Una de las enseñanzas de las crisis reside en “que la forma de recuperación dependerá del curso del virus”.

Hugo Fazio. Economista. CENDA. 29/09/2020. Barry Eichengreen, académico de Economía y Política de la Universidad de Berkeley, consultado sobre la evolución del proceso recesivo global, manifestó que una de las enseñanzas de las crisis reside en “que la forma de recuperación dependerá del curso del virus” y, por tanto, “puede prever mejor (su transcurrir) un epidemiólogo que un economista” (10/09/20). Ello será así mientras el factor dominante dependa de la pandemia.

En Europa, durante el tercer trimestre se produjo una “segunda ola” del coronavirus. El director regional de la Organización Mundial de la Salud, Hans Kluge, calificó la situación de alarmante. “Las cifras de septiembre -expresó- deberían servir de alarma para todos nosotros”. Manifestando la “preocupación” del organismo por la reducción de las cuarentenas acordadas o proyectadas en varios países. En septiembre se produjo un récord de contagios diarios en Europa, superando los sesenta mil en algunas jornadas. La situación es particularmente aguda en España y ante todo en Madrid, calificada por José Antonio López, virólogo de la Universidad Autónoma de Madrid como “el sitio más caliente de transmisión de toda Europa” (19/09/20). Es muy elevado también en el Reino Unido y Francia. Al finalizar septiembre, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades destacó a siete países de la Unión Europea donde se registraba una evolución negativa de la pandemia y un elevado riesgo de mortalidad: España, Rumania, Bulgaria, Croacia, Hungría, República Checa y Malta. Lo que estamos viviendo en estos momentos -manifestó por su parte el canciller de Austria, Sebastián Kurz- es el comienzo de la segunda ola. Las cifras de contagios aumentan cada día” (21/09/20).

“En algunos Estados miembros -subrayó con preocupación Stella Kyriakides, comisaria de Salud de la Comisión Europea- la situación es ahora incluso peor que durante el peak de marzo. El muy esperado y necesario levantamiento de las restricciones durante el principio del verano (europeo) nos ha llevado hasta lo que hemos estado advirtiendo en forma continuada. Todos los Estados miembros -demandó- tienen que desarrollar de forma inmediata y a tiempo medidas en cuanto vean los primeros signos de rebrote. Debemos evitar llegar al punto en que los gobiernos sientan que no les queda más elección que imponer confinamientos generalizados, pues será perjudicial para nuestra salud mental, nuestras economías (…) y para nuestro trabajo y vida cotidiana” (24/03/20).

Carmen Reinhart, economista jefe del Banco Mundial, destacó en entrevista de prensa la incertidumbre sobre la evolución global. “Después de la crisis 2008-2009 -declaró– más o menos sabía que esperar. Pero esta es una situación muy distinta. De ésta (crisis) no se ha escapado nadie. El elemento de incertidumbre sobre el comercio internacional, sobre los viajes, es nuevo. En 2008 y 2009 los países emergentes rebotaron y se recuperaron y en mucho de ese papel tuvo que ver la economía china, que entonces estaba creciendo a más del 10% y eso fue un enorme punto de apoyo para los países emergentes sobre todo de América Latina”. (17/09/20).

El Banco de Pagos Internacionales, donde están presente los principales bancos centrales, en un informe presentado el 14 de septiembre sostuvo que “las perspectivas de crecimiento de la economía global se mantienen generalmente tibias, lo que anticipa la pérdida del producto interno bruto que no se recuperará antes de finales del 2021”. (18/09/20).

Por su parte, Christine Lagarde, presidente del Banco Central Europeo (BCE), luego de una reunión efectuada a mediados de septiembre del organismo que dirige, alertó que el aumento de los contagios constituye para la economía europea el “mayor viento” en contra. Recalcando que el proceso de recuperación es “irregular, incompleto y asimétrico. La fortaleza de la recuperación -agregó- sigue dependiendo mucho de la evolución de la pandemia y del éxito de las políticas aplicadas”. El BCE redujo su estimación de crecimiento del 8,7% a 8,0%. Mientras tanto, el presidente del Eurogrupo, Paschal Donohoe, afirmaba: “costará mucho tiempo y trabajo deshacer el daño que ha ocasionado esta crisis”.

