La escuela como centro de transmisión epidemiológica

Redes

Debemos repensar una estructura escolar abierta, ecológica, que sirva para reducir contagios maximizado por una urbanidad que actúa como una correa de transmisión viral.

 Raúl Roblero Barrios

Profesor de Historia y Ciencias Sociales

Santiago. 23/08/2020. Los estragos pandémicos no son nuevos, la agudización del desarrollo del capitalismo trae en sí, coincidiendo con el advenimiento de un nuevo siglo, una serie de cadenas epidémicas que causan, causaron y causarán brutales impactos a la civilización, siendo el presente virus la quinta parte (Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS 2002), Gripe Aviar 2005, Gripe Porcina 2009, Síndrome Respiratorio por Coronavirus de Oriente Medio (MERS-COV 2012)) de cadenas epidemiológicas nacidas en el seno de las contradicciones del desarrollo del capitalismo; la destrucción inherente de sus fuentes de riqueza: naturaleza y seres humanos, expresó Marx. La cuestión aquí es que ello es síntoma de algo mayor, es expresión de una estructura, es parte constituyente del transcurrir terrestre. ¿No está nuestro cuerpo lleno de bacterias que solo son dañinas cuando hay desequilibrios, cuándo hay cambios en nuestra flora intestinal, cuándo el ecosistema interno, cuando el funcionamiento autipoiético del cuerpo humano que las alberga se halla inestable?

El aprendizaje experiencial, sistematizado, comprobado, depurado y potenciado por la ciencia (que siempre es método y nunca objeto determinado, y que nunca desecha el saber popular, tradicional o “alternativo” de por sí), nos dice que esos estragos seguirán sucediendo, y quizás más profundamente, si seguimos atacando solamente los síntomas, frenando las cadenas de contagio, encontrando vacunas, actuando, en definitiva, de manera reactiva; las verdaderas medidas de prevención requieren de una cirugía mayor. Uno de los tantos desafíos que afronta la humanidad, entonces, es superar el desequilibrio ecológico propio del capitalismo, lo que supondría implícitamente su superación, frenar la degradación del ecosistema y aliarnos para, primero, comprender lo simbiótico de nuestra relación con él y, luego, encontrar una coexistencia que permita que realmente la vida esté en primera línea.

Un edificio completamente cerrado en sí mismo, con salas atiborradas donde el hacinamiento es ley, cargadas de estrés, de sedentarismo, de somnolencia, de irritación por no poder jugar, por no poder correr, por no poder tener la ventilación adecuada, por no poder botar la alta carga energética propia de la niñez y de la juventud, por estar anclados a una silla, por pasar diez horas encerrados, por el estrés cognitivo, por la fatiga mental y física, por no poder estar con los amigos, por no existir una recreación adecuada y por tantos otros malestares ¿puede realmente servir para frenar o prevenir la transmisión de patógenos que tengan consecuencias tan catastróficas? Si la escuela, como toda la estructura urbana contemporánea que cada vez más se mira el ombligo, buscando permanente la separación de los civilizados con los bárbaros de allí fuera, pasa a ser, lamentablemente, agente principal en el debilitamiento del sistema inmunológico ¿cómo esperar síntomas sanitarios contrarios a los que estamos presenciando este año? La crisis de la escuela contemporánea de masas de la era industrial no es solamente cognitiva ni procedimental, sino que también es de carácter estético, arquitectónico y urbanístico. La infraestructura urbana y, en particular, la de la escuela constituye un mayor riesgo epidemiológico de por sí, es por eso que debemos repensar una estructura escolar abierta, ecológica (contraria a la mera jardinería), alejada del capitalismo verde, que realmente sirva para reducir el número de contagios maximizado por una urbanidad contemporánea que actúa, por su mera constitución, como una perfecta correa de transmisión viral. Un modelo urbano que se construya verdaderamente en armonía con lo que hemos de llamar “naturaleza”, que permita un desarrollo biológico humano más sano y en que lo “natural” no sea igual a negatividad, bestialidad o mortalidad. Pero, antes de eso, también habrá que reformular un antropocentrismo agudizado por el liberalismo y maximizado por el neoliberalismo (como corrientes de pensamiento) que nos ubica en un lugar superior y que niega nuestra mera especificad como especie del mundo animal.

La escuela como un espacio de transformación, de democratización, de apertura, de construcción colectiva en donde quienes habitan el territorio donde ella se ubica sean parte de la comunidad escolar y, por ende, de la toma de decisiones. La escuela como un verdadero espacio de aprendizaje y no, mayormente, un falso centro de resguardo de los riesgos inherentes a la vida misma. La escuela como centro permanente de pregunta por lo humano y no como un mero engranaje servil al modelo productivo el cual reproduce y proyecta en su seno. La crisis de la escuela no es solo una crisis del proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que es integral: de su deber y de su ser.

Deja una respuesta

agosto 2020
L M X J V S D
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31