Hoy el 2020 nos encuentra enfrentados a una pandemia sanitaria y económica en un contexto de ruptura con el modelo de sociedad existente, modelo e ideología.

Joaquín Cortés

Profesor

Antofagasta. 17/09/2020. La palabra pedagogo hace referencia al esclavo que llevaba y traía al niño a la escuela en la antigua y esclavista Grecia. En base a esto, hoy en día, al parecer para muchos, el pedagogo sigue siendo un esclavo; basta asomarse un poco a la historia del magisterio chileno para conocer y comprender eso, pero también para ver el largo avance de las y los docentes por salir de ese estado de esclavitud de los últimos siglos, por lo que cabe reconocer y aceptar que, con diferentes profundidades e intensidades, los docentes han ido avanzando en el mejoramiento de sus condiciones laborales, salariales y sociales. Sin embargo, quien piense que los logros y avances son producto de ellos solamente se equivocan y confunden.

Es cierto que no todo ha sido triunfos, claro que no; han habido retrocesos, derrotas, decepciones y malas intenciones. A pesar de eso, hoy en el 2020, el Colegio de Profesores es la organización más numerosa del país, está en todo Chile y sus dirigentes fueron y siguen siendo elegidos por los colegiados en elecciones no exentas de problemas, pero manteniendo el espíritu democrático y participativo que lo caracteriza. Además, si vemos la historia del profesorado desde el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE) de finales de los 60´y 70´del siglo pasado hasta hoy, podemos observar algunos elementos que han sido aspectos centrales de esa lucha: las demandas económicas, políticas y sociales teniendo cada una un tiempo específico o en conjunción cuando era necesario. Hay que insistir en el papel del Colegio de Profesores, un rol politico-social incidente en centenares de acciones de fuerza y diálogo que lo han transformado en un actor relevante del devenir.

Hoy el 2020 nos encuentra enfrentados a una pandemia sanitaria y económica en un contexto de ruptura con el modelo de sociedad existente, modelo e ideología, enfrentado brutalmente con un octubre y su revuelta popular, que exige a cada uno que esté cansando de estas injusticias a cambiar este país. Decidamos no quedarnos pasivos y resignados, no podemos permanecer al margen, a orilla de lo que pasa en nuestro suelo. Hacerlo demostraría una incomprensión peligrosa que solo alegraría a los sectores que aún recuerdan el punto 6 de la declaración de principios de la junta militar del año 1973. Además, dentro de pocas semanas habrá un plebiscito decisivo, un ejercicio democrático que es consecuencia de 40 años de la aplicación de políticas neoliberales siempre estrepitosas que algunos dicen estar ahora viendo.

Ahora es entonces cuando profesoras y profesores, agobiados por un teletrabajo que ha resultado en muchos casos igual o más cansador que el trabajo presencial, debemos autoconvocarnos, dejar de ser pasivos espectadores de la historia. Es ahora cuando debieran aparecer a lo largo de Chile centenares de conversatorios, de reflexiones, de diálogos, de debates; si no lo hacemos nosotros ¿quiénes? ¿si no es ahora cuándo? Esta es una consigna genial que nos interpela a la acción, evitando aprovechamientos oportunistas de algunos y las falsedades de otros. Habrán algunos que se resten, que vean en esto la politización del gremio (lean el artículo 6 arriba mencionado y se verán reflejados). Sin embargo, los que pensamos que las cosas pueden cambiar tenemos que armarnos de ideas y sueños que señalen esa otra educación para un nuevo Chile. Las y los profesores debemos dejar de vivir en esa suerte de medio ambiente, juntos podemos lograr muchos anhelos que continúan siendo exigencias irrenunciables. ¡Profesoras y profesores que nos nos paralice el medio ambiente!