El hombre debe ser siempre defensor de grandes sueños. Es y será parte de la anagnórisis política. Lo que hacemos en vida resuena en el tiempo, ahora, todavía, mañana.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

04/10/2020. El hombre actual ha dejado de soñar y pensar. Existe en un mundo de cristal, frágil, a punto de estallar. Carece de racionalidad. No tiene interés en comunicarse con sus iguales. Ex cathedra, existe en situación de pobreza ética. No es un ser moral. Existe inmerso en la propaganda del lujo y del placer. Ha perdido la capacidad de discernir intelectualmente. No critica, no analiza el acontecer global de la humanidad. Hoy el hombre sólo existe por inercia. No es capaz siquiera de llegar a conocer o entender el poder de una conciencia poética. Ha perdido la grandeza de escuchar el sonido del universo, sinfonía cósmica. No comprende el sentido de la vida, menos de la muerte o la nada, siente terror a lo desconocido, sólo vive el presente.

Todo es extraño en este tiempo extraño. El hombre actual ha perdido casi todo. Vive solitario como planta exótica. No sueña con el amor alucinante, extraordinario. Ni siquiera sueña que soñaba que los humanos sueñan, ni siquiera sueña que muere soñando que soñaba. Ni siquiera sueña en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, ni en la consolidación de un ideal mayor, ni en libros donde reposan palabras transformadoras, ni que el dinero lo desregula y lo corrompe todo. Este es el hombre contemporáneo que sólo reconoce el poder económico, no el poder del saber y del pensar. Id est, ni siquiera se da cuenta que vive en medio de una sociedad caótica y mediocre, sumido en un mundo capitalista, inmoral y egocéntrico.

El hombre debe ser siempre defensor de grandes sueños. Es y será parte de la anagnórisis  política. Lo que hacemos en vida resuena en el tiempo, ahora, todavía, mañana. Sólo así podrá insertarse nuevamente en la naturaleza para reconstruirse como un ser humano más humano. El nuevo hombre deberá adquirir con vigor y talento una conciencia creativa,  que hable con los peces y las piedras,  que cante mañana las loas del pan y la libertad. Un hombre que sueñe con las estrellas, un hombre que ponga imágenes a los sueños más bellos, un hombre nuevo y consciente que sueñe que  es militante solidario y consecuente en su quehacer político, que sueñe con la participación popular en el proceso constituyente, que sueñe con el verdadero desarrollo cultural que transforme nuestra mentalidad y comprenda que es necesario reformular el real compromiso fraternal con los pobres de la tierra, superando aquel pensar absurdo y contaminado por el capitalismo que compra ideales, que sueñe no con una retórica intrascendente, sino erigiendo ideas para la construcción de una sociedad realizada, que  sueñe con vivir el pensamiento marxista de manera clara, no ambigua, que sueñe con un pueblo homogéneo y organizado, unido y disciplinado, que sueñe con avizorar una visión sólida, ecológica y coherente de Chile. Pensar lo contrario, sería simplemente desconocer nuestra  propia historia, humana y política.

A la memoria de José Carlos Mariátegui, lúcido marxista, intelectual peruano del siglo XX, el amauta, el maestro que interpretó el valor cultural, revolucionario e histórico de un instrumento ideológico superior.