estallido social. Al menos 12 de las 16 regiones movilizadas. Más de 2 millones en las calles, caceroleando, protestando. Demanda básica de terminar con injusticias, abusos, desigualdades, inequidades. Un forado en el sistema económico y en el cuerpo político.