Las cifras de septiembre del índice compuesto de gerentes de compras, que entrega mensualmente la consultora IMS Markit (PMI), confirmó estas aprensiones en la Eurozona al anotar 50,1 puntos, retrocediendo ocho décimas de su registro de agosto, colocándose en el límite entre expansión y contracción. “La recuperación económica de la zona euro se estancó en septiembre -constató Chris Williamson, jefe de análisis de la consultora- ya que el aumento de las infecciones del Covid-19 llevó a una renovada reducción de la actividad del sector servicios en toda la región”. El sector servicios precisamente entró a la zona de contracción con 47,6 puntos (50,5 puntos en agosto). El dato positivo lo entregó la industria de las manufacturas subiendo a 56,8 puntos desde los 55,6 del mes anterior. Las pérdidas de empleos -agregó Williamson- también, se aceleraron en el sector servicios, a medida que más empresa ejercieron cautela por los costes. Afortunadamente en el sector industrial – agregó – se ha observado una menor destrucción a medida que la presión de la capacidad comienza a emerger (…)”. (23/09/20).

En septiembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico redujo su proyección de caída global de -6% a -4,5%, dejando establecido que “las perspectivas son muy iniciales “porque dependen de las hipótesis relativas a la propagación del virus y a la evolución de las políticas” macroeconómicas en aplicación. En cuanto a la proyección que efectuó de recuperación para 2021, dejó establecido que “un resurgimiento más fuerte del virus o medidas de confinamiento más estrictas podrían reducir en dos o tres puntos porcentuales el crecimiento mundial”. Agregando que la única economía integrante del G20 que crecerá durante el presente año será China en un 1,8%, mientras que India, donde la pandemia se expresó más tardíamente, se contraerá en un 10,2%. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional, haciendo referencia a que los antecedentes de China y de algunas economías avanzadas superan las expectativas de su informe de junio, anticipó que la actualización a entregar durante octubre de su panorama económico mundial “podría ser algo menos sombrío” que el anterior.

La Reserva Federal de EEUU, en su última reunión de política monetaria antes de la elección presidencial, realizada a mediados de septiembre, proyectó la caída en el año de la actividad económica en -3,7%, casi tres puntos porcentuales inferior a la efectuada en junio, manifestando su presidente, Jerome Powell, que la recuperación fue más rápida de lo previsto, considerando el supuesto “que habrá un apoyo fiscal adicional sustancial“, el cual a la fecha aún no se producía, por diferencias en el Congreso, y añadiendo que  “el camino sigue sin estar claro” (17/09/20). El documento hecho público por la Fed estableció que “la recuperación de la economía va a depender estrechamente de la evolución del virus. La actual crisis sanitaria -puntualizó- seguirá lastrando la actividad económica, el empleo y la inflación a corto plazo y supone unos riesgos considerables para las perspectivas económicas a mediano plazo”. Constatando que el virus está causando “tremendas penurias humanas y económicas” y añadiendo que sería “probablemente necesario “otorgar nuevas ayudas a los hogares y empresas para permitir que la economía se recupere de la pandemia”.

El 18 de septiembre, el fallecimiento de la magistrada Ruth Bader Ginsburg transformó el nombramiento de su reemplazante en el Tribunal Supremo de EEUU en otro tema candente de la elección presidencial. Se trata de un organismo de grandes atribuciones, cuyos integrantes tienen un mandato vitalicio. Hasta su deceso la composición del Tribunal era de cinco miembros conservadores y cuatro progresistas, entre los cuales ella destacaba. Fue la segunda mujer en llegar al Tribunal en 1993 nominada durante el gobierno de Bill Clinton. Transformándose en una activa protagonista de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El giro conservador del Tribunal desde la administración de George W. Bush le otorgó a sus formulaciones una aún mayor trascendencia.

