Existe un acentuado relajo, una nociva tolerancia social con respecto al mal uso del idioma, práctica que genera confusiones conceptuales.

 Carlos Poblete Ávila 

Profesor de Estado

01/09/2020. Producto del abundante conocimiento que la sociedad humana ha alcanzado hasta el presente, caudaloso acervo de datos e información acumulado, se ha tenido que, de alguna forma, parcelar dicho saber. Esto es lo que con mayor rigor científico se llama especialización.

Ningún ser humano es capaz de poseer y a la vez manejar tal volumen de conocimiento generado por el hombre durante milenios. Persona culta es aquella que posee cierto grado de información o datos, y que en la sociedad actúa acorde con ese bagaje que tiene a su haber. La cultura de una persona se refleja en sus modos de vida, no es sólo el saber específico que ella tiene.  Se atribuye al filósofo, escritor  español Miguel de Unamuno (1864-1937) la expresión “¡Qué cultos son estos analfabetos!”, frase referida a una circunstancia de la que fue testigo. Cultura también es todo aquello que el ser humano ha creado. Es un vocablo de vasta significación.

En la vida las personas alcanzan o tienen diversos grados de conocimiento. Se concibe, se entiende que el saber científico en toda disciplina es el que ha pasado las pruebas de la comprobación o de la evidencia, es la etapa o el nivel superior. Las entidades académicas, las universidades reconocidas son las que en la sociedad están autorizadas para certificar la excelencia del conocimiento, y su manejo o aplicación en aras del progreso de la humanidad. Dichas entidades son las encargadas de acuerdo con ciertos códigos, normas y leyes de otorgar los títulos y los grados a personas habilitadas para el ejercicio de una profesión.

En particular y “a guisa de” ejemplo cabe mencionar ahora la situación que se produce socialmente con la profesión médica. El título que en rigor se confiere es el de médico-cirujano. Pero…sucede que la nomenclatura que habitual y socialmente se usa para esos profesionales es la de doctor, la que en rigor no es la apropiada, salvo que como sucede, algunos hayan  alcanzado el mencionado grado académico superior. Por tanto, hay un uso inadecuado, indebido de la mencionada palabra. Generalmente el paciente no va al doctor, en pureza de concepto acude al médico. En honor a la verdad y en justicia corresponde decir que existen valiosos médicos -hombres y mujeres- del área de la medicina general y familiar que atienden adultos y niños, que orientan y sanan mediante sus acertados  diagnósticos y tratamientos clínicos.

En toda profesión se puede alcanzar el grado académico superior de doctor, se entiende  otorgado por una entidad cabalmente autorizada por su probada excelencia para conferirlo, situación esta última bastante limitada y / o cuestionada en Chile. En el país la cantidad de profesionales con el grado de doctor del universo de todas las disciplinas existentes es minoritaria, discreta; señal, guarismo que internacionalmente también mide el nivel de desarrollo o atraso de las naciones. En relación con el tema en comento indicar que en algunos países se da socialmente el nombre de doctor a todo profesional que ha cursado estudios universitarios.

El llamado más específico es a emplear las palabras con mayor rigor semántico, y abandonar el uso coloquial de las mismas. Es más…existe un acentuado relajo, una nociva tolerancia social con respecto al mal uso del idioma, práctica que genera confusiones conceptuales. Dicho impropio hábito daña social  y culturalmente a una comunidad que evidencia un deficiente manejo del lenguaje. Nos hemos olvidado de corregirnos en ese plano.

Así como se habla se piensa, y así como se piensa es nuestra calidad de vida.

Doctor es también el que con excelencia enseña, es decir, el docente calificado. No en vano el origen, la etimología del vocablo refiere a la expresión latina, al verbo “docêre”, que en esa lengua madre significa “enseñar”.