El experto electoral Axel Callís, indicó que con muchas listas para la Convención Constitucional, la oposición “puede terminar teniendo mayoría de votos pero no de convencionales”.

Equipo ES. 22/09/2020. Lleva más de dos décadas como analista electoral. Es columnista en medios de prensa y cuenta con una amplia experiencia en procesos electorales, incluso desde Data Influye que entrega encuestas de impacto para el análisis político. Se trata del sociólogo Axel Callís que entró al crudo análisis de lo que viene para el plebiscito del 25 de octubre por el Apruebo o Rechazo nueva Constitución, y las opciones de Convención Constitucional o Convención Mixta; y para abril, en que habrá que elegir a las y los integrantes de esa Convención.

Callís estuvo invitado al programa on line “Tribuna Semanal” (una producción de Revista DeFrente, Le Monde Diplomatique Chile y El Siglo) y ahí conversó con el editor general de Le Monde Diplomatique Chile, Libio Pérez. Habló del gran problema que tiene la oposición para la elección de la Convención, de que los jóvenes son los que le pueden dar “volumen aplastante” de participación al plebiscito, de las complejidades que se están presentando con los independiente.

¿Hay estudios confiables de cómo viene la mano para el plebiscito del 25 de octubre próximo?

No, no puede haber estudios confiables respecto a la pregunta más importante que es cuánta gente va a participar en el plebiscito, esa es la incertidumbre más grande. Diría que el resultado del triunfo del Apruebo está absolutamente consolidado. Lo que queda saber es cuál será la distancia entre el Apruebo y el Rechazo, que creo será muy alta. Hay gente que dice que tiende a estrecharse, en los plebiscitos tiende a estrecharse, pero este plebiscito es casi un acuerdo nacional, porque gran parte de la derecha tiende al Apruebo y eso no está en cuestión. Como dicen los relatores deportivos, podrá cambiar el marcador, no así el resultado. La gran pregunta de esto es cuánto será el nivel de participación de la gente. Esa es la primera pregunta importante. Porque de una u otra forma, la derecha trata de poner un punto suspensivo en la legitimidad del plebiscito respecto al volumen de personas que habría detrás de eso.

La segunda pregunta es qué pasa con la Convención Constitucional o la Convención Mixta, cuál será la distancia. Los estudios dan un dos a uno a favor de la Constitucional. Diría que tampoco está en riesgo eso.

El punto, te reitero, es cuánta gente llega a votar y lo que sucede después. Mi preocupación máxima es qué viene después del plebiscito, que tiene que ver con la elección de los convencionales o constituyentes.

Está instalado, al menos en algunos sectores, que hay una confusión con la Convención Constitucional y la Convención Mixta, sobre todo con este última. Algunos piensan es que de paridad de género, mitad mujeres y mitad hombres, hay confusión.

Creo que esa confusión comenzará a despejarse con la franja televisiva, porque la confusión está sobre todo en los sectores más vulnerables, los que menos votan, que son los sectores más pobres de la población. Hay una relación entre el nivel de riqueza, de comunas con mayor concentración de riqueza y participación electoral. En la última segunda vuelta presidencial, en comunas como Vitacura y Las Condes votaron cerca del 80% de las personas, y en La Pintana, Puente Alto, Valparaíso, los niveles de participación cayeron a menos del 40%. Es decir, en las comunas ricas se vota el doble que las comunas pobres. Eso tiene que ver con el nivel de información que tienen las personas. A mayor nivel socioeconómico, mayor nivel de información. Cuál es la noticia mala: que hay muchos segmentos, sobre todo el adulto mayor, de sectores vulnerables, que no tienen clara esta diferencia entre Convención Constitucional, electa cien por ciento con ciudadanos, y Convención Mixta, mitad parlamentarios, mitad ciudadanos. Cuál es la buena noticia: que con la franja electoral, que parte el 25 de septiembre, esas personas van a empezar a autoeducarse, a partir de las campañas de los partidos y grupos de la sociedad civil, sobre las diferencias entre una y otra cosa. Esos sectores vulnerables no tienen cable, muchos, y por tanto son los que ven más televisión abierta, y la educación cívica va a llegar a los sectores más pobres y más necesitados de ella.

Pero el problema está en los sectores que tienen más dudas de ir a votar, que son los de adultos mayores, arriba de 60 a 65 años, los enfermos crónicos y los sectores juveniles. Los famosos NINIS, jóvenes que ni estudian ni trabajan, y que tuvieron un rol protagónico en el estallido social (2019), son jóvenes que se movilizaron mucho, pero que son malos para votar, no pertenecen a familias con conducta electoral y la verdad es que no le encuentran una trascendencia o un valor de cambio al voto. Ojalá que los movimientos ciudadanos, las asambleas territoriales que se han formado, logren llamar a esos grupos de jóvenes que son los que realmente podrían dar el volumen aplastante de participación en el plebiscito, porque para estos jóvenes, de 17, 18, a 27, 28 años, el tema de la pandemia no es algo que los intranquilice, para nada. La pandemia no es tema para ellos y no tienen ese freno que encontramos con los mayores de 65 años. Felizmente, donde mejor le va al Rechazo, es en los sectores más reacios a ir a votar, en los mayores de 65 años.