El reglamento del Senado, modificado en el año 2017, estableció que la elección de los reemplazantes se efectúa por mayoría simple y no con un quórum mayor como se efectuaba con anterioridad. Pocos días antes de su fallecimiento, la magistrada escribió una carta dejando constancia de que su deseo “más ferviente es que no se me sustituya hasta que no haya un nuevo presidente” (18/09/20). Al día siguiente de su deceso, Donald Trump después de disponer que todos los edificios oficiales colocaran las banderas a media asta, se comunicó con los senadores republicanos para que se procediese sin demora a nominar al reemplazante. “Fuimos colocados en esta posición de poder e importancia -les exhortó- para tomar decisiones por el pueblo que orgullosamente nos eligió, la más importante de las cuales se ha considerado desde hace mucho la elección de jueces del Tribunal Supremo. ¡Tenemos esta obligación sin demora! (19/09/20).

Trump poco después comunicó que procedería rápidamente a proponer una mujer. Biden planteó a los senadores republicanos que no “fuercen” el proceso antes de las elecciones, dado que constituiría un “abuso de poder”, demandándolos para que actúen “en conciencia”. Susan Collins, senadora por Maine, ya anunció que no votará por la candidata de Trump. La senadora republicana, por Alaska, Liza Murkowski recordó que ya en 2016 no apoyó una nominación antes de las elecciones presidenciales cuando el lapso era mayor. Los republicanos cuentan con 53 senadores y los demócratas 47.

A nivel global, Eichengreen considera que para darse una recuperación en V debería haberse producido un crecimiento sostenido en Europa y Asia, así como mantener la situación bajo control. “Si hay nuevos rebrotes en el hemisferio norte -estimó- será en W. Estamos ante una crisis muy diferente a cualquier otra”. En agosto continuó el proceso de recuperación de la economía mundial de la fuerte caída registrada en el segundo trimestre. “Pero -observó The Wall  Street Journal- hubo signos de fragilidad a medida que los nuevos brotes del virus provocaron nuevas restricciones y precauciones adicionales entre los consumidores, con disminución de actividades registradas en Japón, India, Australia, Kazajistán, España e Italia (…) que representan el 15% de la producción mundial”. (14/09/20).

La recuperación de la economía avanzada no tomó la forma de una V, sino fue lenta. El Reino Unido, uno de los pocos países que proporciona datos mensuales de crecimiento y es la mayor economía que lo hace, confirma que la recuperación será en muchos países lenta y demorará un lapso largo para volver al momento previo del estallido de la pandemia. Como en muchas otras economías industrializadas la caída de los niveles de actividad se produjo a partir de marzo, prolongándose durante buena parte del segundo trimestre, durante el cual el producto británico se contrajo en 20,4%. En julio creció 6% en relación al mes anterior, cuando a su vez se recuperó un 7%. En el séptimo mes del año, a pesar de los mencionados crecimientos, su producto estaba 11,7% por debajo de febrero, es decir antes de desatarse la pandemia. El sector servicios, donde el distanciamiento social es más difícil, el PIB era aún un 12,6% inferior, y la producción industrial lo hacía en un 7%. “Los economistas no esperan -subrayó The Wall Street Journal- que la economía británica vuelva a su tamaño anterior a la pandemia hasta 2022. Las cifras refuerzan la opinión que (…) el regreso a los niveles de producción anteriores al coronavirus será dolorosamente lento en la mayor parte del mundo rico” (14/09/20).

