La imposibilidad del acuerdo electoral, incertidumbres y desafíos. El siempre determinante factor de la fuerza y participación de la base social/electoral ciudadana.

Hugo Guzmán. Periodista. 02/10/2020. La política en los últimos días estuvo marcada por la imposibilidad de las colectividades de oposición de llegar a un acuerdo amplio para primarias -u otros mecanismos- para las elecciones de alcaldes y gobernadores.

Lo que se podría definir como una escaza disposición dentro de la comunidad opositora a otorgar condiciones de participación y competencia a todos los partidos en los procesos electorales que se avecinan, y sobre todo la ausencia de lo que se llama “generosidad política” de parte de las organizaciones más grandes, se sumó a episodios enrarecidos con versiones sobre las conversaciones que no resultaron veraces respecto a los hechos, y el paso del Partido Progresista (PRO) de irse a una negociación/pacto con la ex Concertación dejando en el camino a sus aliados de este último periodo, el Partido Comunista y la Federación Regionalista Verde Social, reunidos en el conglomerado Unidad para el Cambio.

En todo caso, los escenarios, declaraciones y análisis que había previo al inicio más formal de las conversaciones, a comienzos de la semana que termina, donde participaron todas las representaciones opositoras, indicaba que la situación era muy complicada y que llegar a acuerdos era algo parecido a no estar obligados a lo imposible. Eso se podía olfatear y se podía medir por declaraciones de personeros de la Democracia Cristiana, de Convergencia Progresista y el comunicado del Frente Amplio del 27 de septiembre, entre otros ejemplos.

De alguna manera se hizo realidad aquella premisa que en algún momento planteó el académico y columnista Francisco Vidal, de que en el país hay “varias oposiciones” y que otros analistas llegaron a ubicar en al menos cuatro espacios/bloques. Una comunidad opositora fragmentada hace mucho.

Eso, objetivamente, se materializó en estos días cuando el tema electoral alcanzó un punto de imposibilidad de acuerdo y donde, por cierto, de nueva cuenta estuvo bien ausente el tema de coincidencias programáticas y de ejercicios de creatividad e inteligencia para generar un piso mínimo para conseguir un acuerdo que sumara y evitar un desacuerdo que restara.

Lo que se abre ahora, en primer lugar, es una incertidumbre sobre la competencia y los triunfos que puedan obtener los sectores socialdemócratas, democratacristianos, progresistas y de izquierda en la elección de alcaldes y gobernadores. Teniendo en frente un pacto del derechista conglomerado Chile Vamos que logró acuerdos y que irá básicamente unido en las elecciones de alcaldes y gobernadores, pese a elementos molestos como la presencia del ultraderechista Partido Republicano.

Aunque se sostiene también que la derecha, sobre todo por el pésimo balance de la gestión del gobierno y la extendida protesta en contra de políticas neoliberales y represivas, tiene pocas posibilidades de obtener mayorías necesarias en las regiones, mientras que las fuerzas de izquierda y democráticas podrían llegar a algunos acuerdos y realizar campañas que le otorguen triunfos amplios, considerando, por ejemplo, que en elección de gobernadores hay segunda vuelta.

En una mirada de respuesta al desafío y el escenario abierto, no se puede descartar aun que haya convenios entre partidos en cuanto a mecanismos como primarias convencionales, pactos por omisión, consultas ciudadanas y la realización de encuestas para definir candidaturas.

Impacto en elección de convecionales

También existe incertidumbre respecto a cómo este fallido intento de acuerdo electoral para primarias, y el tono y contenido de las discusiones y conversaciones, podría llegar a influir en lo que será la conformación de una lista unitaria para la elección de los integrantes de lo que, seguramente, será la Convención Constitucional, encargada de redactar el nuevo texto constitucional.

El presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, explicitó que llevar más de dos listas puede terminar en una derrota nada menor de las fuerzas que están con el Apruebo, y el analista electoral Axel Callís, indicó que se corre el peligro, en las circunstancias actuales, de que los sectores democráticos y transformadores pueden llegar con seis, siete o hasta doce listas a la elección de convencionales, lo que sería una llave abierta para el triunfo de la derecha y segmentos conservadores.

En todo caso, personeros opositores no pierden la esperanza de que, en efecto, no haya más de dos listas, que se pueda afianzar una coordinación, en donde incluso se otorguen espacios a los independientes.

Hay otros factores como que nadie podrá negar que ante la opinión pública no es muy bueno el rostro que presentó esta semana la comunidad opositora. Podrán existir matices y algunas colectividades pagar menos costos por sus posiciones en este proceso, pero lo ocurrido, objetivamente, fue un hachazo a la tan difundida “necesidad de la unidad”, que ni siquiera se logró con el mínimo común de quitarle a la derecha la posibilidad de triunfos con menos cantidad de votos.

Es así que parece que junto con el rediseño de las estrategias electorales, la recomposición de posibilidades de acuerdos entre algunas fuerzas y rearmados de listas y candidaturas, también se abre un necesario posicionamiento político y comunicacional desde la oposición, sobre todo los sectores de izquierda y transformadores, para reafirmar confianzas, idearios y proyectos frente al pueblo, y establecer miradas más optimistas respecto a lo que viene, y que todo aquella incida en apoyo electoral.

La decisiva incidencia del pueblo

Muchos analistas, legisladores, dirigentes políticos, columnistas y notas periodísticas, volvieron a enfatizar en el papel del movimiento social y la sociedad civil en todo este proceso y cómo observan el desempeño de las distintas colectividades.

En definitiva, la base social/electoral ciudadana dura o más abierta con que cuenta todo el mundo opositor es lo que será determinante.

También en cómo reaccionen finalmente distintos sectores populares y ciudadanos frente a este cuadro y aquel espacio de los llamados independientes, indecisos o jóvenes que no votaron en las últimas elecciones.

Eso tiene que ver con la disposición a concurrir a votar, en primer lugar, y luego dar el respaldo a quienes realmente aparecen representando las demandas, el sentimiento, las razones y los proyectos populares y de consagración de derechos sociales y civiles.

Es un hecho de la causa indesmentible y de sumar dos más dos, que en definitiva los respaldos electorales dependen sustancialmente de la participación y el voto del pueblo.

De hecho, por encima de ciertas incertidumbres, hoy se observa a un pueblo movilizado tras el objetivo de ir a votar en el plebiscito del 25 de octubre y lograr un contundente triunfo del Apruebo nueva Constitución y de la Convención Constitucional.

Seguramente también habrá un compromiso ciudadano y popular para votar por las representaciones sociales y políticas transformadoras en la elección de los convencionales.

Es así que en medio de trifulcas y debates, prevalece, de acuerdo a distintos sondeos, una disposición social/ciudadana por avanzar en la perspectiva de transformaciones democratizadoras y de logros en derechos, y prevalecen altos objetivos electorales, políticos y constituyentes del movimiento social y de la sociedad civil.

Hacer confluir/cuajar los esfuerzos y planteamientos de partidos realmente opositores y con planteamientos transformadores con los intereses, demandas y aspiraciones de la base social/electoral ciudadana, se aparece como uno de los enormes desafíos al menos en un área de la comunidad opositora, y que por ahí se pueda revertir una situación como las fallidas conversaciones de estos días.