CEPAL: “Crisis económica y social más fuerte que ha experimentado la región en varias décadas, y pone de manifiesto las debilidades estructurales de su economía”.

Hugo Fazio. Economista. CENDA. 14/10/2020. La Cepal en sus proyecciones ya finales para la economía de América Latina en 2020 dimensionó el gran colapso experimentado. El producto calculó descenderá en 9,1%, la mayor caída desde que se tienen antecedentes, hace 120 años. Porcentaje que en América del Sur se eleva en promedio a 9,4%, por la disminución mayor al porcentaje regional de Venezuela (-26%), Perú (-13%) y Argentina (-10,5%), país en recesión desde mayo de 2018.

El producto por habitante descenderá un 9,9%, retrocediendo a los niveles existentes en el año 2010. Sin duda, destacó el informe, América Latina se enfrenta a la “crisis económica y social más fuerte que ha experimentado la región en varias décadas, y pone de manifiesto las debilidades estructurales de su economía”, el cual constituye el gran desafío a enfrentar. No se puede hacer más de lo mismo como subrayó Gabriel Palma en el aniversario del Cenda. Estas debilidades, consignó la Cepal, redujeron las posibilidades de enfrentar adecuadamente la pandemia, por países en los cuales existen sistemas de salud precarios y poco equitativos, porcentajes de informalidad laboral muy elevados y sistemas de protección social limitados. Ante esta realidad, el organismo llamó a dejar de lado las políticas de ajuste fiscal y recomendó efectuar planes fiscales y monetarios en magnitudes superiores a los aprobados en los últimos meses.

La reducción del producto comenzó en la región en el primer trimestre, antes que se desatase la pandemia, debido a contracciones en las demandas internas y externas, influyendo desde luego la recesión en que se encontraba China durante esos meses. En el caso de Chile la nueva fase de debilitamiento económico se inició desde mediados de 2018. En el segundo trimestre, el consumo privado de la región fue un componente de la demanda interna muy golpeado. “Se ha producido –subrayó la Cepal- un acelerado deterioro del gasto de los hogares como resultado del contexto de confinamiento obligatorio establecido por las autoridades en muchos países, el aislamiento social voluntario de las personas y la detención de muchas actividades no prioritarias”. A ello se añadió la contracción de la inversión y el descenso en los ingresos familiares, en parte compensados por planes oficiales de emergencia, en general inferiores a los de otros países emergentes y obviamente al de los países avanzados. Ello hace prever una recuperación más lenta de lo previsto.

A las limitaciones generadas internamente se añaden impactos negativos externos. Las exportaciones, dependientes de fenómenos globales, caerán un 23%, mientas que las importaciones, que fluctúan de acuerdo a mercados internos que se encuentran contraídos, lo harán en 25%. La relación entre los precios promedio de exportación e importación, empeorarán. En el contexto existente, señaló la Cepal, los términos de intercambio promedio de la región caerán en el año 4,7%. “El choque negativo se concentrará en los países exportadores de hidrocarburos, mientras que los exportadores de alimentos y metales se verán menos afectados”. Los términos de intercambio de América del Sur se deteriorarán aún más, un 8%.

En este cuadro los ingresos fiscales se reducen, dado que son proporcionales al nivel de actividad económica, al tiempo que necesariamente el gasto público se elevaba. Por tanto, crecerá el déficit público, que llegará al 8,4%. En 2018, último año para el cual existen datos de recaudación tributaria de toda la región, su nivel alcanzó al 23% del PIB, mientras que en los países de la OCDE era de 34%. El desafío indicó el informe “no es únicamente aumentar la presión tributaria, sino hacerlo en forma progresiva, a fin de que el sistema tributario también contribuya a reducir las desigualdades”.

El endeudamiento externo promedio de los países, que al finalizar 2019 estaba en un 46% del PIB, se elevará. “Los ingresos totales de América Latina y el Caribe han sido históricamente insuficientes para cubrir las erogaciones públicas, lo que conduce a un sesgo deficitario en el manejo de los ingresos fiscales, con todos los riesgos que ello implica. Y la última década no ha sido una excepción a esta tendencia, los ingresos de los países no han podido acompañar el crecimiento del gasto público”. Ello se acentuó fuertemente al desatarse la crisis, obligando a aumentar el endeudamiento.

