No es tiempo, menos en un tiempo sin tiempo, de ambigüedades e indolencias, no es tiempo de  letargo político.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

23/08/2020. La política en períodos de crisis generalmente estructura liderazgos sólidos y significativos. En este tiempo de incertidumbre social y sanitaria ya se avizora una aplastante derrota para el actual sector oficialista. El buen criterio indica que la verdadera izquierda deberá organizar un cuadro alternativo de proposiciones e iniciativas válidas que estimulen una gran participación popular en las futuras contiendas electorales. Prácticamente la derecha no tiene absolutamente ninguna posibilidad de éxito. Entonces, todos los partidos progresistas tendrán que evitar inútiles tautologías políticas y lograr un férreo acuerdo programático, pues es el pueblo, en primera y última instancia, el único decidor en nuestro sistema democrático. La prioridad máxima será solucionar las políticas sociales y las reales necesidades de la clase trabajadora, siendo la única misión obrar con criterio unitario para conducir a Chile hacia un desarrollo equitativo -cultural de plena sostenibilidad y realización humanista. Actuar en base a criterios políticos obsoletos sería una carencia de perspectiva histórica. Claro que el Partido Comunista tiene todo el derecho moral y la consecuente experiencia democrática para cumplir un rol fundamental en un futuro gobierno popular. Como la política es la ciencia del diálogo se deberán hacer cosas, construir paradigmas éticos y consolidar ideas trascendentes, teniendo como inmediata aspiración, de manera pro activa y sensata, fortalecer el necesario pragmatismo y lucidez para reiniciar un gobierno absolutamente democrático que sólo salvaguarde los intereses del pueblo. El actual conglomerado oficialista colapsó, pues basó su actuar político en ríspidos sofismas, quedando sumergido en el légamo de la inoperancia moral, económica y social. El Partido Comunista, portador de ideales superiores siempre ha sido un ejemplo de calidad política, capacidad democrática y respetuoso de proyectos auto determinantes. Sin duda, se presentarán muchísimos problemas que tendrán que solucionarse con creatividad política y a la brevedad, entre ellos, la definición histórica de los pueblos originarios, aquellos pueblos profundos que anhelan grandes y urgentes transformaciones territoriales y culturales. El pueblo pobre, condenado, avasallado y humillado, ya comprendió que no puede ser nuevamente gobernado por una caterva derechista carente de criterio, retrógrada y anfibológica, cuyo único fin es lo crematístico. El nuevo gobierno popular tendrá, además, la tarea de fundar idoneidad para guiar un proceso de liberación cultural, un proceso de clarísima consecuencia política basado en una auténtica institucionalidad, asegurada en una nueva Constitución, más humana y ecológica, respetando con fraternidad y sabiduría el cumplimiento cabal de un programa unitario que garantice la legitimidad de los derechos de la clase trabajadora. Sólo es continuar otro gobierno popular, prístino y esencial. No es tiempo, menos en un tiempo sin tiempo, de ambigüedades e indolencias, no es tiempo de  letargo político. Sólo es tiempo de enfrentar con auténticos ideales e inteligencia política a una fuerza conservadora y poderosa, básicamente antidemocrática, que carece de eticidad.

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