María Olivia Monckeberg apuntó que “si queremos de verdad cambiar la Constitución, tenemos que establecer un pacto entre personas que piensen similar en principios básicos”.

Hugo Guzmán. Periodista. 12/09/2020. “Muchas personas nos empezamos a juntar y constatar que no se veía espacio para los independientes”

“No estábamos en condiciones de hacer una recolección de firmas por razones obvias derivadas de las condiciones sanitarias”

“La persona que va, digamos sola, sin el amparo de ningún partido, y quiere ser constituyente, el número de firmas que requiere es tremendamente elevado”

“Que haya garantía de representatividad, que no se quede sólo en la política tradicional, que se expresen distintas voces, que no se quede en ese binominalismo”

“En una democracia se requiere de los partidos políticos”

María Olivia Monckeberg es fundadora y una de las dirigentes del Partido por la Dignidad que crearon independientes para participar en el proceso constituyente y aspirar a tener representación en la Convención Constitucional. También Premio Nacional de Periodismo y autora de libros que describen realidades del sistema que impera en Chile, aboga por un espacio de representación también de personas que son independientes y que podrían aspirar a ser convencionales. Pero califica los requisitos como “una barrera” para ellos y plantea que es uno de los déficit del acuerdo de algunos partidos de noviembre pasado, como establecer los dos tercios para la aprobación de las materias. Espera que en estos días el Congreso haga una reforma a la Ley de Partidos Políticos para dar la posibilidad a “partidos en formación” de participar en este proceso.

Cree que debe haber representación del mundo social en una Convención, junto a representantes de partidos políticos, y que con principios básicos como coincidir en el rol del Estado y la consagración de derechos sociales se debiera alcanzar un acuerdo para ir unidos y tener mayoría en la instancia que redactará el nuevo texto constitucional.

Se puso sobre la mesa esta semana el tema de posibilidad de candidaturas de independientes a la Convención Constitucional, que debería ganar como opción en el plebiscito de octubre para redactar la nueva Constitución, y con eso se volvió a debatir sobre los espacios de participación para quienes no son militantes, en este tema y otros.

Mira, en esto hay dos aspectos. Uno es sobre lo que se ha estado hablando en estos días, de la participación de los independientes, como personas individuales o sin militancia. Otro es lo que tiene que ver con quienes, siendo independientes, nos dimos a la tarea de reunirnos en un partido, de crear partidos instrumentales, sobre todo para participar en la elección de constituyentes o constitucionalistas. Esas dos situaciones son las que hay que tener en cuenta.

Nosotros, en el marco del estallido social, vimos que los independientes estábamos en una situación muy precaria. Vimos la importancia de tanta gente que participó en esas movilizaciones, no convocada por nadie, por ningún partido, y también vimos una falta de confianza y de percepción negativa en los partidos políticos, en el Congreso y en las instituciones, como lo decían y lo siguen diciendo las encuestas. Ahora se abre esta posibilidad concreta de una nueva Constitución. En ese escenario, muchas personas nos empezamos a juntar y constatar que no se veía espacio para los independientes. A lo más alguien decía que al alero de un partido político podrían surgir candidaturas independientes para lo que originalmente iba a ser la Asamblea Constituyente y que derivó en esta Convención Constitucional.

Ahí surgió esta idea, este proyecto, del Partido por la Dignidad, de un grupo de independientes, con un enorme esfuerzo, porque yo, por ejemplo, como persona y periodista estaba muy contenta de ser independiente. Sin embargo, vimos que la única forma de participar apoyando algo que tuviera sentido y que fuera en favor de una nueva Constitución, era generando un partido político, porque de otra manera esa representación de los independientes no se iba a dar. Así nació este partido que tuvo la aprobación formal del Servicio Electoral (SERVEL) como “partido en formación”, para poder recoger las firmas exigidas y todos los trámites. Eso ocurrió a fines de febrero de este año, íbamos a empezar a recolectar las firmas cuando se desata la pandemia. Entonces le dimos prioridad uno a la salud, a cuidarse, a colaborar con información, con opiniones y otras cuestiones. Habría sido poco respetuoso de las personas el haber estado pensando en pedir firmas para este partido. Entre medio se postergó el plebiscito.