¿Qué tanto impacto produce en lo electoral y también en lo político, esta supuesta neutralidad del gobierno?

Una cosa es lo que diga el gobierno y otra cosa es lo que perciba la gente. En un estudio que hicimos, en la encuesta mensual de Data Influye, que intentamos difundir -que nos costó bastante porque hay una especie de bloqueo de parte de los medios tradicionales, una encuesta de casi dos mil casos, muy robusta desde el punto de vista metodológico-, nos dijo que las personas asocian a Fuerzas Armadas, gobierno y grandes empresas al Rechazo, en un 85% promedio. Cuando preguntas a las personas con qué instituciones o grupos asocian el Rechazo, de lejos, son las empresas, las Fuerzas Armadas y el gobierno. La gente percibe que, no obstante los ministros estén mayoritariamente por el Apruebo, el gobierno e instituciones asociadas con el poder del Estado, un poco menos el Poder Judicial, están con el Rechazo nueva Constitución. Por contra, cuando le preguntamos a la gente por las Pymes, los estudiantes, en general la universidades estatales, lo asocian al Apruebo, como en un 75 a un 80 por ciento. Las personas tienen súper clara cuál es la relación de las instituciones con el signo del voto del 25 de octubre próximo.

Bueno, gana el Apruebo, gana dos a uno la Convención Constitucional. ¿Cómo se conforma el escenario pos 25 de octubre? Viene en cinco meses después la elección de la Convención, a parte de la municipal, ¿cómo se conforma ese escenario?

Soy súper pesimista. Creo que ahí tenemos un problema de orden, porque por una parte la sociedad percibe que los partidos políticos no los representan, hay una crisis profunda de legitimidad de la representación política, es decir, las personas no confían en los políticos ni en los partidos, y por otra parte, los mecanismos para que se inscriban listas de independientes o grupos ciudadanos, temáticos o que tengan relación con la sociedad civil, está bien difícil, de hecho se instaló en las últimas semanas el tema de los independientes.

Hay que recordar que el sistema de elección de quienes irán a la Convención Constitucional, elige 155 miembros, paritariamente, 50% mujeres y 50% hombres. Se usará el mecanismo electoral de los distritos, igual que la elección de diputados. Por ejemplo, el distrito de Santiago Centro, San Joaquín, Ñuñoa, Providencia, Macul, La Granja, elige ocho diputados y ahora, ocho convencionales. El distrito del poniente de la capital, Maipú, Pudahuel, Cerrillos, Quilicura, Lampa, Tiltil, también elige ocho. Puente Alto y La Florida siete, Valparaíso ocho, y así en todo el país, va de tres a ocho convencionales. ¿Cuál es el problema? Que la derecha al ir unida -es un tema que cuesta explicarlo así sin un pizarrón- concentra mucho más su votación, sobre la dispersión que existe en el resto de partidos o sectores. En un distrito del poniente de la Región Metropolitana, que es grande, ahí la derecha tuvo tres diputados de ocho, y fue súper proporcional porque obtuvo como un 38%, y se puede decir, está bien, eso era. Pero el punto es que en el Congreso, la derecha con Chile Vamos, con un 38% de los votos, obtuvo un 47% de los diputados. Hay una diferencia, una brecha, entre el porcentaje de votos que saca la derecha y la representación que tiene en el Parlamento. Eso se produce porque la derecha va junta, y al frente no van juntos. En la última elección parlamentaria teníamos seis listas, la de la Democracia Cristiana, los socialistas con otros partidos, el Frente Amplio, otros partidos como Unión Patriótica, cinco o seis listas por distrito, entonces con esa dispersión, siempre se beneficia la lista más grande.

Esto es difícil de explicarlo, pero yo le digo siempre a los futboleros que esto es como en un partido, esas segundas pelotas que son esos rebotes y que se agarran. Aquí cada segunda pelota siempre va a caer en manos de la derecha. Porque va juntando los remanentes de los votos, y quizá en los hechos la derecha no es la más grande, pero al ir unida y con la dispersión al frente, es más grande. Obtiene el 35, el 38, el 40 por ciento de los votos a nivel país, pero si van los partidos de enfrente desunidos -y es el gran problema para abril próximo-, si van más listas de independientes, territoriales, podríamos tener distritos en que al frente de la lista de la derecha tuviéramos nueve o diez listas, con las de independientes o que reúnen firmas, y las de los partidos. Así, la derecha, con un 35 o 40 por ciento de los votos, podría obtener el 60% de los convencionales.