Una proyección igualmente de volver en 2022 recién a los niveles anteriores efectuó el Banco de la Reserva Federal de Atlanta para la economía de EEUU, señalando que en el tercer trimestre estaba en camino de recuperarse un 7%, luego de contraerse en 9,1% en el segundo. Su estimación para octubre-diciembre es de una expansión solo de 1,25%. Estimando que volver a los niveles previos a cuando se desató la pandemia recién se produciría en 2022.

Otro factor que incide negativamente en los niveles de actividad es la caída registrada en los ingresos provenientes del trabajo a nivel global. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) constató que durante los tres primeros trimestres de 2020 se redujeron en aproximadamente unos US$3,5 billones, es decir en un 10,7% con relación a igual período de 2019. Ello sin considerar los efectos de las medidas adoptadas por los gobiernos para revertirlo. En los países de ingresos medios y bajos el porcentaje sube al 15,1%. La OIT consideró a América como la región más afectada. Esta disminución fue “substancialmente mayor” a la prevista con anterioridad (24/09/20).

A medida que se terminan de proporcionar los datos oficiales de la caída de la actividad económica de América del Sur en el segundo trimestre queda aún más en evidencia la magnitud que alcanzó, la cual para Chile fue de 14,1%, constituyendo el punto más pronunciado de su proceso recesivo. La de Perú se elevó a un 30,2%, según el Banco Central de Reserva, la más grande reducción trimestral anterior se había dado durante la hiperinflación de 1989 al contraerse en un 20%. La recesión en Argentina se inscribe en un proceso muy largo iniciado en 2018, profundizado por las exigencias contractivas concordadas por el gobierno de Macri con el FMI. Su economía se derrumbó en el segundo trimestre de 2020 en un 19,1%, luego de haber descendido en los tres meses anteriores en 5,4%, de manera que la caída semestral fue de 12,2%, influido por la pandemia y las duras medidas de confinamiento aplicadas. En 2018 había descendido en 2,6% y en 2019 un 2,1%. En Colombia la reducción fue de 15,7% y en Brasil de 11,4%. Hay una excepción en un pequeño país de América del Sur que crecerá de acuerdo a las estimaciones un 50%. Se trata de Guyana, un país de 700.000 habitantes, debido a la puesta en explotación al finalizar 2019 de yacimientos petrolíferos.

“Las consecuencias socioeconómicas de la pandemia en la región -señaló un documento conjunto de la OCDE, la Cepal, la CAF y la Comisión Europea divulgado a fines de septiembre- no tienen precedentes”. En 2020, el producto regional se contraerá en más de un 9%, constatando que “pese a existir una gran heterogeneidad entre países, todos ellos están siendo golpeados”, añadiendo que la pandemia “tendrá consecuencias socioeconómicas importantes y duraderas en América Latina, lo que agravará la ya compleja situación de la región”. El informe titulado “Perspectivas económicas de América Latina 2020” estima que la pobreza regional puede aumentar en 6,9 puntos porcentuales, lo cual afectaría a 45,4 millones, incrementando la cantidad de personas en esta situación a 230,9 millones (37,3% de la población de América Latina y el Caribe) La pobreza extrema alcanzaría a 96,2 millones. Añadiendo que numerosas empresas se encuentran en peligro de cerrar, lo cual de ser así produciría la pérdida de 8,5 millones de empleos.

“Reconstruir mejor con igualdad y sostenibilidad -finaliza el documento- requerirá repensar nuestro modelo de desarrollo y orientar esfuerzos a la infraestructura de la vida”. La situación en la zona ya era preocupante antes de desatarse la pandemia. “(…) América Latina se había quedado atrás en términos de desarrollo -detalló Mario Pezzini, director del Centro de Desarrollo de la OCDE- del resto de los países emergentes. Y el virus lo ha agravado todo, de manera directa (confinamiento) e indirecta (reducción de la demanda externa, del precio de las materias primas, de las remesas y del turismo y aumento de la salida de capitales. Los países de América Latina y el Caribe se han caracterizado por una brecha de productividad elevada con los países desarrollados. Es indispensable -recalcó- una transformación productiva y la digitalización es una herramienta clave en esa dirección”. Poniendo como ejemplos a tener presente las experiencias de Corea del Sur y de Vietnam. ”En ambos -señaló- la diferencia la marcan las políticas públicas” (24/09/20).