Y ahora surgió de nuevo la situación que había en febrero.

Así es, en estas semanas. Específicamente en esto de los partidos en formación, alrededor de mayo hicimos una petición ante el SERVEL, planteando que no estábamos en condiciones de hacer una recolección de firmas por razones obvias derivadas de las condiciones sanitarias, sostuvimos que era imposible cualquier actividad de partido, masiva, de salir a recoger firmas. Planteamos que se prolongara el plazo para los partidos en formación y ver lo del número de firmas, todo pensando en una plataforma de independientes. Nos dijeron que no podían hacer nada porque era resorte del Parlamento, de hacer una reforma a la Ley de Partidos Políticos. Tomamos contacto con algunos parlamentarios y este jueves quedó presentada una moción de reforma a la Ley de Partidos Políticos para que los partidos en formación pudieran estar en condiciones de actuar como partidos, aun sin cumplir con los requisitos actuales, sobre todo de un número de firmas, dadas las condiciones de pandemia. Varias y varios diputados apoyaron esto.

Eso tiene que ver con las condiciones de los partidos en formación, pero hay personas independientes sin estar en ningún tipo de partido, y que quisieran, como ciudadanos, ser candidatos a la Convención.

Claro, porque son dos situaciones. La persona que va, digamos sola, sin el amparo de ningún partido, y quiere ser constituyente, los requisitos de firmas, el número de firmas que requiere, es tremendamente elevado. Si un ciudadano o una ciudadana quiere ser candidato a constituyente, tiene que considerar las condiciones en función de proporciones establecidas por la elección de 2017, y eso significa que hay distritos donde tendría que reunir -esa persona- cientos de firmas; hay distritos donde necesitan más de 800 firmas, otros más de 700, en algunas partes de menor porcentaje, como 200 o 300 firmas. Son dificultades que tiene el independiente sin partido, es una barrera de entrada, porque imagínate conseguir esas firmas además en contexto de pandemia. En Magallanes es donde necesitaría una persona menos firmas, 273, pero mira la situación que hay allá. Otra barrera es que esa persona, que va sola, tiene que asumir todos los posibles gastos, si es que puede hacer algo parecido a una campaña. Y luego prácticamente no le retribuirían nada desde el Estado.

“Hay un vació en el caso de los independientes”

¿Esta situación habla de que en el acuerdo político de algunos partidos en noviembre del año pasado, que dio paso al plebiscito, estuvo mal hecho lo de los independientes, no se pensó en ellos, quedó una fórmula deficitaria? Porque al hablar de independientes hablamos de representaciones sociales, puede ser un científico, un dirigente sindical o social, un profesional, una feminista, un joven…

Creo que sí. Uno puede creer que hay un error. No sé si no se dieron cuenta algunos, y otros sí se dieron cuenta pero no dijeron nada. Pero hay un vació en el caso de los independientes en este proceso constituyente. Hay tres cosas que las encuentro fregadas del acuerdo de noviembre. Una tiene que ver con esto de la representación de los independientes, que dejó un déficit. Otra fue la representación de género, que después se arregló. Y la tercera es el tema de los dos tercios, que es el otro déficit que está penando muy fuerte.

Eso pone en peligro la posibilidad de que el nuevo texto constitucional realmente sea nuevo.

Exactamente. En la medida, creo yo, que tengamos mayor representación de independientes, en distintas expresiones, y que de verdad quieran una nueva Constitución, será favorable. Como decías tú, sobre todo si están ligados a las organizaciones sociales, del pueblo, al sindicalismo, a los colegios profesionales, a las organizaciones vecinales, de mujeres; hay un partido en formación que es feminista.

¿Crees que un desafío que se instaló en estos días con el caso de los independientes es que se hagan esfuerzos por garantizar la mayor representatividad posible en una eventual Convención Constitucional?

