“El cañón de largo alcance” comunicacional que desafío al sistema medial unidireccional y dio voz a los trabajadores y a las ideas emancipadoras.

Hugo Guzmán. Director El Siglo. 31/08/2020. Las condiciones del sistema medial chileno son más adversas que las existentes hace ocho décadas cuando se fundó el periódico El Siglo.

Si en aquella época se reivindicó la necesidad de medios diferenciados a los de la oligarquía y grupos conservadores, en el presente eso adquiere mayor validación.

En el Chile contemporáneo, alrededor del 80% de los medios impresos, radiales, televisivos y digitales de alcance nacional, son propiedad de consorcios empresariales locales y trasnacionales. Tienen una línea editorial conservadora y contra/transformadora. Se llevan el 80% del avisaje estatal y tienen la única empresa distribuidora de medios que existe en el país. Los medios alternativos o sociales de llegada nacional no superan el 5%, viven una dramática precarización y los medios públicos o estatales son prácticamente inexistentes.

Eso determina una dictadura comunicacional, caracterizada por una estructura oligopólica, un contenido editorial unidireccional, una concentración privada y trasnacional de la propiedad y una hegemonía en los mensajes hacia la opinión pública.

Se evidencia una impostura cultural/comunicacional, de que esos medios son “objetivos” y los que hegemonizan la credibilidad, desacreditando y estigmatizando a la prensa popular, alternativa, social y pública.

Esa realidad no era tan elocuente hace 80 años. Del siglo pretérito al contemporáneo, el sistema medial empeoró, no mejoró, respecto al equilibrio informativo, derecho a una información diversa, distintas formas de propiedad y rol del sector público.

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Hace ocho décadas, surgía una prensa popular, y el Estado jugaba en la cancha de la información. Precisamente, El Siglo fue fundado por trabajadores y sectores políticos transformadores, dando una respuesta eficaz a la hegemonía de periódicos de familias oligárquicas. El Siglo surgió sin vacilaciones para ser voz de los de abajo, de los trabajadores, de las ideas emancipadoras, como los otros medios difundían los intereses y proyectos del empresariado, de fuerzas retardatarias y de segmentos pudientes.

La existencia de El Siglo, fue/es una contribución a alterar el tablero comunicacional, a buscar el equilibrio en el sistema medial y aportar a la difusión del pensamiento y la acción de quienes no tienen espacio o son censurados en la prensa tradicional.

Desde El Siglo no se engaña a la opinión pública con una postura aséptica -como lo hacen los medios conservadores- y mantiene una línea de soberanía informativa, ligada a los proyectos emancipadores, contribuyendo a la construcción comunicacional/informativa de línea popular/ciudadana.

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En la actualidad, rejuvenecen las tesis de Luis Emilio Recabarren, el líder obrero que fue certero en el propósito de fundar prensa obrera, dando paso a “El Despertar de los Trabajadores” y otros diarios. Supo establecer la idea de que los medios alternativos jueguen un papel de ilustración, debate, información, análisis, convocatoria y organización. Ahí estriba el basamento de El Siglo.

Recabarren comprendió -como debería comprenderse hoy- el rol de la prensa popular en la disputa del proyecto/país y en la batalla ideológica en los procesos sociales y políticos. Fue lo que Salvador Allende definió como “periodismo de trinchera”.

Desde hace ocho décadas, desde el pensamiento transformador, se tenía claro que sin prensa propia, se jugaría en desventaja. El papel de los medios se fue acrecentando, contribuyendo en batallas sociales, políticas, culturales, reivindicativas, de amplios sectores de la sociedad.

La prensa popular/ciudadana comenzó a cumplir tal rol en ilustración, orientación e información, que poderes militares, políticos y financieros hicieron/hacen todo lo posible por estigmatizarla, clausurarla, desacreditarla. Específicamente en torno de El Siglo, se escribieron las páginas más escabrosas, trágicas, vergonzosas y funestas de la agresión al derecho a la información, a la persecución de ideas y la censura. Solo en las últimas tres décadas se hizo desparecer a unos quince medios alternativos y progresistas. Con sus 80 años, El Siglo persiste.

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En estas ocho décadas no solo se saltó de la imprenta a la era digital. También se produjeron drásticas modificaciones en la composición/caracterización de la sociedad. Son otros tiempos, pero sólo una miopía impediría evidenciar que el papel de los medios persiste y gravita como antes. El asunto es cómo esos medios, sobre todo los populares/ciudadanos, responden a los cambios, que son tecnológicos, socio/económicos y culturales.

En la actualidad entró en escena la Guerra de Cuarta Generación que complejizó el mundo de las comunicaciones. Una guerra de alta intensidad comunicacional, donde se instalan el terrorismo mediático, el miedo social, las noticias falsas, la desinformación, la mentira formal, todo destinado a desinformar y al mismo atosigar a los receptores, evitando la comprensión de los fenómenos que atañen a los ciudadanos. Es vital para incidir en formatos culturales y comportamientos emocionales.

Frente a eso, se requiere de medios capaces de reaccionar con inteligencia, creatividad, credibilidad, veracidad, oportunidad y profundidad. No desechar ninguna herramienta y asimilar un sentido de complementación de medios. Considerar el impacto medial inmediato de los caracteres/imagen en redes sociales, así como la incidencia del contenido profundo/analítico de instrumentos digitales, impresos o de otro tipo.

Habría que decir que periódicos como El Siglo, deben contribuir con mayor prontitud/convicción al debate y la apertura del abanico de pensamiento, sin caer en rigideces o criterios burocráticos, para contribuir a la expansión analítica y clarificadora de los procesos que se viven.

Ilustrar e informar, es una premura obligada en la prensa popular/ciudadana. Requiere de profesionalismo. De recursos materiales. Del apoyo de sectores políticos y sociales que requieren de voz.

Un sistema democrático sano y una sociedad madura, reclama una sanidad comunicacional dada por equilibrios informativos y posibilidad de existencia medios sociales y públicos. En eso hay que actuar sin complejos, con profesionalismo y calidad, sin sectarismo y con sagacidad intelectual, despreciando cualquier señal de mediocridad.

Se pueden cumplir 80 años, pero no anquilosarse. La efeméride debe marcar el desafío de lo que viene, sin deconstruir lo andado. Es básico en la supervivencia y alcance de cualquier periódico, más en uno con el compromiso de ideario como lo ha tenido/lo tiene El Siglo.