Como en muchos otros ámbitos, la información internacional a través de los canales de televisión en nuestro país sufre de una indiscutible, deliberada y consciente desinformación.    

José Luis Córdova

Periodista.

10/10/2020. ¿Es posible informarse a través de la televisión en Chile sobre los enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyan?, ¿sobre la persecución a los partidarios del ex presidente Correa en Ecuador?, ¿sobre la situación en El Líbano?, ¿los acuerdos entre sectores de oposición en Venezuela para las elecciones legislativas? o ¿por qué los Emiratos Árabes y Barhein acordaron relaciones con Israel?

Claramente la respuesta es negativa. Los noticiarios televisivos nacionales se limitan a reproducir imágenes que les llegan de servicios informativos -en su mayoría de origen norteamericanos- que ignoran deliberadamente trascendentes sucesos mundiales o interpretan los hechos a su antojo.

Los pocos minutos que los canales dedican al acontecer exterior se refieren a Estados Unidos, algunos países de Europa (España, Francia, Alemania, Italia), Rusia, China y Corea del Norte, como si no existiera el resto del mundo.

La zona este europea y el sudeste asiático son referidos para denostar sus sistemas políticos, para cuestionar a sus gobiernos, ensalzando -por otra parte- a los regímenes de Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong e incluso Singapur y Filipinas, brutales y totalitarios.

Para la industria televisiva mundial, el concepto de democracia es exclusivamente el que pregona EEUU pese a las reciente y evidentes muestras de inequidad, discriminación y exclusiones a sus minorías; a lo más destacan el modelo alemán que reedita la supremacía racial e impone control financiero neoliberal de gran parte del planeta. ¿Hay democracia en Israel, Turquía, Colombia, Brasil, Filipinas, Arabia Saudita, Emiratos Árabes? ¿Qué pasó con la mal llamada “primavera árabe”? Todas naciones nuevamente bajo gobiernos autoritarios protegidos por el imperialismo a causa de sus riquezas petrolíferas.

La carencia de imágenes en materia internacional es patética. Se limitan a mostrar hechos curiosos, catástrofes naturales, graves accidentes, farándula y sucesos policiales con participación de personajes “famosos”, etc.

En materia de comentaristas internacionales, apenas se cuentan con los dedos de una mano especialistas como Raúl Sohr y otros pocos, frente a una pléyade de “opinólogos” encabezados por gente como Carlos Zárate o Libardo Buitrago, de limitadas capacidades intelectuales y con escasos conocimientos geográficas, si no fuera por Google o Wikipedia.

La recomendación para los interesados en el devenir internacional es acudir a algunos canales de Cable, sobre todo de origen europeo. Lamentablemente en nuestro país están censuradas las frecuencias de Telesur, Russia Today e Hispan TV, por razones exclusivamente ideológicas y por intereses claramente imperialistas y hegemónicos.

Un tema especialmente significativo es el tratamiento de la situación en Medio Oriente, sobre todo el dominio del Estado de Israel sobre Palestina ocupada mediante la represión, las persecuciones y los crímenes de lesa humanidad. Las tropas israelíes asedian permanentemente a Cisjordania y la franja de Gaza, creando asentamientos ilegales ante la indiferencia de las organizaciones internacionales y con el beneplácito de EEUU y la Unión Europea. La información audiovisual al respecto es sesgada e interesada.

Sólo algunas redes sociales provenientes de las zonas amagadas por la desinformación permiten a algunos sectores interesados en el resto del mundo enterarse de la actualidad de importantes regiones y países en los cinco continentes.

En el último período se acentúan las tendencias a incrementar la tensión a través de la ofensiva mundial contra la pandemia del coronavirus y la guerra comercial entre China y Estados Unidos, provocando incertidumbre, más que en las poblaciones de los países, más bien en las Bolsas y mercados internacionales. En verdad la gente desconoce las cifras y alcances reales de la crisis y aparte del valor del dólar, del petróleo, el cobre y otros commoditys no se conocen sus efectos prácticos.

Como en muchos otros ámbitos, la información internacional a través de los canales de televisión en nuestro país sufre de una indiscutible, deliberada y consciente desinformación.