El Banco Mundial también revisó, cuando falta poco para que finalice el año, sus estimaciones para la región. Coincidió con la Cepal en que durante 2020 se producirá la mayor contracción desde que se tienen registros, anotando las mayores caídas, sin considerar a Venezuela, país del cual no proporciona cifras desde hace varios ejercicios, en dos estados caribeños: Santa Lucía (-18%) y Belice (-17,3%). La excepción será Guyana, la pequeña nación sudamericana de 700.000 habitantes, que crecerá un 23%, gracias a un boom petrolífero. En 2021 prevé una recuperación superior a su proyección anterior, considerando que alcanzar al nivel prepandemia del PIB se producirá en 2023. Únicamente cuatro países lo recuperarían el próximo año: Uruguay, Paraguay, República Dominicana y Guatemala.

Ello en un contexto global de un agudo incremento de grandes problemas sociales. Un ejemplo dramático lo proporciona la expansión de la pobreza. El Banco Mundial publicó su informe bianual de pobreza extrema constatando que en 2020 está afectando a entre 703 y 709 millones de personas. La estimación efectuada antes de desatarse la pandemia era que en el año en curso sería de 615 millones. Por tanto, la crisis aumentó su número en un rango entre 88 y 114 millones. El organismo internacional considera que se encuentran en esta situación todos quienes perciben menos de US$1,90 diarios (menos de $1.600). Se trata del mayor incremento desde que en 1990 comenzó a llevar esta serie estadística. En ese momento solamente en Asía Oriental y Meridonial la pobreza extrema golpeaba a cerca de mil millones de personas. El auge experimentado posteriormente en las economías de China e India condujo a su reducción.

El documento constató que están cayendo a esta situación sectores de la población nuevos. “Los nuevos pobres -señaló- son más urbanos, están mejor educados y tienen menos posibilidades en la agricultura que los que vivieron en la pobreza extrema antes del Covid-19” (09/10/20)”. El aumento anterior de la pobreza extrema se registró en 1998 durante la crisis desatada en el sudeste asiático, pero su duración fue breve, dado que al año siguiente ya se había recuperado.

“Los países pobres -comentó David Malpass, su presidente- tienen pocos estabilizadores y cuentan con sistemas sanitarios y redes de protección débiles. Para ellos – subrayó- no hay ninguna vía rápida para revertir la reducción de sus ventas a las economías avanzadas o al colapso del turismo y las remesas. (…) tenemos que movernos con urgencia y conseguir una reducción significativa en el balance de los países más asediados. Bajo el sistema actual -concluyó-, cada país, da igual lo pobre que sea, debe lidiar con cada prestamista. Y los acreedores cuentan habitualmente con los abogados mejor pagados de Estados Unidos y el Reino Unido y hacen difíciles las reestructuraciones.” (06/10/20).

Agudos problemas sociales también se registran en EEUU, donde se requiere urgentemente un nuevo plan de ayuda en un país, como escribió Paul Krugman, que “solo se ha recuperado parcialmente de las horribles pérdidas de puestos de trabajo que se produjo en los primeros meses de la pandemia y el ritmo de recuperación se ha ralentizado hasta avanzar a pasos de tortuga. Todo indica -añadió- que la economía mantendrá su debilidad muchos meses, incluso años tal vez” (10/10/20). Bruscamente Trump cortó las negociaciones que tenían lugar en el Congreso para aprobar un proyecto imprescindible tanto por razones humanitarias como de impulso anticíclico, teniendo en cuenta buscar aparecer como quien, en el supuesto caso de vencer en las elecciones, podría concretarlo.

Para Chile, la Cepal estimó una disminución de 7,9%, que seguramente será inferior si tenemos en cuenta que tendrá en noviembre y diciembre tasas de comparación negativas. El informe considerando la larga fase que denominamos de recesión con crecimiento vivido por la economía nacional entre los últimos meses de 2013 hasta mediados de 2017, la cual se produce cuando el PIB crece, pero menos que los factores productivos, y el estancamiento registrado desde julio de 2018 manifestó que de repetirse fenómenos de ese tipo la recuperación del nivel prepandemia sería muy lento.

Simultáneamente con las cifras entregadas por la Cepal se conocieron las Cuentas Nacionales por Sector Institucional del Banco Central, constatando que en el segundo trimestre, cuando el curso recesivo alcanzó su mayor profundidad, el endeudamiento de los hogares llegó a un máximo histórico, ascendente al 76,4% del ingreso disponible. Por su parte, el stock total de deuda de los hogares aumentó al 50,7% del PIB. Paralelamente, el ingreso bruto disponible se redujo en el mismo trimestre en 8%, debido al deterioro del mercado laboral y a la reducción de los montos percibidos por los sectores independientes formales e informales.