Solo en cinco días, oficiales y funcionarios involucrados en actos criminales y condenables. La lista es larga e indignante. No es solo Rozas: es la doctrina, que no cambiará.

Gonzalo Magueda. Periodista. 07/10/2020. En cinco días altos oficiales y funcionarios de Carabineros se vieron involucrados (procesados, formalizados e investigados) en actos criminales y condenables.

Un teniente coronel rondando de manera reiterada la casa de la fiscal que investiga el caso del joven lanzado al río Mapocho; otro teniente coronel que entregó una versión falsa y antojadiza sobre ese episodio; un carabinero procesado por ese caso y luego expulsado de la institución por cometer una falta administrativa; dos uniformados formalizados por torturas en una Comisaría de Peñalolén; el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) puso una querella por amenazas y maltrato a indígenas en Contulmo, lo que habría incluido que uniformados les dispararon cerca de los pies.

Junto a eso, hay investigaciones en curso por la posible acción de encubrimiento y falsedades de parte de al menos un oficial y un carabinero en torno del caso del muchacho arrojado al río y respecto a documentación e informes que se habrían emitido.

En cinco días, Carabineros de Chile enfrenta esos tremendos casos y los agrega a un dramático record de acciones delictivas, irregulares, criminales, mentirosas y de violaciones a los derechos humanos. ¡En cinco días!

Esto es un pésimo presagio para lo que viene el 18 de octubre y hace prever que la policía uniformada actuará con mucha violencia y prepotencia. Para eso, cuenta con nuevos implementos y vehículos represivos entregados por el gobierno y el apoyo de La Moneda,  partidos de derecha, sectores de ultraderecha, ex uniformados y medios de prensa conservadores. Y la reiteración permanente desde La Moneda de que cuentan con ese apoyo; sobre todo previo a lo que serán las movilizaciones en torno del 18/10.

Hay que decir que desde el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) se expresó consternación por el escenario que se vive y se hizo ver que partió muy mal el mes de octubre en cuanto al actuar policial. Legisladores hicieron ver que hay una situación insostenible y demasiado inquietante. Organismos de derechos humanos y sectores de la sociedad civil expresaron una alta preocupación por los sucesos delictivos y atentatorios a derechos ciudadanos que están realizando Carabineros.

En redes sociales se pudo ver en estos días a grupos de a lo menos seis integrantes de Fuerzas Especiales atacando a una muchacha que estaba en su bicicleta, la tiran al piso, la agreden y amenazan a quienes quisieron defenderla; se volvió a ver a funcionarios policiales hostigando a personas en lugares públicos, molestando al comercio informal y desplazándose de manera amenazadora en espacios públicos, plazas y avenidas.

En una línea donde, por ejemplo, siguen en una situación de no condena judicial los oficiales y subalternos procesados por dejar ciega a la trabajadora Fabiola Campillai y al estudiante Gustavo Gatica; hay más de dos mil querellas en contra de Carabineros e incluso internamente cientos de sumarios, hay abiertos casos por más de 400 amputaciones oculares y más de dos mil heridos durante 2019, y no pasan de diez los uniformados que pasaron o pasan por Tribunales de Justicia; poco se sabe del proceso por el asesinato del trabajador Alex Núñez, en Maipú, en un golpiza dada por elementos de la policía uniformada. Es lo que algunos definen como la ratificación de impunidad.

Para no ir más años atrás, siguen los procesamientos, investigaciones y pendientes de condenas de altos oficiales, suboficiales y funcionarios de Carabineros por el caso montaje de la Operación Huracán, el asesinato del comunero Camilo Catrillanca (en estas décadas pos dictadura varios funcionarios policiales mataron a indígenas y jóvenes), irregularidades operativas en torno del Comando Jungla y el delito financiero de gran envergadura conocido como Pacogate.

¿Qué más hay que esperar? ¿Más amputados oculares, jóvenes arrojados al río, mujeres y violentadas sexualmente? ¿Más abusos, heridos, golpeados el próximo 18 de octubre? Es algo que preocupa. Sobre todo porque en todo este escenario, en vez de reaccionar con cautela, prudencia y dando espacio a las múltiples denuncias de abogados, organismos de derechos humanos, legisladores e incluso organismos internacionales, el Presidente, el Ministro del Interior y el subsecretario del Interior salen raudos y ansiosos a dar el total respaldo al actuar de Carabineros y los colocan en un sitial de héroes, estableciendo que las violaciones de derechos humanos y actuaciones criminales, son aislados.

¿Es posible ante tal cantidad de episodios y constantes acciones que incluye la repetición de encubrimiento, alteración de pruebas y mentiras, todo esto se trate de casos aislados? ¿Es factible que todo esto se termine saliendo el actual general director de Carabineros? De acuerdo a expertos, analistas, columnistas de medios, parlamentarios, personeros de derechos humanos y representantes de la sociedad civil, el país está ante una institución que viola los derechos humanos, comete delitos financieros, obstruye la labor de la Justicia y actúa de manera prepotente ante las y los ciudadanos, de manera sistemática, extendida, repetida, consciente, organizada y premeditada. Es cosa de ver no solo las denuncias, sino las investigaciones judiciales, los procesamientos y formalizaciones.

Todo indica, por lo demás, que hay una doctrina que, primero, explica esas actuaciones y, segundo, las justifica. De allí el uso tan repetido del argumento del “contexto” en vocerías y comunicados de la institución y la reiteración de que se actúa “para preservar el orden”. Parece evidente que los uniformados son preparados para actuar con esos niveles de violencia y prepotencia. Hay que considerar que son decenas, sino cientos, de abusos y delitos cometidos por funcionarios de Carabineros que nunca llegan a ser investigados, como el trabajador que fue arrojado al río Mapocho hace meses y ante lo cual nunca se hizo nada.

La doctrina parece incluir mecanismos establecidos como método, porque la forma de encubrir hechos, alterar informes y documentación, mentir, tergiversar situaciones, ocultar información, falsear datos y antecedentes, ocupar líneas telefónicas para ponerse de acuerdo para mentir y fabricar circunstancias, es algo que se vio y se ve en casos como Huracán y el muchacho arrojado el río, entre otros.

¿Una reforma de Carabineros? Como dijo una analista, ¿con los amigos de los uniformados y del gobierno? ¿Una reforma liderada por un Presidente y un Ministro del Interior que tienen como eje la defensa irrestricta de esta institución? Es probable que todo quede, cuando mucho, en “cambios”. La encrucijada del país es más grave: no hay confianza ni credibilidad en Carabineros y no se ve luz al final del túnel.

Agrava todo la actitud del alto mando y en particular de Mario Rozas. Ninguna autocrítica, ningún reconocimiento de alguna falta o error, ninguna actitud de asumir responsabilidades, ningún episodio en que se reconozca un delito o una falla. Todos son justificaciones, explicaciones, derivadas, que no apuntan a los hechos en concreto. Defenderse a toda costa, como parte de la doctrina. El general director, ante una comisión del Parlamento, lo enfatizó; no se debe al país ni a la ciudadanía, “me debo a mis carabineros”.