Jorge Müller: Testimonio de la labor en la Imprenta Horizonte, de los tiempos del fotograbado y las linotipias, las rotativas y el alma puesta en la prensa popular y obrera.

Oriana Zorrilla. Periodista. 31/08/2020. Cientos de hombres y mujeres están ligados a la historia de El Siglo y a la Imprenta Horizonte en su heroica lucha por informar y ser un actor de primera línea en las diversas luchas del pueblo. Jorge Müller, “el gringo”, el obrero gráfico, el cuadro político de todas las batallas es uno de los testigos principales en más de sesenta años de este medio de comunicación que cumple 80, marcado hoy por un estallido social y una pandemia sanitaria que ha puesto en jaque la vida de chilenos y chilenas.

El país vive un período en que las movilizaciones y las batallas ideológicas son indispensables, por lo que es necesario rescatar lo vivido en la prensa obrera, en un tiempo colmado de sueños y principios, con valores y sensibilidades desterradas por el neoliberalismo.

Pese a la muerte de su compañera, la pérdida de amigos cercanos y de hacerle el quite al contagio, la figura del “compañero Müller”, se alza con la misma apostura con que lleva sus 81 años recién cumplidos. Llegó de 20 a la calle Lira 363, sede de Horizonte. Era un carpintero de obra gruesa, repartidor de diarios, encargado del aseo, encendedor de “chonchones”, una vieja y artesanal lámpara a parafina o aserrín, para alumbrar y calentarse en invierno.

A poco andar se enamoró de los tipos de imprenta, cuando le encargaron limpiar una por una las letras en desorden producto del brutal asalto a la imprenta, en abril de 1957, allí donde se editaban los diarios Última Hora, El Siglo y la revista Vistazo junto con diversas publicaciones sindicales y gremiales.

El periodista Elmo Catalán estaba de turno al momento de la agresión y relata que la policía política de Investigaciones, acompañada por un contingente militar, ingresó violentamente al sector donde se encontraban la prensa, el fotograbado y las linotipias. Rompieron los muebles, quebraron los vidrios y, a la prensa que era más difícil de destruir, le introdujeron fierros y la pusieron en marcha, causándole un destrozo total.

El ensañamiento con los tipos, desordenados y sucios, hicieron que Jorge Müller, comenzara a limpiar pacientemente las A, las N, las G, las cursivas, las B. Esas pequeñas piezas metálicas creadas de la aleación llamada tipográfica del plomo, el antimonio y el estaño. Así se fue acercando a las linotipias, a conocer al revés y al derecho las prensas y las rotativas.

Las noches en la imprenta Horizonte eran una gran historia a la que concurrían los linotipistas, los fresadores, los cartoneros y los prensistas, quienes intercambiaban sus anécdotas, vivencias y aprendizajes.

Ese espacio fue un taller formador de periodistas y obreros especializados, con sólidos conocimientos y una acerada conciencia social y política, donde interactuaban el saber adquirido en las aulas universitarias y el conocimiento empírico ganado en el trabajo en fábricas, sindicatos, en la militancia o  en zonas mineras y rurales.

Al decir de Volodia Teitelboim y refiriéndose a Américo Zorrilla, uno de los grandes articuladores de la prensa obrera, en la tarea de sacar El Siglo a la circulación y de sustentar la imprenta Horizonte, se requería algo más que ser un obrero, mecánico o un ingeniero que arma la máquina, ajusta sus piezas y controla su funcionamiento.

“Al trabajar con hombres, con masas, con pueblo se pone alma e inteligencia en la tarea de cada día, en la animación de la labor colectiva. Se le imprime un sello de sensibilidad en el trabajo y una sincera y limpia fraternidad”.

Jorge Müller, es uno de los más activos y actualizado en las tecnologías de modernas y mediante un curso para manejar las redes sociales, se fue empapando del conocimiento de sus maestros. Recuerda con emoción a cada uno de aquellos que lo rodearon de sabiduría y fortaleza: Luis Baeza, Thelmo Tapia, Damián Uribe, Mario Ferrada, Luis Canales, todos ellos vivieron respirando el olor del antimonio, dominaron la técnica, y cuando las páginas con las noticias de la clase obrera, de sus organizaciones sindicales, de sus artistas, salían por las bocas de las rotativas MANN y PRANEL, era una fiesta para todos. Sin embargo, más de una vez recibió “un tirón de orejas” de Elías Lafertte por retardar la entrega temprana de las ediciones porque los primeros cien ejemplares estaban algo desteñidos y él impuso repartirlos solo una vez que salieran impecables.

La historia de El Siglo está íntimamente vinculada a la formación política de sus trabajadores, tanto de los periodistas como en quienes tenían la misión de concretar sus páginas en la imprenta. El “gringo”, el compañero Müller hasta hoy está empeñado en darle sentido a la noble tarea de comunicar la verdad y fue lo que le permitió involucrarse con rigurosidad y éxito en la prensa clandestina.

En este aniversario en que, junto con festejar 80 años de vida de El Siglo y cincuenta años del triunfo con el presidente Salvador Allende, el descontento popular se manifiesta y aspira a cambiar de manera trascendental la vida del país es también un momento de homenajes y reconocimientos a la prensa obrera.