La pandemia y las medidas adoptadas para enfrentarla provocaron una contracción económica tanto en la oferta como en la demanda. Las medidas para intentar detener la crisis produjeron repercusiones en ambas variables. Hay sectores cuyo impacto en la oferta y la demanda será duradero. Un ejemplo lo proporcionan la gran cantidad de aviones sin ser utilizados por la contracción de viajes. En julio, de acuerdo a cifras de la Asociación Internacional de Trasporte Aéreo (IATA), el factor ocupación en el sector llegó a un mínimo histórico de 57,9%, fundamentalmente logrado por el movimiento al interior de los países. El nivel reducido proyecta la IATA podría persistir por un tiempo prolongado.

El comercio internacional constituye uno de los sectores más deteriorados tanto en la demanda, por las medidas de confinamiento, como de la oferta debido a la imposibilidad de mantener los niveles de producción. La caída del intercambio comercial se produce desde antes de desatarse la pandemia por las guerras económicas implementadas por Donald Trump. El transporte de contenedores inició su descenso desde finales de 2018. El intercambio de bienes se redujo en un 3% durante el primer trimestre de 2020, antes que se generalizara la crisis sanitaria, y los servicios se redujeron en un 7%, de acuerdo a cifras de la Unctad.

Este proceso se intensificó al estallar la pandemia. “Ahora es -señaló Cliff Kupchan, director de Análisis de Eurasia Group- cuando más se verá afectado el comercio global porque los países van a intentar ser más autosuficientes. Los productos sanitarios, la industria de datos y el turismo se verán muy afectados. La salud -concluyó- va pasar a ser un sector estratégico (…)” (20/09/20). No existe la misma situación que durante la Gran Recesión cuando el G20 coordinó muchos esfuerzos globales. Ahora, la Organización Mundial de Comercio sufre contantes ataques de Donald Trump. que bloqueó su papel de árbitro para dilucidar los conflictos comerciales y rechazó aprobar su nuevo presupuesto. Con sus decisiones en esta esfera Trump pretendía reducir el déficit comercial estadounidense. Sin embargo, EEUU en julio registró el mayor déficit comercial en los últimos doce años, al llegar a los US$63.600 millones, creciendo en este mes su déficit con China a US$36.600 millones. Ante esta realidad, el magnate eliminó en las formulaciones de la campaña electoral reducir el déficit.

A nivel global las medidas de política monetaria y fiscales en varios países para enfrentar los procesos recesivos han sido de gran envergadura. “Las lecciones aprendidas en 2008 y 2009 tanto por los pasos satisfactorios dados como por los errores –señaló también Eichengreen- han ayudado a que las respuestas de política hayan sido constructivas esta vez”. Desde luego las repercusiones de ella son diferentes de acuerdo a las realidades de cada país. Un caso particular, pero que puede reproducirse en otras economías avanzadas, lo proporciona Japón. En agosto cesó en el cargo de primer ministro Shinzo Abe, quien desde 2012 puso en ejecución un proyecto conocido como abeconomics que contaba con tres flechas: expansión monetaria, consolidación fiscal y reformas estructurales. El promedio de crecimiento proyectado era alcanzar un 2% anual. Sin embargo, durante todo el periodo de su gobierno fue de únicamente 1%.

