En este período de grandes decisiones es necesario apoyar y apurar los procesos de conformación y desarrollo de las organizaciones, colectivos y movimientos sociales, en la base.

 Hugo Gutiérrez Gálvez

Diputado de la República de Chile

Iquique. 27/08/2020. El pueblo de Chile ha acumulado en el tiempo una gran sabiduría; alimentada por la memoria histórica, porta los saberes ancestrales y tradicionales, acuñados en la épica resistencia del pueblo mapuche, la lucha por la independencia y los aprendizajes de lucha del movimiento obrero. Ello da consistencia y certezas políticas que le permite discernir, proponer y estar en condiciones de aportar respecto al país que necesitamos y demandamos para la justicia social. No son las elites las que pueden proveer igualdad y equidad, los grandes desafíos de Chile en el tiempo presente; este horizonte sólo es posible construir con la participación efectiva del pueblo y los movimientos sociales y políticos que lo conforman. En consecuencia, es nuestra convicción que el pueblo tiene el derecho de proponer y participar en la construcción del proceso constituyente. No aceptamos la interdicción que la derecha y las elites imponen al pueblo, cuando se trata de decidir en temas relevantes para el país.

La inmensa mayoría del país levanta el reclamo de un nuevo sistema político, que sobre todo los involucre. Ello no es un reclamo reciente, lleva larvándose hace varios años, desde que se fue la dictadura. El relato es largo si se quiere hacer un inventario de las acciones de las comunidades y movimientos sociales que están exigiendo otro modo de convivir, de tomar decisiones, para pensar y construir el país: el movimiento de los Derechos Humanos, el movimiento estudiantil del 2006 y del 2011, la movilización de las comunidades de Magallanes, de Aysén, de Freirina, las largas jornadas de protesta y paro de trabajadores del cobre, de la salud, de la educación, la persistente movilización del pueblo Mapuche.

En ese proceso el pueblo movilizado ha desplegado enormes capacidades de organización y creatividad: las asambleas territoriales, los comités, las ollas comunes, las mesas sociales, todas formas de organización que han permitido la participación y articulación social desde la base, comunas y territorios, sindicatos y federaciones. Y también ha levantado e instalado significativas y legitimas banderas y reivindicaciones:  verdad y justicia en las violaciones de los derechos humanos, el derecho a la educación, a la salud, al trabajo digno, el respeto a las minorías sexuales, a la igualdad de género, el reconocimiento al pueblo nación Mapuche, a sus derechos sociales y políticos, el derecho a un  medio ambiente limpio, el reclamo de una nueva economía sustentable que no deprede los recursos naturales, el derecho a disfrutar de los espacios y bienes públicos, el respeto y resguardo a todo lo vivo, la soberanía e independencia nacional en todo los planos; todas, banderas que representan los cambios y aspiraciones de nuestra sociedad en el tiempo presente. El gran capital y la oligarquía intentan desconocerlas, las ignora, invisibiliza y desprecia, en cambio, nosotros valoramos y reconocemos estas capacidades y banderas como el contenido principal para la construcción de la nueva Constitución.

Es el momento de hacer visible lo posible y deseable luego de aprobar un cambio constitucional. Es necesario decir qué pretendemos como Constitución y modelo político para Chile. No basta demandar una Constitución más democrática es necesario declarar lo que queremos dejar atrás y anotar lo nuevo. El país requiere otra institucionalidad que asuma y se haga cargo de esta nueva realidad. Las constituciones, como evidencian los procesos políticos en todos los países, no son estáticas, surgen como respuestas a un cambio profundo de las sociedades y comunidades, que intentan abandonar lo viejo y en el caso chileno además lo ilegitimo. Existe un proyecto en marcha, es necesario empujar con más decisión la democratización de nuestro país y concluir la transición a la democracia. Ese proyecto se acerca a un poder descentralizado y compartido, a un equilibrio de poderes, horizontalmente entre los poderes del Estado y verticalmente entre las instituciones y la base de la sociedad; una Constitución y un estado de derecho que reconozca la condición de los pueblos originarios y asuma sus demandas, que provea de mayor capacidad de decisión las regiones y las comunas. Es un régimen semipresidencial y/o parlamentario, que termine con el presidencialismo autoritario, que avancemos a un sistema simple más cerca de los electores y la base social como el sistema unicameral, que implique de manera efectiva mayor control social que refleje el empoderamiento de la ciudadanía, que no solo se elija los representantes sino además que los pueda revocar.

En este período de grandes decisiones es necesario apoyar y apurar los procesos de conformación y desarrollo de las organizaciones, colectivos y movimientos sociales, en la base, en las comunas, en las regiones, en los sindicatos, en las federaciones de estudiantes y trabajadores, en las agrupaciones y gremios de comerciantes y profesionales y pequeños y medianos empresarios, que conforman el pueblo movilizado y la amplia mayoría de chilenas y chilenos. Ello es lo que hace posible y estimula los procesos de descentralización, de distribuir poder y la democracia en la sociedad, es lo que permite decisiones en el orden de la nueva economía compartida y justa para todos; viga central para sustentar la construcción de la nueva institucionalidad. La gobernabilidad depende de los grados de organización y participación de las fuerzas vivas de la sociedad; a mayor prescindencia menos gobernabilidad, a mayor participación mayor estabilidad; es un hecho cierto que la democracia profunda es la que otorga posibilidad al desarrollo para todos y todas.

El pueblo movilizado se tomó la alameda y la Plaza de la Dignidad, en Santiago y en diversas ciudades también en sus plazas y calles principales; y tal como sentenciara el compañero Salvador Allende ha dado marcha a otro proceso, abriendo un tiempo de mayores expectativas y esperanza camino a una sociedad más justa:

“Sigan sabiendo ustedes que mucho más temprano que tarde de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.”

Nuevas y viejas generaciones, hombres y mujeres de nuevo tipo, con igual dignidad y convicción; aquellos que han dejado atrás acuerdos espurios hechos a espaldas de los que luchan y aportan el mayor esfuerzo y sacrificio; aquellos que, empoderados de ciudadanía y democracia, claman merecidamente otro Chile, otro orden social.