Sonidista de conciertos Amnistia Internacional y destacado profesor.

Carlos Salazar. Periodista. 26/08/2020. A los 61 años falleció el sonidista Gerardo López, célebre profesional y docente encargado de la ingeniería de amplificación en eventos históricos del Estadio Nacional como Amnistía Internacional, los homenajes al Che Guevara o Salvador Allende y de discos señeros de artistas y bandas como Illapu, Schwenke & Nilo, Joe Vasconcelos o Sexual Democracia. Víctima de un derrame cerebral, el profesional comprometido con una visión política irreductible, se formó en la Universidad Austral, cuando los primeros profesores de esta carrera eran matemáticos y científicos alemanes que abrieron el camino a nuevos técnicos del sonido provenientes de regiones.

López se desempeñó como sonidista en Canal 13, en el Festival de Viña del Mar e hizo una carrera internacional extensa en Brasil y con músicos como Tito Puente o Willy Colón. En Chile, sus convicciones políticas lo pusieron detrás de la mesa de los eventos más importantes y masivos realizados en el Estadio Nacional, con la llegada de la democracia.
En tal sentido, fue uno de los fundadores de la Escuela de Producción Musical de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano donde destacaba por su estrecho contacto con sus cursos a los que siempre sorprendió su extraordinario oído musical, recuerdan sus colegas y estudiantes que destacan que López podía detectar problemas de fase, ritmo o de mezclas con solo escuchar o advertir desafinaciones y acordes a la perfección en composiciones sin mirar las partituras.

El jefe de la carrera de Interpretación Musical de esta universidad cree que el trabajo de Gerardo López tributó no solo en la enseñanza, sino también en industria donde costaba encontrar profesionales provenientes de provincia. Destaca además un inspirador trabajo para acercar a las personas a la belleza de la música acústica: “Él estudió guitarra muchos años y no tenía un gusto particularmente basado en lo eléctrico, tanto en su trabajo y desempeño como en su forma de ser. El profesor López era el equivalente a alguien que sabe mucho de pintura y que vibra explicándote un cuadro con todos sus detalles. Ese fue el gran aprendizaje que nos queda a todos quienes actuamos con él. Es una huella que trasciende lo más técnico y el valor del objeto artístico o lo que puede ser considerado una cosa estética, es el amor a la profesión misma”, cree.