Ni la dictadura ni los gobiernos posteriores lograron desarticular la vocación  de amplios sectores populares de construir una sociedad más justa y democrática.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 31/08/2020. El mes de septiembre en nuestra patria siempre ha estado marcado por la significativa importancia de  hechos que han construido su historia. Momentos de logros y luces, pero también de derrotas y traiciones han encontrado en septiembre su tiempo. Este año conmemoraremos el ducentésimo décimo aniversario del evento que marcó el primer hito de una gesta emancipadora que culminó con la independencia política de España, pero además del cincuentenario del triunfo electoral  de la Unidad Popular, que encarnó la épica de la otra necesaria emancipación, en este caso del pueblo llano frente a las élite aristocráticas, que como lo señaló en más de una oportunidad su conductor principal, el presidente Allende, para ese entonces había dirigido por 160 años, en su beneficio, los destinos de este país.

El proyecto de un Gobierno Popular se inscribe en un proceso histórico que tuvo décadas de maduración, representando en su esencia la opción del mundo popular expresado en partidos políticos y movimientos sociales con preeminencia en la clase obrera, por asumir el control del aparato estatal, para ponerlo a disposición y en beneficio de las mayorías y esto, respetando las formas tradicionales en que se asumía se había desarrollado la actividad política, es decir, manteniendo un esquema multipartidista que cada cierto tiempo presentaba sus propuestas a un electorado que en procesos libres, secretos e informados emitía su veredicto. La combinación de ambos elementos no sólo retaba la hegemonía de la burguesía en Chile, sino que provocaba la  inestabilidad de una dominación más global, la de EE.UU., al evidenciar como real la posibilidad de que actuando bajo las normas tradicionales de una “democracia representativa”, los trabajadores ejercieran cuotas de poder significativas dentro del aparato estatal. Lo experiencia de Chile podía no únicamente ser válida para otros pueblos de nuestra América, sino también para tradicionales naciones europeas, como Francia e Italia y con eso se abría la posibilidad cierta de ruptura en la alianza  anti socialismos reales prevalecientes luego de la Segunda Guerra Mundial y que aseguraban a ese país, EE.UU, la hegemonía en occidente.

Con estos enemigos jugando todas sus cartas contra el proceso de la Unidad Popular, su experiencia de tres años de gobierno quedó grabada en la conciencia no exclusivamente de nuestr@s connacionales, sino de toda la humanidad progresista. Hace 50 años el triunfo electoral de Allende abría un camino para los desposeídos en Chile, camino que hoy otras generaciones buscan reemprender. Ni la dictadura ni los gobiernos posteriores lograron  desarticular la vocación  de amplios sectores populares de construir una sociedad más justa y democrática. Más aún, no se puede ni debe desconocer que parte de esos sectores cifró expectativas y esperanzas en alguno de los gobiernos transicionales, buscando semejanzas con la experiencia de la UP. También la experiencia mostró que esos gobiernos en lo central no tuvieron la voluntad y/o capacidad para superar los marcos del neoliberalismo heredados de la dictadura. El propio gobierno de Nueva Mayoría se alza como un ejemplo de las capacidades de los sectores neoliberales para entrampar una gestión cuando asumen afecta sus intereses. En estos días somos agentes de un nuevo momento, que debe entenderse como un punto de inflexión y que puede transformarse en una derrota estratégica para el neoliberalismo y la derecha en nuestro país. Pero ello sólo será posible con la participación activa y a la ofensiva de un movimiento social amplio y transversal, pero que además debe estar claro en sus demandas centrales.

La efervescencia espontanea de vastos sectores populares por ser contributivos a la campaña del APRUEBO y CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL en el comienzo de las actividades por el plebiscito, definen claramente que el levantamiento popular vivido a partir del pasado 18 de octubre no sólo  dejó una agenda de ideas fuerzas a impulsar, sino también la voluntad de dar los pasos necesarios para su realización. Entre otros factores, habrá que vencer toda la campaña mediática de tergiversaciones, simulaciones y falsedades a través de los cuales la derecha buscará una vez más desnaturalizar la voluntad popular.

Es así como frente a la dupla Lavín-Longueira con su engañoso apruebo, se yerguen los medios de comunicación populares, para informar, educar y orientar al pueblo en su esfuerzo por transformar la sociedad. El periódico El Siglo es tal vez el más emblemático de ellos y está cumpliendo 80 años de existencia. Sus páginas reflejan nuestra historia, porque sin duda han sido contributivas a hacer la historia y dado aquello, El Siglo como tal, es parte de la historia de Chile.