Una nueva Constitución no es una poción mágica, sino un instrumento, una llave para abrir las celdas que nos dejó la dictadura y que no hemos roto estos años de “transición”.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 29/09/2020. Se ha entrado en la fase final de campaña frente al plebiscito en el cual el pueblo de Chile está conminado a elegir entre las opciones APRUEBO o rechazo cambiar la actual Constitución y cuál será la composición del órgano responsable de esta misión: una CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL en la cual tod@s sus representantes son elegid@s directa y exclusivamente para cumplir esta función o lo que se denomina una convención mixta, que estaría integrada por partes iguales entre convencionales elegidos directamente y parlamentarios en ejercicio. Lograr altos porcentajes de aprobación para las opciones apruebo y convención constitucional facilitará los pasos posteriores destinados a cambiar la constitución de la dictadura.

El documento de Convocatoria a discusión con motivo del desarrollo del XXVI Congreso del P.C. de Chile, entrega algunos ejes centrales a este debate que son definiciones a tener en cuenta, señalando: “La rigidez jurídica y conceptual de la constitución de 1980 no le  permite ofrecer alternativas para encausar nuevas propuestas y soluciones…el proceso constituyente en curso no ha nacido por voluntad del sistema político…ha sido la movilización popular y la acción decidida de millones de compatriotas lo que ha puesto en jaque la sobrevivencia de este sistema constitucional…intentar adueñarse o tutelar el proceso constituyente, es una posición política deleznable…quienes buscan reponer nefastas políticas de “consensos”…deben asumir que Chile Despertó…como pacto de convivencia debe ser una constitución al servicio del pueblo, que tenga por meta el fin del abuso y una vida digna para las personas y los colectivos….la dimensión de superación del neoliberalismo está determinada …por el abandono del principio de Estado subsidiario consagrado en el ordenamiento constitucional pinochetista…..este proceso debe ser un espejo de la tensión política entre abandonar o no el modelo neoliberal, que, en esencia, es lo que está en juego”. La sola enunciación de estas ideas aporta la trascendencia que tiene para el futuro de nuestra patria el debate constitucional en curso y el porqué es imprescindible volcar los mayores esfuerzos para triunfar nítidamente el próximo 25 de octubre.

A pesar de la persistencia de la crisis sanitaria, la cual cobra miles de muertos y corrobora la incapacidad del actual gobierno para enfrentar la situación, a lo largo del país miles de iniciativas, algunas de ellas de creativa factura, se desarrollan, difundiendo el votar Apruebo y Convención Constitucional. En algún segmento del mundo popular se enarbola la tesis que una nueva Constitución no transforma de por si la actual situación repleta de injusticias y por lo tanto se relativiza la importancia de la confrontación del 25 de octubre. Frente a esa posición reafirmar que efectivamente una nueva Constitución no es una poción mágica, sino un instrumento, una llave necesaria para abrir las celdas que nos dejó la dictadura y que no hemos roto estos años de “transición”. Negarse a participar es negar el rol del movimiento popular, viendo el plebiscito del 25 de octubre como un hecho aislado y no como parte de un proceso que comenzó hace un año, que en definitiva marcó la búsqueda por modificar las relaciones de poder y por lo tanto, las fisuras, incomprensiones, debilidades, presentes en los sectores populares, serán utilizadas por los actuales detentores del poder, que nunca han sido generosos cuando se trata de compartirlo, para seguir manteniendo sus centenarias granjerías. Sin duda, la lucha por transformar el sistema no concluye en este plebiscito próximo, tampoco con la elección de convencionales, ni siquiera cuando haya un cuerpo normativo escrito, que debemos exigir refrendar en otro plebiscito, para reemplazar la actual constitución. La lucha por las reivindicaciones populares es permanente y multidimensional: tiene expresiones en la lucha económica, en el combate contra el patriarcado, en la democratización del ejercicio de la política, en la lucha por la preservación del medio ambiente o el reconocimiento a nuestros pueblos originarios. Es desde luego más que un plebiscito, pero donde este plebiscito es necesario para avanzar.

Es necesario valorar las diferentes coordinaciones que han surgido en comunas, provincias y regiones en pos de lograr un decisor triunfo el 25 de octubre; pero también es necesario que estas coordinaciones no pueden instrumentalizarse en la perspectiva de lograr apoyos en los procesos electorales que se avecinan. A no dudarlo la unidad es deseable y necesaria cuando se trata de derrotar las posiciones más reaccionarias, pero debe partir de la premisa que debe construirse sobre la idea de una clara posición política, sin hegemonismos que a estas alturas resultan reminiscencias descontextualizadas y respetando las diferencias para luego no relativizar los compromisos del acuerdo. Esa es una historia en desarrollo cuyo primer capítulo cierra este 30 de septiembre.