Pablo Longueria, con una inocultable inestabilidad emocional, cubierta de arrogancia, burlona ironía, falsa seguridad personal, lenguaje soez y vulgar.

 Jorge Vera Castillo

Analista

 Santiago. 09/09/2020. Un cierto hartazgo con algunas prácticas políticas y con algunos políticos, fue una de las más profundas percepciones y uno de los más expresivos sentimientos que movilizaron a esa nueva instancia humana no organizada -la multitud-, detonando el llamado estallido social, simbolizado desde aquel viernes 18 de octubre de 2019, en nuestro país y su largo territorio.

Aquí, me atengo a la conducta de un actor político, bien conocido y con extenso recorrido. Se trata del ciudadano ingeniero Pablo Longueira Montes, quien acumula un muy amplio curriculum de cargos ocupados, desde aquellas huestes juveniles forjadas en la dictadura militar-civil, instaurada desde el martes 11 de septiembre de 1973, ejerciendo como dirigentes pinochetistas impuestos, fanáticos, obsecuentes y reverenciales al dictador.

Ya su trayectoria se conoce, desde el año 1990 en adelante, hasta la declinación de su candidatura presidencial, comunicada el miércoles 17 de julio de 2013, por agudizadas, delicadas y demostrativas razones de salud, médicamente diagnosticadas, que fueron argumentadas y difundidas públicamente, sin conocerse, hasta hoy, los decursos ulteriores de sus dolencias y secuelas, con toda la privacidad y respeto que tienen todos los enfermos.

En más de una ocasión, Longueira Montes ha anunciado su retiro de toda actividad política, argumentando que él no es per se un político, sino que es un servidor social que, se guía por inspiración y comunicación, con el fundador del gremialismo y la UDI, y que la política le ha generado un enorme sacrificio personal y familiar, de entrega, como si ejerciera una suerte de apostolado desinteresado.

En este convulsionado y pandémico año 2020, Longueira Montes ha reaparecido, desde sus refugios residenciales, ya sea en el sur de Chile o el poniente de la Región Metropolitana. Y accede a los medios de comunicación social y, a la vez, elabora, envía y logra difundir unas dramáticas cartas abiertas, dirigidas a amplios destinatarios, privilegiando, sí, por cierto, a sus amigos y antiguos seguidores y servidores de la UDI.

Esas últimas reapariciones fueron, vía postal, durante los intensos días y semanas de debate legislativo -que fue algo inédito por lo amplio, democrático, difundido, directo, participativo, protagónico y seguido, por auditores y televidentes-, sobre el proyecto de ley para el retiro del 10%, de sus cuentas individuales, de los cotizantes en las AFP.

Pero, sus amenazantes y mesiánicos llamamientos a las bancadas parlamentarias de la UDI, para rechazar dicho proyecto de ley, se tradujeron en una completa, entera y lastimosa derrota partidaria, personal y política, para el remitente.

Ahora, convencido de ser un iluminado “ingeniero electoralista” visionario, Longueira Montes reaparece -mal aspectado, exaltado y socarrón, dando entrevistas y en elaborados vídeos-, amenazando, denostando, emplazando, imponiendo, insultando, pontificando, sin ninguna moderación ni prudencia alguna, y revelando, quizás, una completa insania política.

Y anuncia, sin tapujos, que se postulará a cargos político-partidarios y públicos, en 2020 y en 2021, dándose ya por elegido, con una frescura y sinvergüencería que, producen asco ético.

Creo que es un reflejo claro, y ya vital, de una inocultable y penosa inestabilidad emocional, cubierta de arrogancia, burlona ironía, falsa seguridad personal, lenguaje soez y vulgar, y proclamada y subjetiva honestidad, todo lo cual, resulta patético y triste, humanamente.

Más aún, contumaz, lo ha hecho estando aún sometido a los Tribunales de Justicia, por imputaciones delictivas, consistentes y gravísimas, dimanantes de sus actividades, actos y conductas personales y políticas, tanto ministeriales y parlamentarias como partidarias.

Por lo tanto, es un deber ciudadano ineludible, advertir que ya Longueira Montes expresa y representa, en sí, un peligro para la sociedad… política. Incluso, hasta el Consejo de Defensa del Estado (CDE) lo ha constatado, al tomar conocimiento de los deleznables ataques a una de sus más destacadas y reconocidas juristas integrantes.