Por supuesto, que haya garantía de representatividad, que no se quede sólo en la política tradicional, que de verdad se expresen las distintas voces, que no se quede en ese binominalismo que vimos tantas veces. Lo interesante sería que la Constitución pueda realmente ser elaborada no solo por abogados -yo tengo muchos amigos abogados y aprecio ese trabajo-, que la nueva Constitución no sea hecha solo por abogados. Pueden asesorar los constitucionalistas, pero no se trata que a la constituyente vayan puros abogados de diferentes colores políticos, se trata de que haya representación del movimiento social, del mundo universitario, de los estudiantes, del mundo de los profesionales, de los pobladores, de los trabajadores, de diferentes ámbitos.

En este tema que hablamos, algunas personas podrían hacer una crítica a los partidos políticos, como que estarían en contrapunto de los independientes o representaciones sociales.

No, para nada. Creo que en una democracia se requiere de los partidos políticos. Ojalá lo más sólidos, con actuaciones representativas, con actuaciones lo más transparente posible, que haya una pluralidad de partidos, para configurar una verdadera sociedad precisamente pluralista y democrática, cada vez más participativa. Lo que uno puede esperar es que la gente vuelva a creer en los partidos. Se ha producido una pérdida de confianza y hay que recuperarla. Quizá en este tema de los constituyentes, de la nueva Constitución, se requieren de gestos y de compromisos de los partidos. Así como los partidos se la jugaron en el Parlamento a favor del retiro del 10% desde las AFP, y vimos que despertó el Congreso, si la gente viera un despertar también en un sentido más propiamente político en cuanto a respaldar una amplia representación en el proceso constituyente, sería muy positivo, y que no cierren las puertas.

En el caso del 10% se escuchó una voz de la gente, se vio el clamor que había y se legisló, se vio que era posible hacerlo y en eso estuvieron los partidos en el Congreso. Creo que muestras de ese tipo se necesitarían en el propio Congreso y de parte de los propios partidos.

No es justo para la sociedad civil, para todos nosotros, que la representación esté tan mediatizada. Porque aparecen unos que dicen generosamente, sí, sí, les vamos a dar cabida a los independientes en tal o cual partido. Pero después igual se genera una dependencia de ese partido. El punto es dar una cabida real en el espacio político y en este caso del proceso constituyente a los independientes, al movimiento social.

Si queremos cambiar la Constitución en serio, si queremos una Constitución que cambie el rol del Estado -que es una cuestión vital-, que deje atrás al Estado subsidiario, que genere un Estado solidario que garantice derechos, el derecho a la salud y la educación, a la previsión social, al trabajo digno, a los derechos humanos, tenemos que dar una amplitud en la representación en el proceso constituyente.

Hablabas de los dos tercios en la Convención Constitucional. ¿Qué importancia le das a que la oposición política y social, a que quienes están por esa real nueva Constitución, vayan unidos para tener una mayoría en la Convención?

Ahí hay un tema que habrá que ir conversándolo. Creo que es el tema de la unidad. Ahí también esas y esos independientes que vayan, si nos dejan ir como partido en formación, o como partido legitimado, tenemos un papel. Bueno, y los partidos políticos. Me parece en todo caso que eso de los dos tercios obliga a ir unidos para la Convención Constitucional, porque si no, la derecha va a conseguir que no haya nueva Constitución. En la derecha unos están por el Apruebo, otros por el Rechazo, pero una buena parte está por mantener el actual espíritu de la Constitución de Jaime Guzmán y Augusto Pinochet. Si queremos de verdad cambiar la Constitución, tenemos que establecer un pacto, alianzas, entre personas que piensen similar en principios básicos, en el rol del Estado, cómo entendemos los derechos, cómo miramos la educación, la salud, cómo miramos la necesidad que tiene Chile de un desarrollo científico-tecnológico, cómo miramos la industrialización del país. Si estamos en condiciones de ponernos de acuerdo en esas cosas, podemos tener una mayoría y podemos asumir el romper el candado de los dos tercios en la Convención Constitucional.