Joaquín Salvador Lavado falleció este miércoles. Impacto mundial.

Agencias. Buenos Aires. 30/09/2020. El historietista gráfico argentino, Joaquín Salvador Lavado, “Quino”, falleció a los 88 años, debido a un accidente cerebrovascular, un día después de que su creación, “Mafalda”, cumpliera 54 años desde su primera publicación.

Su deceso fue portada y prioridad informativa en medios de comunicación de todo el mundo. También se expresó el pesar por su fallecimiento en el mundo de la cultura y especialmente entre dibujantes y caricaturistas. “Quino” fue reconocido por plasmar en cada tira cómica inteligencia, humor, crítica social y pesimismo a través de los niños protagonistas, con temáticas sin vigencia que mantuvieron el éxito mundial de esta emblemática obra.

En 1963 apareció en Buenos Aires un libro de humor gráfico cuyo autor era poco conocido fuera de un círculo reducido de cultores del género. “Mundo Quino”, tal era su título, fue el lanzamiento del dibujante argentino creador de la irreverente “Mafalda” y sus amigos.

El historietista se catapultó a la fama con la niña contestataria de seis años a la que dio vida en 1964. Sin embargo, su obra va mucho más allá, tal como quedó patente en los libros de humor que produjo a lo largo de su vida. Las caricaturas de “Mafalda”, sus amigas y amigos, su padre, madre y hermano, fueron publicadas en cientos de medios de prensa de todo el mundo y sus textos traducidos a varios idiomas. Cientos de miles de libros con resúmenes y compilaciones del personaje creado por “Quino” fueron distribuidos en todo el planeta.

“Yo que usted” y “¡No me grite!”, editados en México y Portugal. Otras recopilaciones son “Ni arte ni parte” (1981), “Gente en su sitio” (1986), “Potentes, prepotentes e impotentes” (1989), “Yo no fui” (1994), “La aventura de comer” (2007) y “¿Quién anda ahí?” (2012). Su primer libro recopilatorio de historietas humorísticas, “Mundo Quino”. La primera recopilación de tiras de Mafalda en un libro apareció en 1966. La edición se agotó en dos días.

El espíritu crítico siempre impregnó en “Quino”. “Es increíble cómo el mundo repite siempre los mismos errores”, dijo al inaugurar en 2014 la Feria del Libro de Buenos Aires. En esa ocasión comentó que cuando dibujaba quería que el mundo “cambie para el lado bueno, el de los Beatles, el de Lennon”. “Pero lamentablemente no fue así, porque el sistema se ocupó de elevarlos y de hundirlos luego”, mencionó.

La mirada crítica sobre el poder sobrevuela la obra de este humorista. “Se ejerce en ámbitos que uno no se imagina. Siempre dibujé restaurantes porque me parece un terreno político comparable con la sociedad: la gente va queriendo comer, que es lo que quieren los pueblos, pero hay que someterse a lo que te diga el chef, que no tienen, que no hay, que te lo hacen mal…y encima hay que pagar”, dijo.

“Mafalda”, la niña de seis años que ama a los Beatles, defiende los derechos humanos y odia la sopa, sigue siendo famosa en los países de habla hispana y otros como Francia e Italia, donde se publicaron sus tiras, que han sido reeditadas en numerosas ocasiones y traducidas a más de una docena de idiomas.

Los personajes que la rodean, el materialista Manolito con sus sueños de llegar a ser “Roque Féler”, Susanita que sólo piensa en casarse con un hombre rico y ser madre (“¿Futuro perfecto de amar? ¡Hijitos!”), el apocado Felipe (“¿Justo a mí me tenía que tocar ser como yo?”), el filosófico Miguelito (“Trabajar para ganarse la vida está bien, pero por qué esa vida que uno se gana trabajando tiene que desperdiciarla trabajando para ganarse la vida”) y la diminuta rebelde Libertad (“¿Sacaste ya tu conclusión estúpida? Todo el mundo saca su conclusión estúpida cuando me conoce”), representan a su vez las distintas facetas del ser humano.

Joaquín Salvador Lavado pudo reflexionar sobre el mundo de los adultos, la política, la economía, el racismo, la guerra de Vietnam, Brigitte Bardot, los Beatles, los árabes e israelíes, las orquestas o los sueños de una clase media argentina que mitiga sus tensiones con el remedio “Nervocalm”. (“Estoy empezando a notar que juego un papel importante en el metabolismo de esta familia”, reflexiona un farmacéutico en la tira).

A los 13 años ingresó en una escuela de Bellas Artes. Pero en 1949, “cansado de dibujar ánforas y yesos”, la abandonó y se abocó a formarse como dibujante de historietas de humor. A los 18 años se trasladó a Buenos Aires en busca de un editor dispuesto a publicar sus creaciones. Allí sufrió tres años de penurias económicas antes de ver cómo se publicaba en 1954 su primera página en el semanario “Esto es”, momento que definió como “el más feliz” de su vida. Desde entonces comenzó a publicar en varios medios. Con el tiempo, su trabajo fue reproducido por muchos diarios y revistas de América Latina y Europa.

En 1960, cuando colaboraba con varias publicaciones, se casó con Alicia Colombo.

“Mafalda” fue elegida para acompañar campañas de UNICEF, la Cruz Roja Española y la Cancillería argentina.

En 1984, “Quino” inició en Cuba una amistad con el director de cine de animación Juan Padrón y firmó un contrato con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos que le condujeron a la realización de cortometrajes con sus páginas de humor. La serie se llamó “Quinoscopios”.

A los 81 años, el caricaturista reconoció en medios de prensa que había dejado de dibujar por algunos problemas de su vista y puntualizó que estaba satisfecho porque había dicho “casi todo” lo que sintió a lo largo de su vida. Pese a ello, las tiras de sus historietas se siguieron publicando.

En 2014, cuando se cumplieron los 50 años de Mafalda, “Quino” recibió en marzo la Legión de Honor francesa. En medio de su felicidad al recibir tal distinción, se refirió una vez más a la pérdida de la vista. “Es muy feo, a uno se le va desapareciendo el mundo”, dijo al diario La Nación.

El dibujante recibió en mayo de ese año el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, uno de muchos reconocimientos en su carrera. El jurado destacó que “al cumplirse el 50 aniversario del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de Quino siguen vigentes por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento”.

Dibujo: Allan McDonald