Una ofensiva que confirma algo que debemos advertir: está dispuesto a imponer su ley a cualquier precio.

Gustavo Espinoza M.  

Periodista

Lima. 30/08/2020. De acuerdo con la antigua tradición anglo sajona, el Sheriff del Condado constituye una suerte de autoridad suprema en una villa. Asume funciones policiales, políticas y de justicia, y tiene a su disposición todos los recursos indispensables para ejercer su autoridad por encima de las instancias paralelas. En otras palabras, el Sheriff es un jefe absoluto, cuyas decisiones nadie discute.

De origen británico y usualmente elegido, cumplió en un inicio su tarea como funcionario de la realeza encargado de mantener la paz. Por eso, su denominación de antes -Shire Reeve- simbolizó una esencia, que conserva relativa validez en nuestro tiempo

En las películas del oeste norteamericano y en las novelas afines, el Sheriff, alcanzó una connotación más bien prosaica. Era el Comisario encargado de proteger a los pobladores amenazados por los Cow boys, es decir, los jóvenes vaqueros de la época que se convirtieron en buscadores de oro y consumaron diversas tropelías. Alteraron la paz y fomentaron el caos sobre todo en las cantinas del oeste imponiendo, como decía Borges, “los duros pistoletazos que aturden el desierto”.

Para los norteamericanos entonces, el Sheriff -que andaba con dos pistolas laterales- era un hombre de acción y de disparos; que confundía su voluntad, con la justicia; y la imponía a tiros. A su manera, el Comisario Garrett fue  símbolo de aquellos años, cuando ejercía su puntería matando búfalos, en contraste con Bill Hárrigan, que prefería entrenar, matando hombres.

De la extraña simbiosis entre uno y otro, descendió sin duda el Sherif que hoy nos ocupa, el indescriptible Donald Trump. De él hablan mal todos, inclusive alguno de sus asesores, como John Bolton; y hasta su sobrina Mary Trump, que recientemente publicara un libro con urticantes revelaciones.

Hay coincidencia en sus críticos. Se trata de un hombre egocéntrico y pendenciero, farsante hasta la médula -desde que asumió el mando en enero del 2017 hasta abril de este año le habían contado 18 mil mentiras en el ejercicio de su magna función- temerario y agresivo; pero sobre todo inescrupuloso, capaz de cualquier truhanería por alcanzar sus objetivos. Es la antípoda de un hombre de justicia, pero sí la expresión de policía del Condado. Menos inglés, y más norteamericano, en suma.

Desde la Casa Blanca, acaba de expeler dos disposiciones repudiables: ha “censurado” al Gobierno de Panamá por “atreverse” a concertar la presencia de una Brigada Médica Cubana para combatir la Pandemia, que en ese país ha causado profundos daños; y ha diseñado “sanciones” para castigar a los científicos y médicos que en Rusia y en China, han creado una vacuna Anti Covid que estará a disposición del mundo en apenas seis semanas. Le sacó de quicio el que se hayan atrevido a hacerlo

El señor Trump acaba de “ganar” la Convención el Partido Republicano, arrancando de ella la proclamación de su candidatura para los comicios del próximo noviembre. Y ahora necesita mover sus fichas para ganar, a cualquier costo, la consulta electoral que se avecina.

Algunos observadores internacionales han asegurado que el mandatario yanqui se ha propuesto invadir Venezuela en octubre. Hacerlo, le permitirá asegurar al pueblo norteamericano que Estados Unidos está en guerra; en una, que no puede perder.

Como parte de su estrategia está el mantener a Rusia “complicada” en otras áreas. Por eso el conflicto en Bielorus; la crisis de Líbano; las provocaciones contra Siria; los ataques de Israel al pueblo Palestino; acciones todas que han de preocupar a Moscú y motivar su solidaridad

Trump dirá al electorado USA que no se podrá cambiar de jinete cuando el caballo está a la mitad del río. Y que si gana su adversario -el señor Joe Biden-  sería una “victoria chavista”. Tal fue el meollo de su discurso en la clausura del evento electoral de su Partido.

Extremar las cosas. Tensar la cuerda hasta el ridículo, y acusar de “comunistas” a todos los que amenacen su reducto, es una treta que suelen usar ciertos politiqueros de oficio.  Aquí los hemos saboreado y aún los tenemos al frente diciendo, por ejemplo, que cambiar “el modelo económico”,  es “abrir la puerta a una experiencia socialista”.  En esa línea, consideran “comunista” a Martin Vizcarra.

Para “ponerse en oda” en una estrategia de ese corte, Juan Guaidó, el 19 de agosto pasado, llamó a nuevas acciones armadas contra el gobierno de Venezuela; y el Presidente de Colombia -Iván Duque- aludió a un  “Casus Bellis” arguyendo que Caracas busca tener Misiles iraníes contra Bogotá y Washington.

En suma, una ofensiva que confirma algo que debemos advertir: el Sheriff del Condado, está dispuesto a imponer su ley a cualquier precio.