La recesión nipona en curso se inició antes del estallido de la pandemia. En el segundo trimestre del 2020 completó tres trimestres sucesivos de caídas en un proceso iniciado en octubre de 2019 al aumentar los tributos buscando la consolidación fiscal. La contracción de abril-junio fue de 7,8%. El endeudamiento público siguió creciendo cuando a comienzos de la crisis sanitaria ya era de un 240% del PIB. El paquete de estímulos para intentar revertir el proceso recesivo alcanzó a un 40% del producto. El objetivo de llegar a una inflación de un 2% anual tampoco se logró en un país afectado desde hace años por procesos deflacionarios, a lo cual contribuyó constantemente la apreciación del yen considerado un refugio en periodos de inestabilidad financiera. Abe fue reemplazado como primer ministro por Yoshihide Suga, con un gabinete ministerial compuesto en un 50% por miembros que mantuvieron sus cargos. Su compromiso al asumir fue controlar el coronavirus y efectuar reformas de fondo, un compromiso no cumplido por su antecesor.

Los bajos niveles de inflación en las economías avanzadas se transformaron en un motivo de preocupación. “Ni nuestros pronósticos de inflación ni las del sector privado -constató Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal- se han materializado (…). Y otras economías avanzadas -agregó- también han pasado apuros para cumplir con sus objetivos en las últimas décadas” (21/09/20). Tanto EEUU y en forma más marcada la Eurozona enfrentan esta situación, a pesar de tasas de interés ultra bajas y la fuerte creación de dinero a través de adquirir títulos de deuda en el mercado. En el lapso transcurrido entre la Gran Recesión de 2008-2009 y la Gran Reclusión, provocada por la pandemia y las políticas públicas para enfrentarla, la inflación promedió 1,2% en la Eurozona, por debajo del objetivo de “cerca pero por debajo del 2%” del BCE. Y en EEUU de 1,7. En los países emergentes, en magnitudes diferentes, la tendencia general ha sido similar no se registran tasas muy elevadas En la década pasada ya descendió ostensiblemente.

La caída de la actividad económica afectó también a la cotización del petróleo. Tanto la Asociación Internacional de la Energía (AIE) como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en informes dados a conocer a mediados de septiembre pronosticaron reducción en la demanda global por petróleo. La OPEP prevé que la demanda durante 2020 será de 90,2 millones de barriles diarios, disminuyendo en un 9,5% en relación al nivel de 2019. “Dada la considerable incertidumbre al repunte vaticinado para 2021 –estimó su secretario general- no alcanzará a cubrir la demanda perdida este año (…)”.

A su turno, la AIE sostuvo que “esperamos que la recuperación de la demanda de petróleo se desacelere notablemente en la segunda mitad de 2020”. Su estimación es que el consumo de crudo en el año será de 91,7 millones de barriles diarios, 8,4 millones menos que en 2019. Basa su proyección en un repunte de la pandemia, el incremento de las medidas de confinamiento, la mantención del teletrabajo y la debilidad del sector aeronáutico.

No todos los recursos primarios han seguido este mismo curso. Diferente fue la evolución del cobre que durante el año hasta el 20 de septiembre había acumulado un alza del 11%, cotizándose varios días sobre los US$3,10 la libra. Ello como consecuencia de dos factores fundamentales: la mayor demanda de China y la devaluación global del dólar, que aumenta la cotización de los commodities medidos en esa moneda. Sin embargo, en la semana iniciada el día 20 descendió ininterrumpidamente volviendo a colocarse desde el día jueves bajo los US$3 la libra, en momentos que la divisa estadounidense nuevamente se revaluaba en los mercados internacionales, actuando como refugio en el cuadro de incertidumbre en los mercados provocada por la segunda ola de contagios producida en Europa.

La profundidad de la crisis ha dimensionado de manera muy clara el papel de los Estados. Ello después, como recordó Eichengreen, en que se vivió “un largo periodo desde Reagan y Tatcher en el que estuvo de moda que el Estado debería ser menos en el terreno económico”. Los bancos centrales y los paquetes fiscales han desempeñado en varios países un papel importante para enfrentar la crisis. La economista jefa del Banco Mundial, Laurence Boone, hizo presente en septiembre que los estímulos fiscales no deben ser abandonados hasta constatar que las recuperaciones de las economías sean sólidas.