En estos momentos pareciera tener sólo el instinto de sobrevivencia para aferrarse al poder, pero carecer de un proyecto país que ofrecer.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 06/09/2020. Las actividades conmemorativas del cincuentenario del triunfo electoral de la Unidad Popular, han posibilitado la difusión de las ideas centrales que inspiraron ese proyecto político y su proyección hasta el día de hoy. Pasados 50 años se produce una revalorización de los principios y objetivos de lo que amplios sectores de la población denominan como Gobierno Popular. Su programa y la implementación en lo que fueron las 40 medidas, denota un diagnóstico acabado de la realidad social del Chile de los 70 y su fusión con los intereses de las mayorías en ese período histórico. Lo cierto es que de acá derivan dos misiones para el actual movimiento popular: recordar para no repetir los errores que como movimiento popular tuvimos y que fueron contribuyentes a la derrota sufrida tres años más tarde y, recrear un proyecto de desarrollo nacional que sea comprendido y asumido por los más amplios sectores populares, para realizar ahora las necesarias profundas transformaciones que nuestro país demanda.

La derecha política, defensora de los intereses de las élites privilegiadas, siempre ha mostrado habilidad cuando su poder ha estado amenazado. Pero en estos momentos pareciera tener sólo el instinto de sobrevivencia para aferrarse al poder, pero carecer de un proyecto país que ofrecer. Las inconsistencias de sus líderes van más allá de simples oportunismos. Cuando su principal carta presidencial se declara social demócrata, está haciendo renuncia a lo que es la esencia ideológica de la derecha, porque  obviando la variedad de acepciones y concreciones históricas de esa doctrina, su definición básica desde  el siglo XIX, es justicia social y democracia, que surge como oposición al capitalismo desarrollado bajo inspiración liberal clásica. No olvidar, como elemento histórico, que lo que luego se conoce como social democracia nace de la coordinación de líderes sindicales, mas anarquistas y socialistas, donde el mismo Marx estuvo comprometido en la conformación de la Primera Internacional  y que Lenin rompe con la Segunda Internacional y desde la social democracia rusa surge el partido que dirigió la revolución de 1917.

Es cierto que tradicionalmente la derecha ha buscado camuflar sus verdaderos intereses tras un discurso amorfo. Piñera llega a la presidencia apelando a su pasado social cristiano y en un gesto de audacia, en su segundo gobierno incluye en una primera etapa a un par de desertores de poca monta del movimiento popular. El problema en política es cuando el travestismo ideológico anula el accionar político y ese es el cuadro que está hoy enfrentando la derecha.  Sin ideas que defender, sus cuadros políticos se posicionan en la coyuntura según sus particulares visiones. Así sucedió con el retiro de los afiliados del 10% de sus fondos de las AFP, como hoy frente al proyecto del ejecutivo de aplazar la elección de gobernadores regionales.

Si se analiza el conflicto de los camioneros, podrá apreciarse la incapacidad de la derecha para ejercer un rol de gobierno en esta etapa de nuestra historia. Siendo real el tema de seguridad pública y teniéndola como bandera electoral la derecha, lo cierto es que indujeron una paralización de un sector de transportistas y luego no supieron o no pudieron manejar la situación. Buscaban por ese medio presionar para una mayor legislación  represiva, pero generaron un atentado a la seguridad pública, obligación de cualquier gobierno, que afectaba a tod@s l@s chilen@s.  El gobierno terminó acorralado, su nuevo equipo político ministerial presa de su inoperancia y el gremio al cual recurrieron repudiado por la mayoría de la opinión pública y dividido. No es la derecha, bajo el actual diseño institucional, quien puede asegurar gobernabilidad.

Derivación de lo anterior son los resquemores con los cuales la derecha enfrenta el proceso plebiscitario de octubre próximo. Si en esta institucionalidad, generada y controlada  por ellos, perdieron el control como consecuencia principalmente del accionar del movimiento social, en una institucionalidad más democrática, que surja de un debate de representantes de la soberanía popular, su condición de minorías privilegiadas quedará aún más expuesta. Esto obliga a permanecer alertas a los movimientos de la derecha, la cual no está derrotada, porque cuenta en su reserva con su poder económico, su capacidad de falsear la realidad a través de todos los medios de comunicación, con instituciones del Estado sobre las cuales ejercen conocida influencia. El poder del movimiento popular está en ser mayoría, que debe precisar mejor sus objetivos para el período y donde los acuerdos políticos necesarios de asumir se hagan con transparencia, en una clara línea de reafirmación anti neo liberal.