¿Y qué pasa con los independientes, o con representaciones territoriales? Hay partidos que ofrecieron lugares para los independientes…

Es el gran problema. Si damos rienda suelta a que haya todas las listas posibles de independientes, podemos llegar a distritos con doce listas. Frente a una de la derecha. Ponle dos. Si bajamos las barreras de entrada, eso puede ocurrir. Si Don Francisco quiere inscribirse para ser convencional, tiene que juntar el 0,4% de firmas en relación a la última elección que hubo en el distrito por donde se presente. Si en un distrito votaron 100 mil personas, él tiene que juntar el 0.4% de eso, que puede ser mucho en varios distritos, pueden ser hasta 3 mil firmas. Pero si Don Francisco quisiera formar una lista en ese distrito, con más gente, tendría que juntar un 1,5% del total de la gente que está en la lista, de los votantes de la última elección en ese distrito. En un distrito grande donde votaron 300 mil personas, esa lista tiene que juntar el 1,5%, es decir, 4.500 firmas. El problema es que llevar mil, dos mil, tres mil o 4 mil firmas a una Notaría en este minuto, es imposible, aunque tuvieran las firmas, porque hay que juntar la plata para el trámite y estamos en pandemia, con cuarentenas y restricciones. Y cada independiente, como decía al principio, si quiere ir por la libre, tiene que llegar con el 0,4% de firmas en razón a la última votación en su distrito. En tanto, los partidos no necesitan presentar firmas, ya están registrados.

¿Cuál es el problema? Es que el exceso de partidos, más el exceso de listas, más el exceso de independientes, puede llevar a tener ocho, nueve, diez, hasta doce listas y con eso aseguramos que la mitad de los convencionales de ese distrito, donde van todas esas listas, van a ser de derecha, aunque tengan el 35% de los votos. Insisto, porque al frente están dispersas las fuerzas. Entonces, la pregunta que viene después del plebiscito de octubre, es cómo se construye una unidad entre sectores que se tienen recelo. Mira, por ejemplo, la gente de las asambleas territoriales, de los cabildos, de instancias de participación, no quiere participar y ser parte de los partidos políticos. Y a los partidos tampoco les gusta mucho esta cosa de meter independientes. Al final, la que puede salir ganando con todo esto, es la derecha. Es muy terrible lo que está sucediendo, porque la desunión de la oposición, puede ser la llave del triunfo de la derecha. Puede terminar la oposición teniendo mayoría de votos pero no de convencionales. Y terminar arrinconada en el 33 o 34 por ciento que se hablaba en la Convención para establecer un cambio constitucional. Ésa es la gravedad de la situación.

Es una situación harto compleja. Quería preguntarte si con todo eso podría deslegitimarse todo el proceso. Si las asambleas territoriales, los cabildos, la gente que no milita, se ve sacada del proceso, ¿hay un problema?

El problema es cómo establecemos criterios de eficacia electoral y legitimidad electoral. Los partidos se vaciaron, tienen un déficit de rostros muy grande. Muchos partidos están recurriendo a los  que estaban jubilados, a ex ministros, ex subsecretarios, ex parlamentarios, ex intendentes, están echando mano a los carcamales, a los que uno creía superados por las nuevas generaciones. Es que en los partidos no hay muchas personas y recurren a estos personajes, a estas reservas que estaban jubiladas. Y la mayoría de los jóvenes están fuera de los partidos, incluso los más legitimados territorialmente. Pero mira, volviendo a lo de criterios de eficacia y legitimidad electoral, puede que en abril lleguemos a la situación de tener mayoría en votos y minoría en puestos en la Convención Constitucional. La verdad es que no sé cómo se resuelve esto. Me parece que lo que hizo el Partido Progresista fue súper interesante, eso que declaró que abrirá todos los cupos que tiene a representantes de distintos movimientos ciudadanos o instancias de la sociedad civil. Pero, por otra parte, es una apuesta que hacen los partidos, porque no necesariamente los líderes ciudadanos o locales tienen, ante la población, el nivel de conocimiento que tienen los líderes políticos o de partidos que es a nivel nacional. Un líder ciudadano puede ser muy conocido en su barrio, en su comuna, pero recordemos que esta es una elección de distrito, donde concurren  muchas comunas en una misma elección, y un líder puede ser conocido en su barrio, pero no en las comunas de al lado. Y el líder político si es conocido por todos. Tenemos el problema de dos fuerzas, la legitimidad territorial versus las llaves que tienen los partidos.